El fiscal ante la Cámara de Casación Raúl Plée desistió de la acusación contra sus excolegas Eamon Müllen y José Barbaccia por los delitos más graves por los que fueron acusados en el juicio por encubrimiento del atentado contra la AMIA. En un centenar de páginas, el fiscal general consideró que no está probado que los fiscales que intervenían en la investigación del peor atentado terrorista de la historia argentina supieran de la existencia de un pago ilegal al desarmador de autos Carlos Telleldín para que involucrara falsamente a policías bonaerenses en el ataque.

Mullen y Barbaccia fueron condenados a la pena de dos años de prisión de ejecución condicional, inhabilitación especial por el término de cuatro años y las costas del proceso, por el delito de “incumplimiento de los deberes de funcionario público”. Pero fue absuelto por “peculado”, pese a que la propia fiscalía de juicio lo había acusado por ese delito, relacionado con el pago de más de 400 mil dólares a Telleldín.

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El fiscal de juicio –colega de Plée, aunque de un rango jerárquico un escalón por debajo- Roberto Salum, apeló el fallo e insistió con la condena. Así, el expediente llegó hasta la máxima instancia penal.

“Ninguno de los elementos de prueba incorporados en aquella oportunidad, ni durante la etapa de juicio, pudo confirmar el conocimiento que habrían tenido sobre aquel andamiaje ilegal que rodeó el pago ilegítimo”, sostuvo el fiscal general Plée.

En ese contexto, resolvió no sostener la apelación de su colega del juicio, Salum. Plée discrepó con su colega, quien había considerado que “quedó demostrado durante los alegatos que tanto Müllen como Barbaccia conocían del pago ilegal que se realizaría antes de su producción”.

“Se han transcripto la totalidad de las pruebas aportadas por la Fiscalía a fin de confrontarla mediante un cuidadoso escrutinio con los restantes elementos probatorios…  y ello me permite advertir -como primera conclusión- que el fiscal no se ha detenido en todos los indicios que pudieron conducir a la duda, pues sólo cuando se la ha hecho desaparecer completamente es cuando puede afirmarse que se asienta en la certeza”, refutó Plée.

El fiscal general recordó que “se atribuyó a los exfiscales el haber prestado un auxilio a la disposición ilegítima de fondos públicos, mediante el consentimiento -pasivo silencio- y posterior respaldo -soporte psíquico- que prestaron para el pago irregular prometido a Telleldín, a fin de que, como contrapartida, modificara su versión de los hechos en la causa AMIA”. Pero eso, pese a la profusa prueba enumerada por el fiscal que intervino en el juicio oral, no se probó.

Plée avaló la teoría sostenida por el tribunal oral que descartó la acusación más grave para Mullen y Barbaccia: “creo conveniente recordar sobre este punto lo sostenido por la sentencia recurrida. Allí se dijo, con argumentos que comparto, que Müllen y Barbaccia conocieron la totalidad de la maniobra recién en la oportunidad de que el video de fecha 10 de abril del año 1996 fuera exhibido durante el debate oral y público desarrollado por ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 3 de esta ciudad, momento en el cual los nombrados solicitaron la nulidad de la declaración indagatoria de Carlos Alberto Telleldín”.

Las querellas insistirán en el agravamiento de las condenas contra Mullen y Barbaccia, pero sin el acompañamiento del Ministerio Público Fiscal.