Como los vidrios del despacho de la vicepresidenta Cristina Fernández. Así quedó dispuesto el Frente de Todos en esta nueva crisis política.

Máximo Kirchner cumplió con su palabra de no ponerse a juntar voluntades en contra del proyecto de acuerdo con el Fondo que lleva la firma de Alberto Fernández, Martín Guzmán y Juan Manzur. De hecho, de los 34 integrantes del Frente de Todos, solo los 18 de La Cámpora votaron en contra. Los tres del Frente Patria Grande se abstuvieron. Otros, como los diputados de origen sindical como Hugo Yasky y Sergio Palazzo, que luego de votar tienen que responder a sus bases, también se abstuvieron. No hubo estrategia conjunta, pero sí un rechazo contundente a las premisas que el propio gobierno dio a conocer en los anexos del proyecto, que luego fueron borrados por Sergio Massa, a pedido de Juntos por el Cambio. 

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El titular de la Cámara Baja no pudo cumplir con la promesa de garantizar un bajo nivel de rechazo entre los propios, tal como había predicho, lo que obligó al presidente a necesitar sí o sí del apoyo casi unánime de la coalición opositora, escenario que se repetirá esta semana en la Cámara Alta. 

Tras la votación, La Cámpora dio a conocer su posición en un extenso documento en el que reitera la crítica a la forma de negociación que llevó adelante Guzmán, a la que calificó de “estrategia equivocada”. “Imaginemos solo un instante el estruendo mediático que acompañará cada uno de los desembarcos de la delegación del FMI para efectuar los controles y revisiones trimestrales”, advierte el texto, y recuerda el poder de veto del organismo previo a los desembolsos. 

El escrito también recuerda que el memorando de entendimiento, excluido de la letra oficial del proyecto, impone realizar un estudio sobre la sostenibilidad a largo plazo del sistema previsional a fin de diciembre de 2022 y enfatiza que “la cesión de soberanía se torna inocultable”.

Hacia el final aclaran que la crítica, devenida en votos en contra, se centra no en dejar de pagar –y recuerdan el pago que hizo Néstor Kirchner– sino en quién lo va a pagar. “El Estado argentino en sus tres poderes cuenta con la suficiente información para elaborar alternativas justas y equitativas que impidan descargar sobre las espaldas del pueblo argentino una vez más el peso de una deuda que solo aprovecharon ínfimas minorías”.

Las críticas –no solo de La Cámpora– se basan también en que componen la pata más voluminosa del Frente de Todos, pero su mirada no es tenida en cuenta a la hora de la gestión. Interpretan que aportaron los votos para el triunfo en 2019, pero fueron corridos de las grandes decisiones. En tanto, desde La Casa Rosada, se parapetan sobre la institucionalidad de los cargos y de la responsabilidad de tomar decisiones.

Más tensión

Mientras que algunos dirigentes frentetodistas se esmeran en tratar de zurcir los retazos de la alianza gobernante, otros van en la dirección contraria. Entre los dirigentes que piden calma y unidad se ubican el exministro Agustín Rossi y el diputado Leandro Santoro. Desde Santa Fe, el “Chivo” predicó ante un plenario: “El camino es la unidad y fortalecer la gestión del Frente de Todos que encabezan el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández”.

Por su parte, Santoro sostuvo este sábado a Radio Diez que “hay un sector de la sociedad argentina que tiene una confianza ciega en Cristina y que es el núcleo más importante en el armado electoral del Frente de Todos. Seríamos unos dementes si no consideráramos imprescindible cuidar ese activo. Nadie que quiera al presidente le puede recomendar que se pelee con Cristina. No hay nadie en la coalición que le resulte indiferente lo que le pasó a Cristina (en referencia a las pedradas recibidas en el despacho de la vicepresidenta). Para nosotros, Cristina no es la que está enfrente de Alberto. Todo lo contrario”. Y sentenció: «No hay posibilidad de una ruptura definitiva».

Es que el ataque al despacho de la vicepresidenta, que también se replicó en la oficina del senador José Mayans, desató otro capítulo lleno de acusaciones cruzadas. Este sábado, el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, el camporista Andrés Larroque, disparó una dura acusación contra el presidente al criticar su falta de pronunciamiento público sobre el hecho. La respuesta llegó desde el Twitter de Aníbal Fernández. “Como responsable de la seguridad me ocupé del cuidado de la persona de Cristina sin que se diera cuenta, con personal de civil. El presidente está al tanto”, posteó. Sin embargo, el pronunciamiento público de Alberto Fernández, requerido desde el kirchnerismo, nunca llegó.

Separados competiremos

Más allá de los enojos expresados en Twitter, las diferencias en el Frente son políticas e ideológicas. El único acuerdo que parece haber quedado en pie es la metodología de resolución: las PASO. Con miras a 2023, el peronismo ya tiene anotados a varios varones que piden pista: el propio presidente; el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro; el titular de la Cámara Baja, Sergio Massa; el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich; y eventualmente, si Alberto Fernández quisiera bajarse, se podría lanzar el embajador en Brasil, Daniel Scioli.

El armado electoral del presidente para el año que viene comenzó el primer día después de la derrota de las legislativas pasadas. Cuenta con el apoyo del Movimiento Evita, cuyas bases en 2017 fueron díscolas ante la dirigencia que ordenaba votar a Florencio Randazzo. 

Las fichas de Cristina Fernández están puestas en “Wado”, quien profundizó sus contactos con el mundo empresarial, incluso con las patronales de Expoagro. Ese evento fue aprovechado por Scioli, quien “celebró la continuidad de Expoagro en la Provincia de Buenos Aires”, una forma de recordar las críticas que recibió por parte del kirchnerismo en 2014 cuando lanzó la exposición en el terruño que gobernaba. 

Según pudo saber Tiempo, Scioli solo competirá si no lo hace el presidente, cosa que por ahora, para evitar la metáfora tan mentada del pato rengo, el presidente está obligado a hacer.