Por primera vez desde que llegó la pandemia a la Argentina, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) mostró en la última semana una leve caída en el promedio de nuevos casos diagnosticados a ambos lados de la General Paz. En la Provincia, sin embargo, eso no se reflejó en los números, ya que los brotes se extendieron por el interior bonaerense, donde había pocos casos y mucha población susceptible.

Para Horacio Rodríguez Larreta los números muestran una “meseta” en la curva de contagios en la Capital, que permite seguir habilitando actividades, como la gastronomía en terrazas y patios internos de los establecimientos.

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Axel Kicillof, por el contrario, lo definió como un “altiplano” que no permite flexibilizar, aunque en los hechos oficializará las obras de construcción, que comenzaban a realizarse sin autorizaciones ni protocolos. A pesar de esas diferencias, la mayor tensión no se da entre estas jurisdicciones, sino entre CABA y Nación. El gobierno porteño insiste en reanudar las clases presenciales y el Ministerio de Educación de la Nación entiende que no están dadas las condiciones. Este lunes habrá una nueva reunión.

“Para nosotros, la prioridad número uno es la educación”, dijo Rodríguez Larreta en su alocución del viernes. “Estoy convencido de que en base al diálogo vamos a ponernos de acuerdo para poder arrancar”, añadió con miras al encuentro de mañana, del que también participarán los responsables de las carteras de Salud de ambas jurisdicciones.

El protocolo porteño apunta principalmente a dos grupos de estudiantes: uno es el de los 6500 niños identificados que en tiempos de pandemia perdieron el contacto virtual con la escuela; y otro es el de los 30 mil adolescentes tanto de escuelas públicas como privadas que cursan el último año de secundario. A los primeros propone reunirlos en plazas en grupos de a diez chicos y chicas. A los segundos pretende llevarlos dos veces por semana a la escuela durante dos horas, implementando aulas al aire libre.

La Ciudad ya había presentado un protocolo para reanudar las clases que planteaba la reunión en “espacios digitales”. Pero desde Nación respondieron que no había condiciones sanitarias seguras y ofrecieron a cambio computadoras portátiles y conexiones de Internet para que esos 6500 niños pudieran recuperar el vínculo online. Pero el gobierno porteño modificó la propuesta y ahora apuesta por el espacio público. También deberá enfrentar el rechazo del gremio docente. Eduardo López, secretario general de UTE-Ctera, ya respondió: “Las escuelas no son bares y la educación no es un negocio”.