Zuleika Esnal: "Yo no quiero tirar una molotov en el oído. Quiero que a vos te importe"

La actriz y dramaturga ayuda a través de Facebook a mujeres que sufren violencia. Cuenta con un registro de 4000 testimonios del país y de toda Latinoamérica desde el cual nació la obra "Piel de cordero. Estoy acá".
15 de Noviembre de 2017

Zuleika Esnal es actriz, dramaturga y facebookera contra la violencia a mujeres. Tiene un nombre raro, de origen árabe y sustrato vasco del cual se podría reponer un cuento particular, tan histórico como guerrero. Lleva adelante una página con más de 70 mil fans “que no pienso cerrar por nada del mundo, por dignidad y porque me agarraría cirrosis”. De forma directa, habla en tiempo presente. Su jerga sincera logró en un devenir insospechado que miles de personas la siguieran a través de “No me calmo nada”, desde donde comparte testimonios de mujeres que han sido violentadas, acosadas o amenazadas antes o ahora, publicados en forma de notas y que fueron replicados desde el diario El País digital, Telecinco hasta radio Radio con vos leída por la voz de la Negra Vernaci. Desde ahí, cientos, miles de mujeres de toda Latinoamérica, países de hablahispana y de cada provincia de nuestro país le escriben día a día.

“Bancatelᔠse llamó el primer relato de 2016 que disparó -como otros- que “explote” todo, en los medios, en las fiscalías y desate cientos y miles de clicks y comentarios que habrán de brindar ayuda a mujeres que no saben qué hacer cuando los hematomas duelen y los acosadores acechan, de madrugada, le escriben desde la comisaría o la guardia. Y por rasgo de patriarcado recibe también ofensas y amenazas virtuales. ¿Cómo desde un posteo puede lograr que detengan a un acosador? ¿Cómo llega a defender a mujeres con riesgo de muerte? Esnal alcanzó en menos de un año detener varones violentos generando una red enorme, ayudando a miles de mujeres, escribiendo privados hasta 150 veces por día, sin ningún tipo de ayuda económica, gubernamental ni de organizaciones.

El nombre y el lugar

En septiembre del ‘76 su padre quiso inscribirla con el nombre “Liana Zuleika” de Villa Ortúzar, que había leído “por ahí”, pero que precisamente le pertenecía a la hija de un actor. La bebé vivió un trimestre sin nombre porque la dictadura no se lo permitía hasta que Esnal padre, insistente, resistente y siempre luchador alcanzó el pedido al juez y lo logró, “con zeta y con ka”. Desde la primera edad, Zuleika Esnal fue entrenada a la lucha por la identidad, la visibilidad y la valoración de la honestidad, la ética y el esfuerzo por el trabajo familiar. Además la acompañan el amor, el sonido originario del tambor de la panza de su mamá, o los tambores de liberación, un deseo por contar y permanecer en su "territorio de gestión" de Facebook y escénico, leer sin juicio, dar cuerpo y dotada por un especial desarrollo de la percepción de las experiencias ajenas, a pesar de no haber vivido jamás una situación de abuso o violación. Zuleika antepone el afecto: “Me emociona cuando una piba me escribe por primera vez. Recurren a mí que no soy nadie, que no tengo un peso, que debo dos lucas de luz, ¿entendés? Imaginate si hubiera un Estado que las ampare. Si la policía no se les recontracagara de la risa”.

“Estoy Acᔠnombró la campaña que empezó como un devenir y que hoy es el subtítulo de la obra de teatro Piel de cordero (con dirección de Patricia Tiscornia, Patio de Actores), escrita en menos de 24 horas pero que venía procesando hacía meses, con cientos de historias de mujeres, con espectadores de todo el país, en un espacio con forma de tablero ta te ti que va cambiando los nombres y sus lugares (comparte escena junto a Cecilia Cósero y Antonia Demichelis). Con el único recurso de los cajones, los testimonios que prevé materializar como libro, aún sin sello editorial, cobran nombre y lugar por una cuidada selección entre los 4000 registros: Blanca Benitez, Alika Kinan, Rocío Juárez por nombrar algunas de las cientos de voces de mujeres que necesitan contar a "la señora de la capital" que asume: “Los relatos son fuertísimos. No queríamos apelar al golpe bajo, al morbo, y hubo cosas que tuvimos que quitar. Todo en la obra es real, palabra por palabra, excepto los textos del principio y el final”.

Las historias

-Estás trabajando en casi el último eslabón de la violencia, un momento muy difícil. ¿Cómo empezaste? 

