Valijas cargadas de vida, muerte y muchas historias

La escritora y periodista italiana Daniela Palumbo se especializa en "temas difíciles". En este libro les habla a los chicos de las consecuencias del nazismo a través de cuatro historias de niños.
6 de Septiembre de 2016

“Yo he estado en él –dice la escritora y periodista italiana Daniela Palumbo en el prólogo de Las maletas de Auschwitz refiriéndose a ese campo de exterminio nazi–. Es un lugar oscuro… imagínate un lugar donde la alegría, las sonrisas, los abrazos y las bromas no hayan entrado nunca. Un lugar en el que ni siquiera el sol cuando se asoma a las grandes ventanas de las diferentes estancias, consigue hacer desaparecer la gélida oscuridad que ha quedado adherida a las paredes y a los techos. La oscuridad ha penetrado, como un polvo sutil, en cada grieta de Auschwitz. Nunca se irá de allí.”

De esta manera, la autora se dirige a los pequeños lectores, a partir de los 11 años, para contar una historia que se encuentra en las antípodas de los edulcorados relatos que con frecuencia suelen destinarse a la infancia. Con este libro publicado por la editorial Norma, con ilustraciones de Eleonora Arroyo, la autora ganó el Premio Il Batello de Vapore en Italia.

El año próximo, la misma editorial publicará en Argentina, Bajo el cielo de Buenos Aires, que narra la historia de una mujer, hija de italianos, que desaparece embarazada y con otro chico de dos años. La escritora no conocía aún la Argentina en el momento de escribir esta historia sobre la apropiación de niños, pero se documentó de manera exhaustiva para conocer los hechos de la dictadura más sangrienta de la historia del país. Estela de Carlotto escribió unas líneas para la contratapa.

De visita en la Argentina para presentar Las maletas de Auschwitz, la autora se estremeció al conocer el Casino de Oficiales de la Ex Esma, también escenario de la degradación, la tortura y la muerte.

De las personas que murieron a manos del nazismo han quedado diversos objetos. Ella, sin embargo, eligió referirse a las maletas que vio en el Pabellón 5 del campo de concentración.

–Usted visitó el campo de exterminio de Auschwitz. ¿Por qué entre todos los objetos que encontró allí eligió las maletas para su historia?

–Porque las maletas tenían nombre, apellido, dirección. No eran objetos anónimos, decían con claridad quiénes habían sido sus dueños. También porque hacerles preparar esas maletas a quienes iban a morir fue un acto de crueldad extremo de los nazis. Para preparar una maleta hay que saber el lugar de destino. ¿Qué guardar en ella si uno no sabe dónde va? El hecho, además de cruel, es absurdo. Muchos de los niños judíos que dejaron las maletas con sus nombres fueron llevados a la cámara de gas engañados con el pretexto de que iban a darse una ducha.

–Cuando se habla de “temas difíciles” en la literatura infantil, suele hablarse, sobre todo, del sexo y de la muerte. Pero Auschwitz del mismo modo que la Esma me parece que plantea algo que es más difícil aun y más desesperanzador, que es la naturaleza de la condición humana. ¿Cómo se le habla a un chico de esas oscuridades?

–Yo no hablo de lo que pasó en Auschwitz, sino de cómo las vidas de unos chicos –la de Carlo, en Italia; de Hannah y Jakob, en Alemania; de Émeline, en Francia, y de Dawid, en Polonia– cambian de forma súbita sin que ellos logren comprender bien por qué. De todas maneras, lo que la historia muestra es que ante determinadas situaciones se puede tener actitudes muy diversas: implicarse o ser indiferente. Se puede decir que sí, pero también se puede decir que no. Siempre existe la posibilidad de hacer una elección personal. Pero a través de las historias de estos chicos no quiero tampoco transmitir valores morales, decir qué es lo que está bien y lo que está mal. Creo que la literatura, ya sea para los chicos o para los grandes, no debe ocuparse de eso. Más que ofrecer certezas debe plantear dudas, formular preguntas, y preguntar es algo muy propio de los niños.

–¿A un chico se le puede hablar de todo?

–Creo que sí, que se pueden tratar con ellos todos los temas por difíciles que sean. Los temas difíciles para los chicos lo son también para los grandes. La diferencia con la literatura para los adultos no está tanto en los temas de los que se habla, sino en el lenguaje con que se lo hace. El lenguaje tiene que ser el adecuado para un niño.

–La literatura infantil ha sido tratada hasta hace poco tiempo como una producción menor. ¿Cómo está cambiando ese criterio?

–Es cierto que en el pasado se la consideró de ese modo. Incluso todavía hay quienes piensan de esa manera, pero esto ha empezado a cambiar en mi país y creo que también en otros países. Quienes nos proponemos escribir para chicos y para jóvenes con seriedad hacemos lo posible para que esto cambie.

–Usted también escribió sobre la apropiación de niños durante la última dictadura argentina. ¿Pudo conocer personalmente a Estela de Carlotto en este viaje?

–No, no pude hacerlo aunque tenía muchas ganas de conocerla. Ella escribió unas líneas para Bajo el cielo de Buenos Aires. Pero confío en que en mi próximo viaje a Argentina podré cumplir con el deseo de conocerla en persona. «

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