Alrededor de 1300 profesionales de la salud y de la educación hicieron un pronunciamiento sobre el retorno presencial. Alertaron sobre el impacto emocional que tiene volver a las aulas en medio de la situación epidemiológica actual. “La propuesta tal como está siendo formulada en la Ciudad de Buenos Aires y en buena parte del país es ambigua, imprecisa y temeraria. Resulta de una visión idealizada de regreso a las escuelas que soslaya y desconoce las graves repercusiones psíquicas y emocionales que puede implicar para los niños, niñas y adolescentes”, sostiene el documento elaborado por el colectivo Familias por el Retorno Seguro a las Escuelas,  que lleva la firma de especialistas en distintas disciplinas. 

Tiempo Argentino recolectó testimonios que alertan sobre la necesidad de generar una vuelta consensuada con la comunidad educativa.

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El médico sanitarista y profesor de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Jorge Rachid, indicó que volver a las clases con la presencialidad completa sería como “dejar entrar a la sala de terapia intensiva a la gente sin barbijo, sucia y sin lavarse las manos”. “Se da en un tiempo donde estamos resolviendo el problema a través de la vacunación. Tomar decisiones en ese sentido sería como descuidar todas las medidas que se toman. Yo no digo no volver, pero digo que tengamos en cuenta la situación epidemiológica y a la comunidad educativa. Que inventemos situaciones donde de a poco vayan los chicos reencontrándose con sus maestros y pongamos las escuelas en condiciones”, afirmó. 

Además,  Rachid criticó la actitud de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña: “Este tipo de personajes demuestra el grado de infantilismo e improvisación que tiene el Gobierno. Dejan ver el grado de poca definición de lo que significa el cuidado de la vida”.

El pronunciamiento también se refiere al impacto emocional que tiene el volver a las aulas de una manera impulsiva. Habla de “el temor y la angustia que provoca representar(se) como potenciales vehiculizadores de un virus que saben dañino para sí mismos y sus seres queridos, así como el daño en los vínculos pedagógicos, por la desconfianza que se instala en las relaciones docentes alumnos-familias, lo cual obstaculiza las posibilidades de un aprendizaje significativo”. 

En ese sentido se expresó Débora Grunberg, magíster en Psicología Educacional y becaria del CONICET. “Ni la presencialidad ni la no presencialidad es garantía de nada. Lo que planteamos es que volver sin ningún tipo de reflexión y sin propuestas no implica que subjetivamente, psíquicamente y afectivamente, sea enriquecedor para los y las estudiantes. Estamos en una situación de pandemia que tiene impacto en la vida de todas y todos, de pequeños y de adultos. Tenemos que duelar que estamos ante una situación de pérdida, de sufrimiento. Todo tiene consecuencia. No hay ninguna solución que sea mágica. En este sentido, la presencialidad menos que menos porque encima se le adhiere la situación de exposición y de riesgo de la salud física”, explicó la psicóloga e investigadora.

“Queremos un retorno pero tenemos que duelar que no va a ser un retorno a la escuela conocida porque estamos atravesados por la pandemia.  Ya no somos los mismos. Indefectiblemente se va a tener que transformar. Lo que proponemos es cómo enfrentar esta situación. Creemos que tiene que ser con el atravesamiento de estas pérdidas”, agregó.

La nota también le pide al Consejo Federal de Educación que no redefina el Semáforo Epidemiológico, aprobado en 2020, y que se tenga en cuenta la experiencia de países que tuvieron que volver a cerrar las escuelas ante el aumento de casos. 

“En todo el mundo dieron clases y fue un desastre. Estamos relevando y en los países desarrollados, donde hacen testeos cada tres días, con un nivel de higiene alto y con ventilación, tuvieron que cerrar las aulas. Imagínense en un país pobre como el nuestro”, explicó la socióloga e investigadora de la UBA Clara Algranati.

Según los datos procesados por el grupo, Canadá, Francia, Inglaterra y España son algunos de los países que tuvieron que dar marcha atrás con la medida. “Abren y cierran todo el tiempo porque la presión de los negocios es igual en todas partes. En Europa los sindicatos docentes fueron derrotados antes que acá y por eso abrieron las escuelas. Está el tema de la productividad del capitalismo sumado al negocio de las escuelas privadas. El principal eje de la cuestión es que los padres tienen que volver a trabajar porque sino se para la producción. Lo más miserable de la Ciudad es el lobby que Horacio Rodríguez Larreta tiene con las privadas. Necesitan que los padres paguen las cuotas. Las familias nos cuidamos todo el año porque los gobiernos nos pidieron y ahora nos mandan al muere a todos”, sostuvo Algranati.

“El sistema de definiciones en nuestro país y en el mundo es en el marco de la pandemia. Se debe analizar y escuchar a la comunidad educativa, y tomar decisiones en conjunto que tengan como objetivo el bien común, que no es solamente educativo, también es la salud”, precisó Rachid.