Viajar con la burbuja a cuestas

Con la pandemia surgió el boom de las casas rodantes. Sus ventas aumentaron más de un 15% respecto a 2019. La tranquilidad de no tener contacto con otros todavía tiene costos altos. 
17 de enero de 2021

Quién no fantaseó alguna vez con agarrar sus petates y subirse a una casa rodante para recorrer las rutas argentinas hasta el fin. En el marco de una pandemia que complica todo, incluso la posibilidad de planificar vacaciones, muchos y muchas aprovecharon y se animaron a emprender esa travesía, pudiendo cumplir ambos objetivos: viajar y al mismo tiempo quedarse en casa. Una opción que facilita mantener la distancia social al transitar, pero de fuerte impacto al bolsillo, aunque los precios no impidieron que se convirtiera en un boom de estos tiempos de coronavirus: sus ventas crecieron más de un 15% con respecto al 2019.

Hábito clásico en Europa y Estados Unidos, la tendencia de vacacionar a bordo de una motorhome ya venía creciendo en la Argentina. Pero el contexto pandémico está consolidando el fenómeno. En grandes vehículos acondicionados como un departamento, o en pequeños dispositivos que parecen “carpas con ruedas”, estos viajeros y viajeras ya emprendieron sus travesías, especialmente por la Patagonia y la costa bonaerense.

Sobre las agencias de alquiler y venta de casas rodantes cae una lluvia de consultas inédita por estos días. Claro que no en todos los casos se concretan los viajes. Lejos de la imagen de un viaje hippie y gasolero, la vacación con la burbuja a cuestas es costosa, al menos en la Argentina. Así y todo, y ante la incertidumbre sobre cuándo habrá un horizonte sin pandemia, cada vez son más quienes se animan.

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Furor rodante

“Se ve un incremento notable en el interés. A veces la oficina parece un call center por las consultas que tenemos”, grafica Gabriel Mirón, de Motor Home Time Club, en diálogo con Tiempo. Tercera generación en una familia dedicada a fabricar casas rodantes, las ofrece tanto en venta como en alquiler. Vicisitudes del éxito en plena pandemia: por los pedidos recibidos ya tiene la capacidad de producción comprometida para todo 2021.

En el caso de Mirón –ubicados en El Pato, provincia de Buenos Aires–, la venta creció más que el alquiler. Sobre todo porque rentar casas rodantes era una práctica de las y los extranjeros, casi ausentes en este verano pandémico. “El alquiler es más difícil para el mercado local, porque mucha gente se acerca pensando que es un turismo gasolero o que se va a ahorrar el hospedaje, y no es así”, aclara Gabriel. Alquilar uno de estos dispositivos cuesta de 160 a 300 dólares por día, dependiendo el modelo y la extensión de la reserva.

Entre quienes optan por este tipo de viaje hay “grupos de amigos, familias, matrimonios mayores –describe–. El destino más buscado es la Patagonia, la zona de los lagos. Si quieren infraestructura y parrilla pueden ir a camping, pero nuestros motorhomes tienen paneles solares, son autónomos, no necesariamente tienen que parar en camping, donde hay aglomeración”.

Entre quienes consultan, agrega, “varios hablan del contexto y para muchos es la primera vez que viajan de esta manera”. El modelo Aconcagua –el más grande y con capacidad para cinco o seis personas– es el que más se está vendiendo. Mirón sostiene que la tendencia ya se notaba en los últimos cuatro o cinco años en el país, pero ante los desafíos que impone viajar con el Covid al acecho, la modalidad se instaló definitivamente: “Ante la incertidumbre sobre cuándo va a terminar esto, ven el motorhome como una salida. Mantener la burbuja y estar aislados”.

Los datos brindados por Mercado Libre a este diario confirman la tendencia: de octubre a diciembre de 2020 registraron un aumento en las ventas del 15,8% en comparación con el mismo período de 2019. Además, la categoría motorhome subió en interés de compra (cantidad de contactos) a mediados de 2020 casi un 50% respecto a julio del año anterior. En cuanto a la demanda, el crecimiento llegó al 42%.

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Sin roces

“Es como si fuera una carpa con ruedas". Así describe Javier Grassi la mini rodante con la que por primera vez vacaciona con casa a cuestas. Hay que agacharse para ingresar, y tiene un colchón de dos plazas, además de un ropero. En el interior se debe permanecer recostado; y la cocina y la heladerita se utilizan desde afuera, con la puerta abierta.

Javier “no quería saber nada” con este tipo de viaje, hasta que hace unos meses un amigo lo invitó a compartir la experiencia y le gustó tanto que decidió comprarse su propia casilla. En este verano atravesado por la pandemia, optó por estrenarla con su familia: salió de la localidad de Mercedes junto a su compañera y su hija de nueve años. ¿Destino? Colonia Marina, entre Villa Gesell y Mar de las Pampas.

“No tenemos roce con gente. Contamos con nuestro baño químico y dentro del cámping estamos lejos de otras personas. Es perfecto para este tiempo”, remarca Javier, de 42 años. “Por la pandemia, la idea es quedarnos acá. Pero ya estamos programando ir al Sur y luego la Ruta 40”.

