Oculto tras un barbijo y con guantes negros, el ex Inspector de la Policía Federal Mario “Churrasco” Sandoval llegó a la sala del SUM de Cómodo Py casi una hora y media después del horario pautado para el inicio de la primera audiencia. A los pocos minutos, el Tribunal Oral Federal 5 de CABA dio comienzo al debate.

Se trata del sexto juicio oral por crímenes cometidos en la ESMA en el que Sandoval es el único acusado como partícipe necesario del secuestro y tormentos a Hernán Abriata, un joven estudiante de Arquitectura y militante de la Juventud Universitaria Peronista que aún permanece desaparecido.

Con un tono desafiante, Sandoval respondió las preguntas formales del presidente del TOF 5, Fernando Canero. Dijo no tener “apodo, sobrenombre ni alias”, y se mostró reticente a aclarar sus estudios: “Los suficiente para leer y escribir”, dijo ante la insistencia del juez. También aclaró que tiene nacionalidad francesa y argentina, aunque la argentina la mantiene por “obligación”.

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En Francia, Sandoval desarrolló una ascendente carrera como especialista en seguridad e inteligencia económica que lo llevaron a vincularse con paramilitares colombianos, a dar clases en La Sorbonne y a asesorar al expresidente Nicolás Sarkozy.

Durante su indagatoria, dijo no ser la persona que cometió esos hechos y se presentó como víctima y no como victimario. “No soy el comisario o el inspector Sandoval que vino al domicilio de la familia Abriata en 1976 y luego al domicilio de Hernán Abriata”, sostuvo y aseguró ser un “preso de excepción”, víctima de una persecución política.

Aunque reconoció que fue “agente del Estado en la Policía Federal, estando destinado en el Departamento de Asuntos políticos de la Superintendencia de Seguridad Federal”, no dijo cuál fue su rol y señaló que ese fue su único destino, en un intento por negar haber integrado la patota de la ESMA.

La audiencia, que a último momento se habilitó para que sea presencial, se debió interrumpir cerca de las 13.30 por inconvenientes de uno de los jueces y continuará con la segunda parte de la indagatoria a Sandoval y los primeros testimonios el próximo miércoles a las 9.30. antes de eso, las querellas, entre las que están el CELS, la Secretaría de Derechos Humanos, la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y la familia Abriata, insistirán con el pedido para que se permita la difusión pública de los testimonios, hasta ahora rechazado por el Tribunal.

Es la primera vez que el expolicía se sienta en el banquillo de los acusados por su rol durante el terrorismo de Estado, ya que tras la vuelta de la democracia se refugió en Francia, de donde fue extraditado en 2019, tras un proceso de 8 largos años. La justicia francesa habilitó su juzgamiento sólo por los hechos de los que fue víctima Abriata, sin embargo, su paso porn el Departamento de Asuntos Políticos de la Superintendencia de Seguridad Federal y su paso por el Grupo de Tareas de la ESMA lo vinculan con cientos de delitos.   

El rol de Sandoval en el secuestro de Abriata siempre estuvo claro. La familia de Hernán y su esposa, Mónica Dittmar, lo denunciaron pocas horas después de los operativos realizados el 30 de octubre de 1976 en los barrios de Belgrano y Colegiales. El expolicía se identificó y exhibió su credencial como miembro de Coordinación Federal. Era quien encabezaba las acciones y se comunicaba con la ESMA por radio.

Su participación en el grupo de tareas de la ESMA fue reconstruida por varios testimonios de sobrevivientes de ese centro clandestino de detención, quienes recordaron su apodo como “Churrasco” o “Churrasquito”. “Era un tipo muy extraño, hacía inteligencia, un tipo intelectualmente de los más preparados dentro de la ESMA y muy jodido. Si te podía boletear, te boleteaba, no había tu tía con este hombre, sabía realmente lo que estaba haciendo y lo que él quería”, lo describió Alfredo Buzzalino, quien relató que fue llevado desde la ESMA hasta una confitería en el centro para ser interrogado en una ocasión por el expolicía.

Hernán Abriata estudiaba Arquitectura en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) y militaba en la JUP. Tras su secuestro el 30 de octubre, fue primero llevado a una quinta en la provincia de Buenos Aires, desde donde se pudo comunicar por teléfono y por carta con su familia y esposa. Allí estuvo cautivo hasta que fue llevado a la ESMA, donde permaneció hasta los primeros días de enero de 1977.

En la ESMA fue visto por otros detenidos que compartieron cautiverio con él en Capuchita, ubicada en el altillo del Casino de Oficiales.  “En el momento en el que estuvimos en el altillo nos pasamos los nombres, eso era para que uno cumpliera con su responsabilidad de avisar a la familia y no olvidarlo. Y nosotros no lo hemos olvidado ni un solo día”, señaló a Tiempo el sobreviviente Carlos Loza, uno de los impulsores de la extradición de Sandoval junto a la familia Abriata.

Un tío en la Marina

Se sabe poco del rol que tuvo Oscar Francisco Abriata, un alto oficial de la Marina y primo del padre de Hernán en los hechos. Era muy cercano al jefe de la Armada, Emilio Massera, y al momento del secuestro estaba designado como secretario de gobierno en Santa Cruz. Era quien le llevaba información a la familia, les decía que Hernán estaba bien, que lo iban a liberar y les pidió que no avanzaran con la denuncia judicial y la identificación de Sandoval.

 “(…) se sentó, colocó los pies sobre la mesa ratona y le dijo: ‘Anduve toda la noche, lo encontré, está bien, no tiene nada, pero no esperes que venga hoy o mañana’”, relató la mamá de Hernán durante la instrucción de la causa.

A pesar de eso, en el expediente no fue citado a declarar. A comienzos de 1977, Oscar Abriata fue designado subsecretario de Inteligencia del Estado e integraba comitivas oficiales en viajes de Jorge Rafael Videla por Uruguay, Paraguay, Perú y Venezuela. También integró el directorio de YPF.