Luego de la jura y el discurso ante la Asamblea Legislativa, el gobernador Axel Kicillof habló para los militantes que se reunieron frente a un escenario montado en las puertas de la Casa de Gobierno, en La Plata. Fue un discurso político dirigido a los militantes y las organizaciones que presenciaron la asunción al rayo del sol por las pantallas gigantes dispuestas sobre la calle 6. “No tenemos otra palabra para decirle a Alberto Fernández que gracias. Y que sepa que no venimos a pedir sino que venimos a ofrecer todo lo que tenemos para poner en marcha la provincia, poner de pie la Argentina”, disparó.

Al finalizar la asamblea de asunción, Kicillof cruzó caminando la Plaza San Martín, que separa los edificios de la Legislatura y de la Gobernación, junto a la vicegobernadora Verónica Magario. Fueron cien largos metros al calor del sol de las 13.30 de la tarde, en los que la comitiva –también lo acompañaba su mujer y sus hijos y los ministros de su gabinete, entre otros- interrumpió el andar para saludar a los militantes.

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“Hoy 11 de diciembre se inicia una nueva etapa en la que vamos a poden el mayor esfuerzo para que vuelva la felicidad al pueblo de Buenos Aires”, dijo Magario y anunció al gobernador. Abajo del escenario montado sobre calle 6, un centenar de militantes se amontonaron al rayo del sol. El resto se repartió bajo la sombra de los tilos.

Allí  Kicillof habló a los bonarenses y los convocó a trabajar para poner a andar a la provincia. En ese camino, recordó que el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández la noche anterior habían afirmado que venían tiempos mejores: “No es una cuestión de optimismo, es cuestión de conocer a nuestra gente: cuando las cosas van mal tenemos ahí al maravilloso pueblo de la provincia que pone el hombro, el esfuerzo”, reivindicó.

“Fueron cuatro años no solo duros desde lo económico y lo social, sino también desde la persecución a los sindicatos, los dirigentes y a las organizaciones. Y yo vengo a agradecerles y a felicitarlos porque el maravilloso pueblo de la Provincia no respondió una agresión ni ningún ataque, sino que se organizó, se manifestó pacíficamente”, dijo.

Kicillof también recordó a Néstor Kirchner. Recordó cuando dijo que venía a proponer un sueño y, linkeando la situación del país en 2003 con la actualidad de la provincia, ofreció la enseñanza que dejó el ex presidente para hacer en realidad ese sueño: “Si el gobierno trabaja con su pueblo, si acompaña a las organizaciones, a los sindicatos, a los partidos políticos, si incluye en vez de excluir, si convoca en vez de perseguir, no hay otra posibilidad, hay un solo resultado: poner la provincia en marcha y la Argentina de pie”.

El que hizo en la plaza fue un discurso breve. Cuando finalizó subieron al escenario los integrantes de su gabinete para sacarse una foto con los militantes de fondo. También lo acompañaron los intendentes Mario Secco (Ensenada), Fabián Cagliardi (Berisso), Fernando Espinoza (La Matanza).

Recién entonces Kicillof ingresó en la Gobernación, donde igual que el día que inició la transición con Vidal, fue abordado por los empleados que lo esperaron en los pasillos y también en el patio de la Casa de Gobierno para saludarlo y sacarse selfies.

Ya en la residencia oficial, Kicillof firmó los primeros papeles oficiales y almorzó junto a sus ministros, su familia y los integrantes de su mesa chica.

El almohadón de Axel y la cara de Vidal

La Asamblea Legislativa en la Cámara de Diputados comenzó con casi dos horas de demora: aunque ya había llegado la vicepresidenta Cristina Kirchner, se aguardaba la presencia del presidente Alberto Fernández. Los dos se ubicaron junto a la esposa e hijos del gobernador en el palco central, especialmente decorado con arreglos florales para la ocasión. Ambos fueron ovacionados de pie por legisladores y ministros que participaron de la jura, y cuando se retiraron -antes de que comenzara el discurso de Kicillof- fueron abordados por los empleados de la Cámara para sacarse fotos. Alberto accedió y hasta se hizo cargo de sacar él la selfie.

María Eugenia Vidal tuvo su momento incómodo durante la jura, cuando ya proclamado Kicillof como gobernador, la mayoría de los presentes en el recinto lo ovacionaron y comenzaron a entonar la marcha peronista y la cantaron hasta el final. Vidal, que aguardaba para entregarle la banda y el bastón, transitó el momento con cara de evidente incomodidad, esperando que todo terminara lo más rápido posible. A su lado, el vicegobernador Daniel Salvador también se mantuvo inmóvil pero sin gesticular.

Los ministros vidalistas también participaron de la jura, llegaron en combi todos juntos, con excepción de Joquín De la Torre que llegó y se sentó en soledad en el palco que la organización les había destinado. Con el pasar de los minutos comenzaron a caer otros invitados al convite: los intendentes peronistas Mario Ishii, Mario Secco y Jorge Ferraresi, que ocuparon la primera fila. Finalmente sobre la hora, llegó el ex jefe de Gabinete, Federico Salvai, y el resto de la comitiva ministerialel gabinete vidalista, y todos terminaron charlando y compartiendo la ceremonia desde ese palco.

La perlita de la asamblea fue protagonizada por el gobernador cuando, a punto de comenzar su discurso, personal de Ceremonial le acercó un almohadón para que pudiera quedar más alto. Lejos de incomodarse, Kicillof se rió de la ocurrencia y aceptó la sugerencia.