Una mujer llamada Margaret Atwood

La escritora canadiense viajará a la Argentina y el 11 de diciembre dialogará cara a cara con el director de la Biblioteca Nacional. Señas particulares de una autora que a los 78 años sigue creando y dando batalla a favor de las mujeres y el equilibrio ecológico del planeta.
29 de Noviembre de 2017

La noticia causó conmoción entre sus muchos lectores argentinos: Margaret Atwood, la escritora que figura como candidata eterna al Premio Nobel, visitará el país y el 11 de diciembre a las 19 dialogará con el director de la Biblioteca Nacional Alberto Manguel en esa institución. Según informa la Biblioteca, a las 18 se habilitará el acceso por el ascensor de la explanada y el público podrá ingresar de forma libre y gratuita hasta colmar la capacidad de la sala. Además, la entrevista se transmitirá ensimultáneo en www.bn.gov.ar y en la Sala Augusto Raúl Cortazar. 

 Atwood es una novelista, poeta y crítica literaria canadiense que milita en la causa de la ecología. Todos estos datos son ciertos, pero no alcanzan para definirla. A los 78 años (nació en Otawa en 1939) la adaptación de su ficción a series televisivas la ha vuelto a poner en el podio que ya se había ganado hace tiempo, sin necesidad de serie televisiva alguna, pero las formas de legitimación de un escritor han cambiado y las series televisivas, de las que se dice que son en realidad las novelas de hoy, tienen mayor poder de difusión y consagración que las instituciones académicas y, curiosamente, que los libros mismos de los autores que se adaptan a ese formato. 

Pese a los rulos encanecidos que le dan el aspecto de una dulce abuelita o una suerte de Shirley Temple entrada en años, Atwood no tiene nada de inofensiva y no responde en absoluto al estereotipo que en las sociedades occidentales se tiene de los viejos, más aún si son mujeres. Es decir, piensa al mundo con una lucidez implacable y tiene una imagen nada edulcorada de lo que será el futuro, o mejor, de lo que ya es el futuro que se imaginaba hace unos años: ni autos voladores ni felicidad para repartir en partes iguales, sino totalitarismo y opresión para la mujer porque el futuro, ya sea el más próximo o el más distante, no es sino una reformulación del presente. 

Es así que la dulce viejecita que ama las plantas y los animales, defiende el equilibrio del planeta y es reivindicada por el feminismo escribió en 1984 un texto profético, El cuento de la criada (editado en español por Salamandra a mitad de este año), del que podría decirse que es un clásico en el sentido en que lo entiende Ítalo Calvino: un texto que siempre tiene algo nuevo para decirnos y que admite diversas lecturas según las épocas. El cuento de la criada parece haberse anticipado a la era Trump, por lo que cobró una inusitada vigencia, se reeditó en todo el mundo y se convirtió en la exitosa serie televisiva que produjo y protagonizó Elisabeth Moss, la actriz estadounidense que saltó a la fama por su papel de Peggy Olson en la serie Mad Men

En el prólogo Atwood, la señora mayor con los rulos a lo Shirley Temple, dispara con munición gruesa. Igual que lo hizo Premio Levi al afirmar que cuando testimoniaba acerca de Auschwitz y le preguntaban cómo pudo pasar, él contestaba que lo que resultaba sorprendente era que no sucediera más seguido, dado que la racionalidad humana es más un supuesto que una verdad, Atwood también apuntó contra el mito de la racionalidad humana en el prólogo de la nueva edición: “Como nací en 1939 y mi conciencia se formó durante la Segunda Guerra Mundial, sabía que el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana. Los cambios pueden ser rápidos como el rayo. No se podía confiar en la frase: ´Esto aquí no puede pasar´. En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar.”

Más adelante, lo que dice de las mujeres explicando de qué forma entiende el feminismo, en la Argentina, donde aún no se conoce la identidad de la mayoría de los bebés apropiados durante la dictadura, resuena de una manera especial: “¿Por qué (las mujeres) son interesantes e importantes? Porque en la vida real las mujeres son interesantes e importantes. No son un subproducto de la naturaleza, no representan un papel secundario en el destino de la humanidad, y eso lo han sabido todas las sociedades. Sin mujeres capaces de dar a luz, la población humana se extinguiría. Por eso las violaciones masivas y el asesinato de mujeres, chicas y niñas ha sido una característica común de las guerras genocidas, o de cualquier acción destinada a someter y explotar a una población. Mata a sus hijos y pon en su lugar a los tuyos, como hacen los gatos; obliga a las mujeres a tener hijos que luego no pueden permitirse criar, o hijos que luego les robarás para tus intereses personales; niños robados, un motivo cuyo uso generalizado se remonta a tiempos lejanos. El control de las mujeres y sus descendientes ha sido la piedra de toque de todo régimen represivo de este planeta.” 

Es cierto que, como dice Atwood, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar. Ella misma asegura que era impensable que Estados Unidos se convirtiera en el país que es hoy a partir del triunfo de Donald Trump. En una reciente entrevista concedida al diario El País de España, afirmó: “Generalmente, cuando un segmento de la sociedad consigue ciertos derechos, otro quiere privarlo de ellos. Ahora eso  mismo ocurre en Estados Unidos, en el ámbito de los derechos de la gente que no es blanca. No hablo solo de los negros, también los mexicanos y quienes no son percibidos como parte de la cultura predominante pierden derechos. Si no pueden quitarles el derecho a votar, como han intentado ya, los privarán de otra manera. Dictaminarán que quien haya tenido una condena penal no puede votar y arrestarán a la gente para evitar que voten. Eso se llama Estado policial. Cuando los policías se convierten en jueces y ejecutores, uno vive en un Estado policial.” 

El 11 de diciembre, los lectores de Atwood tendrán la oportunidad de verla en Argentina, aunque seguramente el auditorio de la Biblioteca Nacional quedará chico porque sus admiradores son muchos. Por suerte, sus libros siempre están a mano y pueden leerse en español. En ellos también está ella “en persona” transformando en literatura su visión del mundo. Algunos de sus títulos son: El cuento de la criada (Salamandra), Alias Grace (Salamandra y Ediciones B), Por último, el corazón (Salamandra), Nada se acaba (Lumen), Un día es un día (Lumen), Chicas bailarinas (Lumen), Resurgir (Alianza Editorial), La maldición de Eva (Lumen), Por principio (Mondadori). Seguramente, su visita hará que sus títulos sean más fáciles de conseguir en librerías.

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