Viaje al centro del universo Futsal, el fútbol bonsái que busca ser pasión de multitudes

Después del título mundial que se consiguió en Colombia, y que llevó a esa disciplina a la tapa de todos los diarios, uno de los desafíos es la federalización. Son 7500 los jugadores federados que juegan en 65 equipos de Capital y Gran Buenos Aires. Hay empresarios que avizoran el negocio y hasta polemizan con los derechos de TV.

Los de bordó atacan y atacan. Ni siquiera dejaron al arquero en el área propia. El tiempo se agota. Alguno mira hacia el costado para chequear si el árbitro ya se asomó con el silbato en la boca para dar por finalizado el partido. Nada. La defensa aguanta con uñas y dientes. Como si se estuviera jugando por la cancha. Constantino Vaporaki ve venir la pelota y no duda: la rechaza para sacarla lo más lejos posible. La pelota surca el aire del tinglado, cae, pica una, dos, tres veces y se mete por el medio del arco indefenso para asegurar la victoria.

La escena podría darse en cualquier canchita de papi fútbol del país en un día de la semana cualquiera. Pero no. Sucede en Cali, Colombia, en la final del Mundial, bajo la organización de la FIFA. Y significa el primer título de la historia para Argentina en el Futsal, la versión federada del fútbol 5. Un deporte que crece cada vez más en el país, a la sombra de algunos prejuicios que empiezan a desvanecerse en base a excelentes resultados. Una disciplina que, en cierto modo, es la versión bonsái del fútbol once.

El Futsal, se cree, es uno de los grandes deportes del futuro. Hay razones para darle entidad a ese slogan que se repite como un mantra, sobre todo luego de la conquista del Mundial, el noveno torneo FIFA obtenido por Argentina a lo largo de su historia tras los dos de la mayor (78 y 86) y los seis de la Sub 20 (1979/1995/1997/2001/2005 y 2007). La facilidad para televisarlo, la independencia del clima –se juega bajo techo-, la seriedad que pretende darle la FIFA y su cada vez más perceptible popularidad son motivos que prometen profundizar aun más el camino. La cantidad de jugadores es notable y tiene una raíz: muchos de los que intentaron dedicarse al fútbol once y no pudieron, buscan un refugio en el Futsal. Varios lo encuentran, como la mayoría de los integrantes de esta Selección.

El crecimiento del deporte es evidente: el Futsal será, en una muestra de su evolución, una de las disciplinas de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018. Pero en Argentina todavía no termina de dar el salto de calidad para instalarse, algo que sí podría desencadenar la reciente conquista del seleccionado que conduce Diego Giustozzi.

Ya hay registrados más de 7500 jugadores distribuidos en los 65 equipos de Capital Federal y el Gran Buenos Aires (18 en la A, 17 en la B y 30 en la C) que participan en los torneos de AFA, desde la Primera hasta la Octava, la categoría más pequeña. La cifra se dispara cuando se contemplan los equipos que por falta de dinero no pueden participar o, también, aquellos que compiten en la Confederación Argentina de Fútbol de Salón (CAFS), con mucha fuerza en algunas provincias del interior. La rama femenina también aporta su cuota de jugadoras.

A nivel nacional, además del torneo, hay Copa Argentina. La estructura es similar a la que tienen los clubes de once, incluido su sistema de formación en las categorías inferiores. Los más destacados de Argentina son, entre otros, Pinocho (el más ganador), Boca, Kimberley, San Lorenzo y Barracas Central.

Es tanta la demanda de clubes que quieren sumarse que desde la AFA tuvieron que controlar lo que parecía una invasión de candidatos. Varios empresarios empezaron a ver un buen negocio en los equipos, como ocurre en el básquet y en el vóley. 

Los derechos por la televisación también son un foco de demanda. El sitio Pasión Futsal (pasionfutsal.com.ar), que vislumbró el crecimiento como pocos, vio cómo le clausuraban su canal de YouTube por diferencias con los que tienen los permisos. “La productora Match Point, del señor Claudio Frino, a través de la empresa Faro Latino, bloqueó e inhabilitó la cuenta de Pasión Futsal en YouTube, luego de querer comercializar el trabajo ajeno en virtud de su posesión de los derechos de imagen del torneo de Futsal argentino”, fue el descargo del staff.

La falta de dinero, como ocurre con los deportes que no mueven grandes masas, es toda una complicación. El futsal argentino es amateur, de modo que los mejores se van al exterior en busca de vivir de su talento. Algunos de los que se quedan en el país tienen ingresos por viáticos. Sí hay excepciones: los jugadores estrella de los grandes equipos tienen ingresos aproximados que oscilan entre los 15 mil y 20 mil pesos. Con ese tope, la remuneración baja en un equilibrio entre la calidad del jugador y la trascendencia de la institución.

Los que se van a Europa se reparten -en su mayoría- entre Italia y España. La liga italiana tiene argentinos en Primera y en las categorías de ascenso. El certamen español, con mayor presupuesto, es el sueño de muchos pero no tan accesible. Rusia paga muy bien pero no es un mercado abierto salvo para brasileños. Más abajo viene Portugal.

A la inversa de lo que suele ocurrir con el fútbol, donde los mejores provienen de distintas provincias, el semillero del Futsal se reparte entre Buenos Aires y el sur del país. “Quiero federalizar el Futsal”, decía Giustozzi, todavía con la Copa en sus manos. El plan maestro que esconde el obsesivo DT de la Selección es el de darle orden y forma en los territorios del interior. La profesionalización del Futsal radica en que se haga -de una vez por todas- masivo.

Parecido, pero distinto al papi

El Futsal tiene un reglamento particular, con algunas normas distintas a lo que suele verse en un picado casual de papi fútbol. La cancha es de 40x20 metros, con carpeta sintética o madera (no se permite césped sintético). El tiempo se divide en dos períodos de 20 minutos netos (el reloj se detiene si la pelota no está en juego). Los cambios son ilimitados y se pueden realizar con el partido en movimiento. Cada equipo puede cometer cinco infracciones por tiempo; a partir de la sexta, el rival consigue un tiro libre sin barrera, que se ejecuta desde un segundo punto del penal, situado cuatro metros detrás del tradicional.

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