-Soy actriz de toda la vida, pero jamás viví del teatro. En mayo del año pasado estaba trabajando en un call center, atendía clientes de Visa en inglés y en español, donde estaba prohibido utilizar un celular y, mucho menos, las redes. Leo en las noticias que 30 hombres –el monólogo en que abre la obra- agarraron a una pibita en Brasil. Yo escribí un posteo para mis amigos sobre lo que pensaba sobre eso y luego titulé “Bancatelá”. Una amiga me pidió que lo pasara a público para poder compartirlo y así lo hice. Mientras hablaba con el chileno que no sabía su número de documento para viajar, yo estaba escribiendo esto. Venía en el Sarmiento y me empiezan a caer notificaciones, miles de notificaciones en menos de una hora. A los días me llama un periodista de El País para preguntarme si yo sabía que el texto se había leído 6 millones de veces en la edición digital y en Telecinco. Después de esto, en mi bandeja de solicitud de mensajes tenía cerca de 50 mensajes de mujeres de toda Latinoamérica, contándome lo que les había pasado. La primera fue una chica de 20 años de Chile, de Concepción. La asaltó un chabón en la puerta de la casa, se la llevó toda la noche. Primero la violó con un cuchillo en la garganta y después con un fierro en la cabeza. Y para la Justicia chilena no es violación porque no se resistió.

-Pero después de este primer posteo, respondiste mensajes, sin dudarlo. 

-Yo los voy guardando porque me gusta tener un registro. A mí me salió orgánicamente el “hola, estoy acá”, como respuesta a todo. Quiero decir: “Me da vergüenza”, “estoy acá”; “ahora no puedo”, “estoy acá”; “me arrepentí, no te voy a contar nada”, “estoy acá”; “te dejo que volvió”… a mí se me helaba la sangre, “yo estoy acá”. Muchas me escriben de madrugada, me escriben desde la guardia del hospital, desde la comisaría, o por primera vez. Te lo cuento y me emociono. No es joda, una persona que lo contó a los 5 años que su papá la violó y la mamá la cagó a patadas por mentirosa y por puta, nunca más volvió a abrir la boca. Entonces, lee a otra que pudo y que habló y dice “yo también”. Nunca me salió ni saldrá decirles lo que tienen que hacer. La gente se confunde la empatía con el ponerse en el lugar del otro. Yo no me puedo poner en tu lugar, porque yo no sé qué es lo que tu papá te coja. Mi papá fue lo mejor que me pasó. Yo no sé lo que es que tu hermano te desfigure la jeta y te deje embarazada porque mis hermanos son lo mejor que me pasó y no lo tengo que saber para darte una mano. A mí nadie me levantó una mano y estoy acá.

-Lo que decís es clave porque en casos en los que ayudás a amigas y mujeres cercanas, cuando vuelven al lugar de violencia una no sabe bien qué hacer. Tu propuesta es la presencia, sin juicio, dar la certeza de que hay alguien que siempre va a estar ahí. 

-Mucha gente me pregunta, “cómo hacés, boluda, cómo hacés”. La verdad es que no es una carga, no lo llevo a pesar de. Es mucho lo que sucede atrás de cada relato. Si fuese que una persona que te cuenta cosas tremendas y vos vas y las escribís, sos una máquina de tragar mierda. Es como sentarte a mirar una violación o una fajada detrás de otra. Es inhumano y sucede un montón. A mí me consta que se cambia la vida de la gente desde la palabra, desde el poder contarlo y decirlo. Y los millones de comentarios que la gente pone detrás de cada relato, por más que las chicas no den su nombre. Leen uno por uno. Me dicen “cuando me agarra el bajón voy y leo eso”.

-¿Qué vidas cambiaste? 

-Eso es lo mínimo. Están las cosas grosas. Una piba de Misiones, Oberá, me escribe y me dice “te va a escribir mi hermana porque a mí me tiemblan las manos. Nos están caminando por el techo”. Oberá es una ciudad muy pequeña, muy humilde, muy de mierda donde para quedarse con tu terreno te usurpan la casa. Si vos denunciás, violan a tu hija, te prenden fuego la casa y, al final, se terminan quedando con tu casa, de todas maneras. Son hijos de gendarmes, niños de guita del pueblo. Las pibitas me escribían con los tipos en el techo que acaban de violar a una nena de doce años que logró escaparse y “nos va a tocar a nosotras ahora”, me dicen. Escribí ese relato, lo publicamos con nombre y apellido porque es más fácil de ayudar, por eso insisto tanto en esto. Y la piba me escribe para decirme que la ayudaron un montón, se les fueron una ONG y un abogado a la puerta de la casa. Otra piba en Chaco había sido abusada desde los cinco años por el vecino, un pedófilo, y, finalmente, a los quince la viola. Lo agarraron saltando una medianera con los pantalones bajos, agarrando a dos nenitos. La Justicia sólo dictaminó que el loco se mudara de barrio. Contamos la historia de ella, Araceli Gómez, de Barranqueras. Después de esa publicación, me contactó Cecilia Solá del colectivo Ni una Menos del Chaco y la ayudaron. A los cuatro día tenía abogado y fecha de juicio.

