La noche había terminado. Alberto Fernández se había ido del búnker, pero todavía quedaban algunos dirigentes. Afuera había algunos grupos de amigos, de charla y cerveza. Vino uno y puso un parlante con la marcha peronista. Todo acto peronista termina con la marcha, hasta el más triste. Los organizadores del acto estaban ocupados en desinstalar un escenario que no se usó. Así que los únicos encargados de pasar y cantar la marcha fueron los militantes que quedaban en aquella esquina de Dorrego y Corrientes, en donde apenas hace dos años había habido una masiva fiesta popular con alto baile colectivo hasta entrada la madrugada.

Quedaban pocos, pero cantaban todos. La entonación más fuerte y sentida venía del dueño del puesto de choripán, ya en proceso de desarme. “Es la realidad objetiva”, aullaba al aire y enfatizaba con el brazo. En Argentina hay un 40% de pobreza. Y donde se siente fuerte en el conurbano, en el Chaco, en Entre Ríos y en Santa Cruz, distritos tradicionalmente peronistas y en donde el oficialismo perdió.

Durante el último tramo de la campaña el gobierno comenzó a mostrar cómo crecían los números de la economía. Pero esas cifras del 14% de reactivación económica que muestra el primer trimestre de este año, no se traducen en una mejora lineal para grandes sectores de la población. El bolsillo manda, ya la pandemia no sirve como contexto para explicar que la comida siga subiendo.

Es que la pobreza sigue en 40% porque la canasta básica crece por encima del salario informal. Durante el primer trimestre del 2018, el ingreso de los informales era de $9.500 y, hasta el 1° trimestre de 2021, subió 136%. Pero la línea de pobreza subió 230%, por eso la pobreza pasó de 26% a 40%.

Pandemia mediante, en el segundo trimestre del 2020 hubo una caída de 3 millones de empleados informales entre la población urbana, lo que produjo el aumento de la pobreza al 47% de la población. Si bien se esperaba que, tras la apertura de actividades, el sector informal se recupere, la última encuesta de hogares del Indec muestra que se recuperó el empleo informal, pero la pobreza se está mostrando resistente a bajar.

Los dirigentes y dirigentas del peronismo saben que el contrato electoral se basa en el poder adquisitivo de las mayorías populares. La ampliación de derechos civiles se desluce si no está el trabajo y la comida garantizada.

Los medios del poder enfatizan el crecimiento de la derecha porque en la ciudad capital sorprendió Javier Milei. Sin embargo, la izquierda es la tercera fuerza a nivel nacional. Al peronismo, que a veces peca de macarto, le vendrá bien ver y mostrar ese dato. No hay una derechización, sino una mayor polarización. Cuando el hambre aprieta, el sistema político se tensiona.

La única verdad es la realidad, y, según cantan, tiene que ser objetiva, material. No es una cuestión de relatos, de construcciones de los medios opositores. Es la pobreza. El peronismo tiene en el territorio oídos propios para tener el dato de primera mano.