Los abruptos cambios ocurridos a partir de las elecciones Primarias abrieron un paréntesis en el vínculo entre el gobierno y el Fondo Monetario Internacional. El desorden de políticas y medidas implementadas en los últimos días es tal que el organismo no confirmó la llegada de la misión que debe auditar los números de la economía y que tenía previsto llegar la semana entrante.

A ello se suma la decisión que mostraron los representantes del Frente de Todos, vencedores en la elección, de reformular (en caso de que obtenga la presidencia) algunos aspectos del programa, en particular los referidos a los plazos de devolución de la deuda con el organismo, que deben comenzar en 2021. Por esa razón, en Washington adoptarían la estrategia del wait and see (esperar y ver) hasta que la situación se decante y las principales variables económicas se estabilicen.

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En particular, lo que el FMI no tiene claro es quién será su interlocutor, ahora que Nicolás Dujovne dejó su cargo. El ex ministro de Hacienda era el nexo natural entre el gobierno y el organismo, compartiendo ese rol con el presidente del Banco Central, Guido Sandleris. Pero ayer presentó su renuncia tras recibir fuertes críticas en el seno del oficialismo por su resistencia a avalar el paquete de alivio a los consumidores (modificaciones en el IVA a productos básicos, Ganancias, programas AUH y Progresar y congelamiento de créditos UVA, entre otros puntos). El costo de esas iniciativas, según los primeros cálculos, supera los $ 50 mil millones, lo que significa más del 0,2% del PBI y dificulta cumplir el déficit cero que Dujovne se había cargado sobre sus espaldas en el último año. Con su alejamiento, el gobierno deberá redefinir ahora cómo canalizará sus contactos habituales con el staff técnico del organismo. Y en Washington esperan que todo se reacomode para saber con quién revisarán los números.

Los episodios de los últimos días no fueron sorpresivos para el Fondo. En el anterior informe del staff técnico, a comienzos del mes pasado, ya se advertía que «los riesgos del programa son altos» y se refería en particular a la posible «volatilidad del mercado en los próximos meses, ligada a la incertidumbre en torno a las próximas elecciones».

Con todo, como la comitiva de Washington debe revisar los números fiscales y compromisos asumidos al 30 de junio del año pasado, lo más posible es que los considere cumplidos y acepte girar otra cuota de U$S 5400 millones, a mediados de septiembre. Si eso ocurre, el 88% del préstamo habrá sido ejecutado.

Un futuro diferente

El problema, sin embargo, no es lo que sucedió, sino lo que puede pasar. Si la permanencia de Mauricio Macri garantizaba la continuidad del ajuste fiscal y de todas las exigencias del FMI, una eventual llegada de Alberto Fernández podría hacer que el futuro sea bien diferente. Lo que estaría en juego ya no sería el cumplimiento de algunas variables, sino los ejes trascendentales del plan. Entre ellos, las reformas estructurales que pide el organismo y que incluyen el régimen previsional, para achicar el gasto estatal, y laboral, para mejorar la rentabilidad de las empresas. También la autonomía para manejar el tipo de cambio, las políticas de crecimiento, el desarrollo del mercado interno y sobre todo acordar un nuevo cronograma de devolución de la deuda al propio FMI, que insume U$S 44 mil millones en el trienio 2021-2023.

Esos temas ya fueron tocados por la misión que visitó el país en junio, en sus entrevistas a los precandidatos opositores, y si la nueva visita se concreta podría resurgir con más fuerza, ahora que el panorama es más nítido. Con el resultado de las Primarias puesto, Fernández metió presión para que sea el actual gobierno el que inicie la renegociación. «Lo que Macri firmó no existe más. No lo pudo cumplir. Me gustaría que deje las cosas medianamente ordenadas con el Fondo. Que negocie sabiendo que su mandato se termina», dijo el candidato del Frente de Todos en una entrevista con Telefe.

El vuelco en el panorama político local coincide con los cambios en el seno del propio FMI. Christine Lagarde, quien sostenía públicamente a Macri, se fue al Banco Central Europeo y la nueva directora gerente será la búlgara Kristalina Georgieva. Por un tiempo, el poder real residirá en el director adjunto, el estadounidense David Lipton, del riñón de Donald Trump. Por todo esto, en el Fondo también esperan señales para saber qué hacer con Argentina. «