Las primeras 72 horas de la incursión militar de Rusia en Ucrania ya anticiparon un pantallazo del escenario geopolítico que tendrá por delante el presidente Alberto Fernández en las próximas semanas. La nueva guerra en Europa del Este desató un agudo encarecimiento global de la energía, que complicará todos los cálculos del acuerdo que Argentina negocia con el FMI; pero también disparó los valores internacionales de la soja y del trigo, dos commodities clave. En medio de ese tembladeral económico y geopolítico, la Casa Rosada se aferrará a la política de no injerencia con una convocatoria de diálogo entre las partes y un llamado de cese al fuego para reabrir la negociación entre Moscú y Kiev.

«El camino es muy finito, no hay margen para hacer una de más en ningún terreno», confió a Tiempo una alta fuente diplomática que desde el lunes tendrá la atención puesta en Ginebra. Hasta esa ciudad helvética viajará este domingo el canciller Santiago Cafiero. El lunes participará del inicio de la 49a sesión del Consejo de Derechos Humanos (CDH) de Naciones Unidas, que este año será presidido por Argentina, a través de Federico Villegas, representante especial de la Cancillería ante ese organismo. La sesión anual tiene cinco semanas de duración y estaba prevista con anticipación, pero los primeros días estarán hegemonizados por Ucrania. En esa arena, el gobierno del Frente de Todos pondrá a prueba la tradición diplomática del peronismo y ejercitará su multilateralismo cuando la oposición local está empeñada en abrazarse a las posiciones de Estados Unidos para respaldar al gobierno de Ucrania.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

La crisis está en pleno desarrollo y parece empeorar, pero ya marcó los primeros contornos del nuevo escenario global. Una parte de ese rompecabezas se podrá apreciar en el CDH, luego de una semana de ásperos desacuerdos en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde los 15 miembros no encontraron una forma de reabrir una instancia de negociación. El jefe del Palacio San Martín arribará a una sede de la ONU conmocionada desde el sincericidio de su secretario general, Antonio Gutérres: «Estaba convencido de que no pasaría nada grave en Ucrania, me equivoqué», reconoció el portugués la semana pasada para reflejar la incertidumbre que se respira en la sede que la ONU tiene en Europa.

Hasta el lunes no se sabrá si asistirán en forma presencial el canciller ruso, Serguei Lavrov; su par norteamericano, Anthony Blinken; y el ucraniano, Dmytro Kuleba. Cerca de Cafiero estiman que luego de los fracasos del Consejo de Seguridad es poco probable que haya presencias de alto nivel. Sin ese componente, la dinámica del CDH estará concentrada en la agenda de asistencia ante la crisis humanitaria que comenzó a gestarse desde la semana pasada. La misión estará en manos de Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur, que se reunirá con Cafiero antes del miércoles.

En tierra ginebrina el canciller se ceñirá a los términos de los dos comunicados que difundió Argentina para que cesen las hostilidades como un requisito determinante para reconstruir la paz. Es casi la misma estrategia que impulsa el Vaticano. Tuvo un audaz impulso este viernes, cuando el papa Jorge Mario Bergoglio recorrió las tres cuadras que lo separan de la Embajada de Rusia ante la Santa Sede y fue recibido por el jefe de la delegación diplomática Alexander Avdeev. El despliegue fue con el secretario de Estado, Pietro Parolin, y apuntó a abrir una instancia de negociación que, hasta ahora, sigue clausurada. Este sábado Bergoglio también habló con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, pero la visita a la embajada rusa fue un gesto inusual para un Vaticano que solo interviene cuando es convocado por las dos partes de un conflicto bélico.

«Ha sido una salida valiente y arriesgada, en la que pone en juego mucho de su prestigio internacional. Eso no quiere decir que salga una salida negociada, pero el intento refuerza los llamados para que cesen las hostilidades», confiaron en el Palacio San Martín. La línea bergogliana es un recurso útil para la intervención de Cafiero en el CDH de la ONU. La consideró «ineludible» y se sumó al mensaje: «Reiteramos el llamado a las partes involucradas en el conflicto a detener toda acción que provoque sufrimiento, desestabilice la convivencia pacífica y desacredite el derecho internacional», escribió desde su cuenta de Twitter.

La cautela de Cafiero también apunta a canalizar la omnisciente presencia de los Estados Unidos en medio de la negociación con el FMI. Los funcionarios argentinos más vinculados a la relación con Washington aseguran que los pronunciamientos del gobierno fueron bien vistos por la administración de Joe Biden. Otras fuentes diplomáticas criollas remarcan que el peso de Buenos Aires es insignificante ante la lejanía y gravedad de la crisis. Sin embargo, la atención norteamericana va más allá de la reunión que Fernández tuvo en Moscú con su par ruso Vladimir Putin hace más de un mes. La semana pasada el embajador argentino en Washington, Jorge Argüello, recibió en su oficina a Uzra Zeya. Se trata de la subsecretaria para la Democracia y Derechos Humanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Estuvieron reunidos por más de dos horas, y Argüello le manifestó el interés de trabajar en forma conjunta dentro del CDH.

“La Argentina celebra el reingreso de los Estados Unidos a los espacios institucionales del multilateralismo, en particular el regreso como miembro pleno al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. La Argentina está lista para profundizar la colaboración sobre Derechos Humanos con los Estados Unidos en ese foro y en el ámbito bilateral”, expresó Argüello tras esa reunión. La declaración abre incógnitas sobre las posiciones respecto a Venezuela, Cuba y Nicaragua, pero confirma que hay una comunicación permanente que se pondrá a juego desde este lunes, cuando la guerra que azota a Europa gane la centralidad del Consejo.

El foco del discurso diplomático argentino estará puesto en agilizar la ayuda humanitaria y que cesen las hostilidades, aunque Argentina es uno de los cuatro países latinoamericanos que tienen representación diplomática. Junto con México, Brasil y Cuba, los dos diplomáticos argentinos que quedaron en Kiev ayudan en la asistencia humanitaria con países de toda América Latina. De acuerdo con cifras oficiales, hay cien argentinos en ese país pero la mitad se quiere quedar por distintas razones.

La evolución de la guerra definirá los próximos movimientos diplomáticos argentinos, pero el presidente mantiene su agenda para marzo. El 11 viajará a Santiago de Chile para participar de la asunción del presidente electo Gabriel Boric y luego continuará viaje para Arabia Saudita y Dubai. «