La batalla política –se sabe–es en gran medida una batalla cultural. La disputa por las creencias de la población, por el sentido común dominante, es central. Mauricio Macri llegó al gobierno buscando la diagonal discursiva que todos los candidatos exploraban en la campaña de 2015. Daniel Scioli hablaba de la continuidad con cambios, Sergio Massa del cambio justo. Macri se paró más en el cambio que en la continuidad al inicio, pero luego del balotaje porteño, en agosto de 2015, dio un volantazo y comenzó a prometer continuidad. Era un elemento clave para intentar construir mayorías, porque muchas de las políticas centrales del kirchnerismo tenían un alto nivel de respaldo social, que incluía a muchos ciudadanos que no votaban al Frente para la Victoria. El clímax de este giro discursivo fue el debate previo a la segunda vuelta.

Una vez en el poder, Cambiemos comenzó un trabajo para intentar desmontar los consensos sociales mayoritarios que se habían forjado en el ciclo kirchnerista. En algunos casos el fracaso fue rotundo, como en el aval al 2×1 para los criminales de lesa humanidad; en otros, tuvo más éxito. La disputa por el sentido común también medirá fuerzas el próximo domingo y el oficialismo, con el 90% de los medios de comunicación a favor, ha logrado cierta ventaja.

«El macrismo tiene dos niveles de acción. Hace obra pública, financia a ciertas organizaciones sociales para tratar de que la situación no se desbande. Luego, a nivel macro, intenta desmontar la idea de que la Argentina puede «vivir con lo nuestro», remarcó Carlos De Angelis, sociólogo, coordinador del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Según el académico, Cambiemos no ha creado un nuevo sentido común. Lo que ocurrió es que, al ganar las elecciones, un discurso que estaba latente se volvió dominante y el que era dominante pasó a estado de latencia, aunque ambos siguen recorriendo el imaginario colectivo. «Lo que han logrado es reengancharse con un discurso siempre presente. No hay elementos nuevos. La idea de que hay muchos que viven de arriba, de que los planes sociales son para vagos, de que hay otros que cobran el sueldo sin laburar. Son ideas que también estaban presentes durante el kirchnerismo, pero más reprimidas.» «Ahora la retórica más nacionalista es la que pasó al estado de latencia, pero también es algo que siempre estuvo presente. El proteccionismo versus el librecambismo son grandes luchas en la historia argentina. El ciclo kirchnerista basó la mayor parte de su discurso en plantarse como la antítesis del neoliberalismo de los ’90 y la estrategia hoy es la misma. Habrá que ver si alcanza para ser alternativa.»

Ciclos

Hay un elemento que De Angelis encuentra en sus sondeos que muestra que el gobierno ha logrado instalar una percepción que, por ahora, le sirve. Es una opinión muy extendida de que el «modelo económico» impulsado por la gestión anterior estaba agotado. De Angelis atribuye el fenómeno, además de al discurso monolítico de los medios, a ciertos errores. «La inflación constante es un elemento muy corrosivo. El kirchnerismo la tuvo durante muchos años y la intervención del Indec llevó a negar el problema. La inflación es como la fiebre. La población la padece como un síntoma de que hay algo que no está bien. Esto ayudó a instalar la creencia de que había algo no sustentable, aunque la inflación de hoy sea peor. El gobierno todavía puede decir que es problema que heredó”.

Para el sociólogo Ricardo Rouvier, el mayor logro del oficialismo en esta batalla cultural ha sido «el manejo del pasado». «Lo puso en la polarización y lo manejaron bien. Es un éxito político, no económico. Han logrado reproducir un escenario similar al de la elección de 2015.»

El analista sostuvo que el PRO «busca el cambio de la cultura política. Quiere modificar los valores de la población. Tiene el deseo de un neoliberalismo a fondo, pero también tiene que enfrentar la realidad. Saben que hay cosas que no pueden hacer si no quieren terminar mal.»
Respecto de las encuestas de intención de voto, Rouvier resaltó: «Mucha gente, por ahora, desea creer y el 22 (de octubre) le renovará el crédito al oficialismo». «De todos modos, no podrán apelar a los mismos recursos todo el tiempo y su principal problema es la economía.»

Del lado opositor, Rouvier sostuvo que el desafío es cómo construir un discurso renovador respecto del ciclo kirchnerista. «No quiere decir que Cristina no sea candidata, sino cómo plantear algo hacia adelante y no simplemente la reivindicación del esquema que duró hasta el 2015.» «