Uruguay planea copiar a Chile y EE UU en el desguace universitario

Uno de los proyectos del flamante presidente oriental, Lacalle Pou, es borrar el sistema de becas para estudiantes de las facultades, a pesar de las consecuencias reflejadas en otros países que lo implementaron. El neoliberalismo y las políticas de educación para pocos.
8 de Marzo de 2020

Mientras en Washington, el vientre en el que se gesta el nuevo cataclismo, el aspirante presidencial del Partido Demócrata, Bernie Sanders, desnuda su ingenuidad sugiriendo que los bancos perdonen la deuda de 1,6 millones de millones de dólares de los universitarios con el sistema financiero, y en Chile la represión suma heridos y presos entre los estudiantes que piden el fin de la política de usura bancaria, unos 8600 kilómetros al sur de la “capital del mundo”, en Montevideo, ajeno o cómplice de esa realidad, el flamante presidente uruguayo Luis Lacalle Pou juega al niño inocente y analiza la idea de hacer un negocio de las becas estudiantiles y meter en él a los bancos y sus garras.

“Aunque me gusta que estés allí, y provoques, si eres ingenuo cuídate al hacer política, porque uno cualquiera de tus yerros puede herir a toda la sociedad y darles pretextos a los corruptos”, le diría Hugo Chávez al cuasi infantil Sanders, como alguna vez se lo dijo a Manuel Zelaya (poco después, en junio de 2009, el propio presidente hondureño fue derrocado por las fuerzas armadas de su país).

Otro sería el juicio del venezolano, y el de cualquier americano, ante la infamia planificada en Uruguay por el joven nuevo presidente escolarizado en The British Schools y egresado como abogado de la Universidad Católica, porque es criminal mandar al degolladero a ésta y a las generaciones que vendrán.

Después de la experiencia de Chile, que a su vez fuera calcada de la implementada en los Estados Unidos, Lacalle Pop no podrá decir que no sabía en lo que se estaba metiendo. Mejor dicho, que no sabía en lo que estaba metiendo a miles de familias.

Después de las hipotecas, una bomba que estalló en 2008 y puso en crisis a las economías de todo el mundo, el agujero universitario es el segundo mayor factor de endeudamiento de los norteamericanos. Supera a las tarjetas de crédito. Según estadísticas oficiales, alcanza a 43 millones de personas, a un promedio de 29.200 dólares cada una. Sin embargo, los enemigos de Sanders, los amos de la prensa dominante de Estados Unidos –Michael Bloomberg, Steve Forbes y Jeff Bezos, básicamente– dicen en los principales medios que tal deuda no existe, o bien que es un invento malicioso de los que no quieren pagar, que el demócrata “compró” la mentira como si fuera una verdad.  Y el discurso prende, como aquí en Argentina.

El “bueno de Bernie”, como lo llaman despectivamente sus detractores, maneja los mejores datos para señalar que quienes más deben –en monto por persona y en número de morosos– son los egresados del área salud: dentistas, médicos, farmacéuticos. Para él, esto explica el alto costo de la salud, la más cara del mundo, “lo que resalta, además, la brecha entre el acceso de los pobres al servicio y el auge del Big Pharma”. Se conoce como Big Pharma al gigante farmacéutico mundial, en el que tienen posición dominante seis laboratorios norteamericanos (Johnson & Johnson, Pfizer, Merck, Gilead, Amgen y AbbVie) que suman una facturación anual de 1,5 billones de dólares. Entre sus utopías, Sanders también propone un revolucionario plan gratuito de Cuidados Médicos para Todos, eso en el reino del capitalismo global.

En las últimas dos semanas previas al “supermartes” de las primarias demócratas, los medios se abalanzaron sobre Sanders. El muy influyente The Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo (tiene unos 127 mil millones de dólares), tituló todos los días contra todo aquello que saliera de boca del pre candidato demócrata. Y aunque éste insistió con la idea de condonar la deuda estudiantil (rescatarla tal como fueron rescatados los especuladores de Wall Street en 2008) y aplicar su plan de Cuidados Médicos, con lo que “se volcarían al mercado un millón de millones de dólares anuales y se generarían 1,6 millones de nuevos empleos”, pesó más la prédica de los medios. La campaña dio resultado. De los 14 estados en los que se votó (más Samoa), Sanders, que venía arrasando, ganó sólo en cuatro. Perdió incluso en Massachusetts, esa especie de supermercado universitario –62 universidades entre públicas y privadas– donde están las célebres Harvard, Boston, Cambridge y el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Chile, país subdesarrollado por más que el neoliberalismo global haya tratado de vender la economía impuesta a sangre y fuego por la dictadura pinochetista (1973-1990) como modelo a emular, ni siquiera tiene estadísticas precisas. Se supone, sin embargo, que los estudiantes rehenes de los bancos rondan el millón y medio. Para recibir un título de biólogo se deben pagar 25 mil dólares; para maestro preescolar unos 24 mil;  para dentista 51 mil en una universidad pública y 62 mil en una privada. Un estudiante de Arte Dramático egresa con una deuda de 9900 dólares y un profesor de Educación Física queda enganchado con 21.200. Desde que recibe el título, un dentista debe  pagar de 257 a 335 dólares por mes durante 30 años.

En el proceso de gestión del crédito, las universidades chilenas son apenas un nexo con el sistema financiero, distribuyen a los aspirantes entre los bancos que luego harán el negocio. Les otorgan un préstamo a una tasa originariamente del 6%, que se redujo a 2% después de las protestas de 2011.

Pero no fueron los bancos, sino el fisco, con los dineros de todos los chilenos, el que se hizo cargo de ese 4%. Según la administración del sistema de préstamos, hay 874 mil “beneficiarios” del Crédito con Aval del Estado (CAE), de los cuales 397 mil están cursando en este momento. De estos, 151 mil, el 40%, son morosos y arrastran un peso que los afectará prácticamente de por vida en aspectos vitales: acceso a un teléfono, a una tarjeta de crédito o al alquiler de una vivienda (ver recuadro). «

Créditos usurarios

“El solo hecho de anotarse para pedir un crédito estudiantil, implica depender de los designios de los bancos en los futuros 30 años”, explica minuciosamente en un informe la chilena Fundación Sol.

Antes de concederlo, las financieras se encargan de averiguar vida y milagros del postulante: barrio en el que vive, escuela de procedencia, empleo y sueldo de sus padres, carrera que quiere estudiar (si se trata de una universidad pública o prefiere una privada), las perspectivas de salida laboral y la evolución de la demanda del mercado en los diez años anteriores.

Claro que no se acaba allí el tema. No pagar las cuotas “en tiempo y forma” lleva automáticamente a la incorporación del moroso en el index del DICOM, una especie del argentino Informe Veraz.

El DICOM es un servicio de una empresa norteamericana que lleva un registro de la actividad de las personas o de las empresas en el sistema financiero y comercial chileno. El servicio es operado por Equifax Chile, filial de Equifax Inc, con sede en la ciudad de Atlanta, Georgia, heredera del antiguo Directorio de Información Comercial.

“DICOM es su brazo derecho en un país en el que el 26% de sus habitantes son morosos: se trata de unas 4,5 millones de personas sobre un total de 18 millones”, dice la promoción de Equifax Chile.

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