Ariela Rojas Jaramillo tiene 53 años y también está debutando como viajera en casa rodante. Partió de Comodoro Rivadavia con su pareja. “Lo importante de viajar en casilla (una MiniRod modelo 2015) es que no tenés contacto con nadie, cocinás como si estuvieras en casa y estás al aire libre, no hay peligro de contagio, comés solo con el grupo familiar, en este caso nosotros dos solitos. Es muy recomendable viajar así”, invita. “Teníamos un poco de miedo, pero dijimos ‘si nos cuidamos y cumplimos con los protocolos tenemos que andar bien’, y ya llevamos 14 días perfectos”, agrega, aprovechando un momento con señal de internet desde Camarones, en Chubut. Antes pasó por El Hoyo, Las Plumas, Paso de Indios, Altares y Dique Ameghino, entre otros sitios. En el camino se toparon con un pueblo cerrado al turismo: Tecka. No recibe viajeros por la crecida de contagios de coronavirus.

El Ranchomóvil

Anatolio Turko es secretario del Ranchomóvil Club Argentino. Lleva 20 años viajando en casas rodantes y desde esa entidad ofrece asesoramiento a quienes recién asoman a las rutas. “Con la pandemia creció el interés de la gente para salir con este tipo de medio. Hay mucha gente nueva que vio lo que pasó en Europa y se está animando acá”, comenta. Pero aclara: “Mucha gente que quiere empezar con esto se encuentra con que los alquileres son altísimos. Otros compraron unidades y nos consultan para ver de qué se trata, qué tienen que tener en cuenta. Es muy costoso este tipo de vehículo comparando con alquilar una casita en la costa, porque hay seguros, un montón de cosas. Aunque en Argentina alquilar un auto también es caro”.

En la era prepandémica, el Ranchomóvil Club convocaba a salidas periódicas en caravana. En 2020, esos recorridos no existieron. En parte, porque muchos de los socios pertenecen a grupos de riesgo por su edad. Este verano, sin embargo, las casas rodantes dejaron de lado las salidas grupales, y se pusieron en marcha de forma individual.

“Cada casita es un pequeño mundo. Es de las cosas más asiladas para vacacionar; no entra nadie más que el grupo familiar. El acampe se hace a distancia, se deja parcela de por medio. Muchos cámpings hicieron protocolos, en algunos las duchas están suspendidas, en otros están reguladas por turnos”, detalla Anatolio. Y lamenta el fin de las rondas de mate y el asado a la tabla, costumbres de caravanas antes de que el coronavirus llegara para trastocarlo todo.  «

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Volver rápido si es necesario

Anatolio Turko es referente del Ranchomóvil Club Argentino, entidad que nuclea a "entusiastas de la vida al aire libre y el turismo alternativo", lleva como lema la frase: "El placer de llegar a ninguna parte, de detenerse donde se le antoja, de volver en cualquier momento".

Turko señala que “lo que busca la mayoría de la gente es una cercanía de su punto de sanidad”. Entre los socios, sólo un puñado se alejó algunos kilómetros más para ver a familiares con los que estuvieron distanciados durante la cuarentena. El resto parte con rumbo cercano. El objetivo: poder volver rápido y testearse o consultar al médico en la zona de residencia ante la aparición de cualquier síntoma.

“En mi caso voy a viajar la semana que viene a San Clemente, al cámping del Automóvil Club. Porque queda cerca. Y el Municipio de la Costa no tiene capacidad para tantos turistas. Ante la menor duda, nos subimos a la rodante, cerramos todo y nos vamos. Llegamos a casa (en el Gran Buenos Aires) en cuatro horas, sin parar, para ser atendidos”, indica, aludiendo a una hipótetica hoja de ruta sanitaria.

La recomendación de la Provincia de Buenos Aires, de hecho, es que quien contrae coronavirus durante sus vacaciones procure volver a su domicilio habitual para ser atendido. Siempre en caso de tener cuadros leves y contar con la posibilidad de viajar en un vehículo propio.

Pionera.
Según los registros del Instituto Nacional de Propiedad Intelectual, la primera casa rodante patentada en el país fue la Boyita, en 1968. Era de fibra de vidrio y plástico reforzado y podía ser propulsada por un motor fuera de borda: era rodante y flotante.

Motorhomes y casillas.
Los primeros son vehículos en sí, adaptados como un hogar, de diversos tamaños. Las segundas, también conocidas como caravanas o casas móviles, van enganchadas y traccionadas por un automóvil.

Qué hacer con los desechos.
Es una de las consultas frecuentes entre quienes recién se animan a las casas rodantes. En la Argentina representa un problema. Pocos cámpings tienen embudo de descarga. Se puede recurrir a algunas estaciones de servicio.

Cámpings con protocolos.
En la mayor parte de los lugares de acampe la capacidad de ocupación es del 50%, para así dejar liberadas parcelas entre las carpas. También se limita el aforo en las piscinas. En los baños implementan sistemas de turnos y desinfección después de cada uso. Y es obligatorio el uso del barbijo en los lugares comunes.

Fenómeno global.
Según la Asociación Española de la Industria y Comercio del Caravaning, en junio del 2020 la venta de casas rodantes estaba un 20% por encima que el año anterior. En Estados Unidos, los alquileres subieron un 30%.

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