Para quienes la conocieron, Viviana Mariño fue un ejemplo. Una referencia en múltiples aspectos y facetas. Como periodista, comprometida. Como docente, provocadora. Como madre, generosa. Como editora, puntillosa. Una profesional de la palabra y la comunicación. Una compañera de lucha y trabajadora enérgica. Una amiga. Acaso por todo eso, por dejar distintos legados y enseñanzas, es que desde hoy lloramos su fallecimiento a los 51 años.  

Creció en Morón. En unos pocos días, el 8 de julio, la hubiéramos saludado por su cumpleaños. El periodista Fernando Piana fue su pareja durante muchos años y el padre de sus dos hijos, Isabela de 14 años y Bruno de 18.

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Viviana trabajó en Tiempo Argentino desde su origen y también fue una de las fundadoras de la cooperativa Por Más Tiempo. Como consejera, formó parte del histórico primer Consejo de Administración del medio autogestivo. Llegó a ese lugar por el voto de sus compañeras y compañeros, toda una muestra de los vínculos que establecía. Como editora de Política, fue parte del equipo que elaboró el Monitoreo de la Propiedad de los Medios, que Tiempo realizó junto a Reporteros Sin Fronteras (RSF). 

Solía ser la última que terminaba de teclear tanto en las aperturas de la edición en papel como en la web. Disfrutaba de anticiparse a las noticias y organizar a la redacción con criterio, compromiso y pasión, incluso para descubrir nuevas formas de hacer periodismo. 

Por estas horas, son incansables los llamados, saludos y abrazos de laburantes que la tuvieron como compañera. Cada uno y cada una recuerdan una anécdota distinta. Un aprendizaje diferente. Un combo de experiencias que reflejan oficio, humor, ironía, capacidad y ocurrencia de una mujer inolvidable. 

Su escuela periodística fue Noticias Argentinas, donde tuvo una formación de agencia que marcó su perfil profesional. La Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se graduó como licenciada en Ciencias de la Comunicación, fue su formación profesional. Aún seguía ejerciendo la docencia en la cátedra Taller de Expresión III y como co-coordinadora de Anccom, la agencia de noticias de la universidad. 

Después de haber pasado por distintos medios y redacciones, Vivi llegó a la agencia estatal Télam, en la que asumió un compromiso al que le entregó horas y horas: reconstruir el servicio de un espacio vaciado por la gestión macrista como Gerenta de Periodismo y jefa de redacción.

En 1998, Viviana se sumó a la primera época del diario Perfil, en la sección Política, donde cubrió peronismo, una de sus temáticas predilectas. Pero el medio naufragó al poco tiempo y volvió por un corto período a Noticias Argentinas, donde se desempeñó como acreditada en la Casa de Gobierno.

Luego trabajó unos diez años como corresponsal en Buenos Aires para los diarios La Voz del Interior, de la provincia de Córdoba, y Los Andes, de Mendoza. Hasta que vino la etapa de Tiempo y Télam. Ahora, viene el tiempo de extrañarla. De recordar su empuje y generosidad, su voz potente imponiéndose en las discusiones. De evocar su capacidad y compañerismo. De volcar todo eso, como lo hacía ella, al ejercer el oficio que tanto la fascinó hasta el último día.

Foto: Soledad Quiroga