“Acá con nosotras como siempre, 30 mil detenidos desaparecidos ¡Presentes!”, grita Nora Cortiñas con su pañuelo blanco en la cabeza, emocionada sobre un gran escenario ubicado ante el Congreso de la Nación. “¡Presentes!”, se escucha desde abajo. Las voces son femeninas. Vienen de una multitud de un verde brillante, de una ola gigante de adolescentes y mujeres que también tienen un pañuelo como bandera, pero verde. Pero un pañuelo, en este país, a partir de las Madres de Plaza de Mayo, es un símbolo de lucha.

Los feminismos en la Argentina están inevitablemente marcados por la lucha de estas mujeres que el 30 de abril de 1977 comenzaron a circular en Plaza de Mayo, en una ronda improvisada que marcó la más grande hazaña de resistencia en la cruda historia de la dictadura.

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¿Qué buscaban estas madres en la calle? Reclaman la aparición con vida de sus hijos e hijas, pero también reclamaban vida y libertad. En ronda, esas mujeres estaban tramando un espacio de lucha permanente y definitivo. Y estaban tomando las calles. Lo personal es político, dicen incansablemente en el feminismo. Y eso hicieron las Madres, trasladaron del espacio privado al público esas desapariciones silenciadas. Así los desaparecidos dejaron de ser hijos de ellas para ser una ausencia de todos.

Cecilia de Vincenti es hija de Azucena Villaflor. Durante el juicio ESMA, ante el Tribunal Oral Federal N°5 de Comodoro Py, relató, “mi mamá era un ama de casa que se ocupaba de sus hijos y del marido. Siempre preparaba la comida al mediodía o la encontrabas cebando mate a la tarde y ayudando con las tareas escolares y extraescolares. Pero a partir de ese momento al mediodía, me dejaba la comida preparada y salía a tener su actividad”.

El relato de Cecilia acerca de su mamá coincide con la historia de otras referentes de Madres de Plaza de Mayo. Eran mujeres que lucharon por la vida de sus hijos. Treinta y ocho años después, miles de mujeres salieron a luchar en la Argentina pidiendo por sus propias vidas. La unión más sólida entre esos dos momentos pasa por la certeza de una lucha colectiva, entre mujeres y en el espacio público.

Foto: Archivo Hasenberg Quaretti

La lucha es un pañuelo

Es sabido que el pañuelo verde de las luchas feministas desde 2003 para acá es un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo. “Hay un lazo histórico si pensamos que referentes de Madres, referentes históricas como Lita Boitano o la misma Norita Cortiñas participaron muy tempranamente en organizaciones feministas, y luego del 86 en adelante de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Pero después creo que esa genealogía de luchas, hoy esa genealogía de pañuelos blancos también es verde”, dice a Tiempo la periodista Ana Cacopardo. “Es inevitable cuando pensamos el rol de esas mujeres pensar en cómo politizaron el cuidado de la vida cuando salieron al espacio público a reclamar por sus hijos y se convirtieron en esas luchadoras de la construcción democrática”.

“Esta genealogía, además, se potencia con las nuevas generaciones que emergieron a la política de la mano de los feminismos y que se inscriben en un linaje de luchas donde se reconocen en la lucha de esas madres”. “Yo sintetizaría esto con una imagen que vi el jueves en la Ronda de las Madres cuando un joven de la agrupación Nietes -porque así se nombra con el nietes inclusivo-. Me mostraba la remera. En esa remera estaban los dos pañuelos y la agrupación se nombraba de este modo, era el nietes con “e” inclusivo que reúne a nietos, nietes y nietas de desaparecidos.