Una lluvia de dólares en busca de un Mundial y de un futuro Messi chino

Con una Superliga que intenta atraer estrellas a fuerza de grandes contratos, como ocurrió en los últimos días con Tevez, China quiere popularizar el fútbol entre su territorio, donde mandan, entre otros, el bádminton y el ping pong.

–Queremos que dentro de 20 años haya un Messi o un Maradona chino. Para eso necesitamos su ayuda.

–Para eso les va a faltar bastante, pero podemos ayudarlos.

El diálogo se podría haber dado en cualquier vereda futbolera del país, entre un argentino y alguno de los más de 120 mil chinos que viven en la Argentina. Pero no. Los que charlan en la casa de los Huéspedes de Hangzhou, China, durante la cumbre del G-20 son Xi Jinping, el presidente chino, y Mauricio Macri. El mandatario argentino, en su primer año de gobierno, utilizó el fútbol como excusa para generar lazos con sus pares de Colombia, Paraguay y Rusia, y hasta en su tensa relación con el Papa. Con Xi Jinping se cruzó a otro fanático que tiene tres sueños: que el fútbol se vuelva un deporte popular en el país más poblado del mundo, que China organice un Mundial y, por último, que algún día lo gane.

Así se explica que Carlos Tevez pase a ser el futbolista mejor pago del mundo por jugar en una liga que casi nadie mira. "Me pareció bien lo que hizo Carlitos. Ocho meses pasan pronto. Y su presencia puede mejorar la relación entre Argentina y China", dijo Macri, luego de participar del casamiento del delantero. Una de las muchas aristas que tiene el plan chino para volver masivo el fútbol es el de inyectar millones en su Superliga y así contratar a las estrellas, para atraer a la gente a sus estadios.

La Superliga de China se juega desde 2004, con 16 equipos. Para este 2017, casi el 60% de los extranjeros que jueguen allí serán latinoamericanos: 24 brasileños, seis colombianos, tres argentinos, un chileno, un uruguayo y un boliviano. Por equipo sólo hay cupo para cuatro extracomunitarios y un extranjero asiático. Y hay otra restricción: el arquero sí o sí debe ser chino. Detrás de cada club hay una empresa millonaria que promueve las inversiones. En las últimas seis ediciones, la Superliga tuvo el mismo campeón: el Guangzhou Evergrande, con Luiz Felipe Scolari como entrenador y Paulinho y Jackson Martínez como figuras. El 60% del club es del Evergrande Group, abocado a la venta inmobiliaria de lujo, y el 40% de Alibaba Group, dedicado al comercio a través de Internet. Evergrande es la mayor empresa de construcción del país y su dueño está entre los cinco hombres más ricos de China.

El Shanghái Greenland Shenhua, donde jugará Tevez, tiene detrás al Greenland Holdings, una empresa de bienes raíces estatal que maneja el 28,5% del club desde 2014. Es el mayor accionista. Financió rascacielos en Los Ángeles, Londres, Sydney, Nueva York y Toronto, entre otras ciudades. Más allá de los millones, los partidos suelen volverse aburridos. Y son los extranjeros los que terminan marcando la diferencia. "Es muy distinto. Ellos no juegan al fútbol desde chicos. Es otro el ritmo. Había días que volvía a casa riéndome porque parecía que el entrenamiento había sido una cosa de casados contra solteros", cuenta Luis Salmerón, delantero de Ferro, que en 2011 jugó una temporada en el club que ahora contrató a Tevez. Por eso llama la atención que futbolistas en plenitud, que juegan en los clubes y las selecciones más competitivas, cambien dinero por profesionalismo. "No tengo ni idea por qué alguien toma este tipo de decisiones. Para mí no es una opción, teniendo en cuenta que la china es una liga en la que no interesa el aspecto competitivo. Es absurdo irse allí con 25 años", dijo la semana pasada el alemán Jürgen Klopp, entrenador del Liverpool.

Por su propia cultura e historia, los chinos no tienen la preparación anatómica en un deporte como el fútbol. El ping pong, el badmintón, el ajedrez y el atletismo son los deportes principales, los que cada niño crece practicándolos. Tiene que ver con su tradición, con la alimentación y también con otras políticas estatales como la del hijo único. Por eso, desde el año pasado el fútbol se volvió una asignatura obligatoria en las escuelas primarias. Es un camino a largo plazo que verá su resultado en las próximas generaciones.

Flavio Roca es el subcoordinador general de juveniles de San Lorenzo. En 2015 viajó a Beijing como parte de un acuerdo entre el Ministerio de Educación de la capital china y el del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Durante dos meses buscó que los chicos de entre seis y diez años se familiaricen con la pelota de fútbol. Roca cuenta que los nenes no estaban acostumbrados a correr y al mismo tiempo llevar una pelota con el pie. Y que tampoco tenían un registro básico del deporte: cuando armaba dos equipos para que jugaran un picado, se la pasaban entre ellos.

Esa es la apuesta para la que no alcanzan los millones de euros: que el fútbol se vuelva algo natural. La planificación es que para 2030 haya una cancha por cada diez mil habitantes, en un país donde viven casi 1400 millones de personas. Las inversiones, de todos modos, también saltan la muralla y llegan a Europa y Sudamérica. El Manchester City, el Inter de Milán y el Atlético de Madrid, tres ejemplos de grandes del fútbol mundial, están bajo el dominio de inversores chinos. Pero no sólo posan los ojos en los gigantes. Según contó el periodista Diego Torres en el diario El País, en la liga española se inyectaron más de 400 millones de euros desde 2015. Pero también invierten en clubes de la Segunda B, que suelen ser deficitarios. Así, se ha llegado a situaciones insólitas en España. El último 6 de noviembre, en el estadio Nueva Condomina de Murcia, se jugó el "derby de Shanghái". Lo curioso fue que lo disputaron el Jumilla y el Lorca. El partido fue muy publicitado pero no generó expectativas en Murcia ni en Asia: se televisó en China, aunque sólo lo vieron 300 mil habitantes.

Los chinos buscan esos clubes pequeños de España para que reciban grupos de niños chinos que pagan entre cinco y diez mil euros para poder entrenarse con sus canteras. Más allá de la anécdota, entre Macri y Xi Jinping también arreglaron que Argentina ayudará en la formación de los futbolistas chinos. En ese encuentro en el G-20, se acordó que en los próximos meses viajarán a Buenos Aires entrenadores y jugadores de la selección china para capacitarse en Boca y en River. Así es como crece el árbol del fútbol en China: se lo riega con los millones que atraen a la estrellas y se lo planta con semillas que llevan la mayor información posible.

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