Vía libre para que las empresas privadas patrocinen hospitales y escuelas porteñas

La Legislatura aprobó una ley de patrocinio que permitirá a firmas hacer aportes económicos a cambio de publicidad en sedes e instalaciones públicas.
19 de Mayo de 2019

La Legislatura porteña aprobó el jueves un proyecto de ley enviado por el oficialismo para la creación de un sistema de "esponsoreo" que les permite a las empresas privadas patrocinar instalaciones como hospitales y escuelas, eventos, campañas de prevención o concientización, y hasta reparaciones (el clásico cartel: "Disculpe las molestias. Estamos trabajando para usted").

La iniciativa, impulsada por el diputado de Vamos Juntos Diego García de García Vilas, precisa que el patrocinio podrá ser "un aporte económico de carácter no tributario" realizado por "personas humanas o jurídicas de carácter privado en contraprestación a la difusión del nombre, denominación, marca, imagen, productos o servicios del patrocinador".

La forma en la que este patrocinio se llevará adelante es la siguiente: la empresa privada realiza un aporte en dinero o en bienes para, por ejemplo, una escuela. Así, la empresa pasa a ser patrocinadora de la institución y podrá difundir su imagen para hacer publicidad en las instalaciones. Colgar un cartel con el nombre de la empresa en la puerta de la institución quedaría habilitado.

Un dato clave es que el dinero que la empresa invirtió en esa escuela no queda obligatoriamente en las "arcas" de la institución, dado que no está explicitado en el proyecto y, por ende, la gestión de Horacio Rodríguez Larreta puede utilizarlo en lo que le parezca (en el caso de que la empresa patrocine con "especias", según la normativa, "la afectación sí sería especifica a ese activo").

"La primera crítica al proyecto es ideológica. Desde nuestro espacio estamos en contra de que un privado se encargue de reemplazar la presencia del Estado, ya sea administrando presupuestariamente lo que debería hacer el gobierno o decidiendo qué bien o servicio brindarle a cualquier institución a cambio de publicidad", opina el diputado por Unidad Ciudadana, Javier Andrade.

En ese sentido, el integrante de uno de los bloques que votó en contra del proyecto destaca que no se trata de una ley de "patrocinio" sino de "publicidad".

"Una empresa puede destinar dinero a un hospital y este ceder parte de su espacio para que la empresa realice publicidad sin que el hospital necesariamente se vea beneficiado. En ninguna parte del proyecto se aclara que el dinero cedido por el patrocinador se aplicará al activo que se patrocina", explica.

Uno de los puntos más criticados del proyecto es el referido en su artículo 16, que señala que "una empresa puede llegar a tener hasta el 25% de los activos patrocinables". "Esto significa –continúa Andrade– que se estaría habilitando a que una sola empresa pueda, por ejemplo, patrocinar el total de escuelas que hay en la ciudad poniendo carteles en cada una de ellas, si estas representan menos del 25% de los activos patrocinables. Está claro que eso dependerá de la autoridad de aplicación y su interés por disponer de todas las escuelas para el patrocinio".

Andrade estudió la experiencia del esponsoreo en otros países y se vale de lo descripto por Naomi Klein en su famosísimo libro No Logo: El poder de las marcas. Allí, la escritora canadiense recuerda que durante la década del '90 en los Estados Unidos se hizo evidente la falta de recursos en los colegios, producto de los constantes recortes presupuestarios, lo que obligó a las autoridades a buscar nuevas fuentes de financiación. En muchas escuelas de las zonas más pobres, el aporte económico de empresas privadas fue la única posibilidad de sobrevivir, y tanto padres como profesores debieron aceptar esta intromisión publicitaria como única forma de sustento.

Klein destaca que en 1997 la Twenty Century Fox logró que el menú en 40 escuelas primarias fuera bautizado con los nombres de los personajes de la película Anastasia. Al mismo tiempo, Disney y Kellogg's lanzaron promociones especiales para los colegios.

Antes de eso, en 1980, un acuerdo les permitió a McDonald's y Burger King abrir kioscos en los comedores de algunos colegios, y convenios similares concretaron Subway, Taco Bell y Pizza Hut. Nadie asociaría a ninguna de estas cadenas con la alimentación saludable que necesitan los chicos . «

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