Un poeta multifacético, un artista popular, un milagro. Por Fernando Pino Solanas

Columna de opinión.
11 de Noviembre de 2017

Leonardo Favio dejó un testimonio cultural y cinematográfico que es y seguirá siendo realmente único. Por eso se puede decir que su partida fue una gran pérdida no sólo para el cine, sino para toda la cultura nacional.

Fue muchas cosas Leonardo. Fue un gran poeta del cine, fue el gran cantor latinoamericano que llegó a tocar el corazón de multitudes. Fue una figura múltiple con la conjunción precisa entre sensibilidad popular y mirada culta en el cine. Fue un artista popular como ningún otro.

Teníamos una relación muy fluida, cruzada por el oficio de cineasta y nuestro compromiso político. Como director, era dueño de un realismo poético muy intenso que nos regaló un cine lleno de enorme fantasía. Películas como Crónica de un niño solo (1965), El dependiente (1969), Juan Moreira (1973) o Gatica, el Mono (1993) son parte de una obra descomunal, verdaderas obras maestras de la cinematografía nacional.

Cuando nace un poeta así, tan multifacético como era él, es la conjunción de un milagro. Y cuando se va, una pérdida irremontable que difícilmente olvidemos. Hace cinco año se fue un grande. «

*Fernando Pino Solanas dirigió películas fundamentales del cine argentino, entre ellas el extraordinario documental La hora de los hornos (1968, codirigida por Octavio Gettino, con quien fundó y lideró el grupo Cine Liberación), y fue ganador de importantes premios en los más prestigiosos festivales de cine, incluyendo los de Cannes, Berlín y Venecia.

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