-¿Cómo tratás los mensajes?

-Intento tener un orden a menos que sea muy urgente. Te cuento otra, Priscilla me escribió diciendo: “me trató de asesinar dos veces esta semana”. El ex ya había estado preso por intentar asesinarla. Le bajaron la pena, salió libre y a la semana la estaba fajando de nuevo. El tipo se sacó la tobillera del monitoreo, se le apareció en el jardín de infantes de los nenes y la detienen a ella. Desapareció, no lo pudieron agarrar. Publicamos el caso, pidiendo ayuda, detallando todo y a las 24 horas me manda un audio llorando que se lo acababa de llevar un patrullero. Explotó la fiscalía.

-Las denuncias que vos hacés son por las redes sociales. 

-Yo no tengo ningún recurso, no trabajo para ninguna organización, nadie me ayuda. Rompo los huevos y me dedico a hinchar las pelotas. Una alumna que viene al taller tienen una vecina que estaba con un chabón que tenía 27 denuncias. Su vecina le tocaba el timbre sangrando cada tres días. Esta alumna se mete y la empezó a amenazar a ella: “me dicen cómo está vestido mi nene, me agarraron del cuello por la calle, me dicen que me van a matar”. Publico la historia y a la media hora mi alumna tenía el patrullero en la puerta para preguntarle si estaba bien. Le dije que íbamos a seguir hasta el final. Hoy está preso.

-¿Cómo trabajaste la dramaturgia de Piel de cordero?

-La escribí en un día, me senté un sábado a la mañana hasta el domingo al mediodía. Éramos tres actrices, una de ellas no pudo seguir porque no coordinamos horarios. Veníamos laburando hace más de un año y la reescribí ese fin de semana porque en el momento en que empecé a escribirla no tenía la cantidad de testimonios. De los 4000, deben ser unos ciento y algo de los que están publicados. Después los concatenamos, los enlazamos, buscando diferentes energías y ampliar el abanico de lo que es la violencia. El último relato hablo a través de una chica asesinada. Me escribió la amiga de Rocío Juárez, que era la que organizaba las marchas y pide que por favor no se olvide. Rocío tenía 22 años, había ido a comer un asado con amigos, no con extraños. Y no volvió nunca más. Eran dos hermanos de mucha guita, de Zárate. Primero la violó uno en el cuarto, como se resistía le pegó un tiro en la cabeza, después entró el otro y la violó. En la causa penal figura que cuando la rociaron con nafta ella “hacía ronquiditos”. Esto fue en 2013, y cuando supe de ella yo dije “esto tiene que estar” y la agregué al final porque como me dijo una de las pibas: “tiene que hablar una que ya no está”.

-Además de escribirles a las chicas “estoy acá”. ¿Vos hacés preguntas? 

-Está rebueno lo que me decís porque yo al principio pensaba eso y me dije, “voy a preguntar lo más natural posible como si yo tuviera cinco años”. Y las chicas me dicen a veces: “me sentí más cómoda que con mi psicóloga”, y yo les aclaro que no lo soy ni lo voy a ser. Una cosa tremenda que yo aprendí, perdón por la expresión, es que si alguien te mete la pija a los cuatro años no te mata. Te vas en sangre pero no te morís y eso yo lo desconocía. Pregunto de corazón y sin juzgar, y a veces aclaro que es una pregunta literal. El “por qué no te separás” puede ser malinterpretado pero lo pregunto de onda, por qué pasa, qué te pasa que no lo hacés. Hay veces que pregunto más que otra, hay veces que charlo más y hay veces que es una catarsis total. Cuando tomé conciencia de la magnitud de la movida por la información de alcances que tienen las publicaciones en formato de nota, empecé a preguntarles a las chicas,“¿querés decirle algo a la gente que te va a leer?”. ¿Sabés que dicen? “Escribí que estoy viva, que vengo de familia de mujeres muertas y que estoy viva”.

=> Para ingresar a la página No me calmo nada podés hacer click aquí.

=> Para ver Piel de cordero. Estoy acá, podés consultar Alternativa teatral.

=> Función gratuita este martes 21 de noviembre en la Universidad de Quilmes, a las 19 en el Auditorio Nicolás Casullo. Ver aquí.

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