La primera vez que Miguel “el Tano” Santucho supo que tenía un hermano o una hermana desaparecida fue en la casa de las Abuelas de Plaza de Mayo. Él tenía diez años, estaba de visita en la Argentina desde su exilio en Italia y se topó con esa ausencia al buscar fotos de su mamá, Cristina Navajas, en el libro que registra la búsqueda de nietos y nietas. Allí, en la página 71, el Tano encontró, junto a la imagen de su mamá, la leyenda “niño que debió nacer en febrero de 1977”. Esa breve frase en el Libro Rosa, como lo llaman las Abuelas, cambiaría su vida para siempre.

Corría el año 1985 cuando el Tano comenzó a convivir con la falta de ese hermano o esa hermana. Una ausencia que se hacía más presente sobre todo en los eventos festivos, como cumpleaños y reuniones. Una silla vacía, demasiadas preguntas. Por entonces, quien motorizaba la búsqueda era su abuela, Nélida Navajas. Con la misma garra de todas sus compañeras de lucha, ella buscaba y guardaba cada fotografía, cada carta, cada nota y constancia de trámite en un cajón que se llenaba de forma desordenada con el paso de los años.

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“Prácticamente cambió su trabajo y su vida normal por la búsqueda. Se pudo jubilar anticipadamente para dedicarse a la búsqueda. Viajó por el mundo para impulsar lo que fue el Índice de Abuelidad, viajó a Estados Unidos, la veía en Europa porque ella cada tanto iba a reuniones a Ginebra, a la ONU. De repente, de ser una persona sin relación con la política y la militancia, pasó a ser su vida y todo en relación a poder encontrar a su hija y a su nieto”, cuenta el Tano.

Pero esa búsqueda, con el paso de los años, las décadas, pesaba cada vez más sobre los hombros de Nélida. Y sobre sus rodillas, que se fueron volviendo más débiles. Ir a las reuniones se fue haciendo más difícil. El cajón de papeles de la búsqueda, mientras tanto, siguió creciendo. Hasta que llegó el momento del traspaso.

Te paso la posta

“Un día sacó del cajón todas las carpetas, con todo lo que ella había presentado. Los hábeas corpus, los testimonios que había conseguido. Y me lo pasó. Me lo dio como diciendo ‘te delego esta etapa’. Me dijo: ‘Sé que tenés las ganas y la fuerza para seguir y yo no tanto’. Me pasó la posta en vida”, recuerda el nieto de Nélida. Ella falleció hace una década, el 2 de mayo de 2012. Para el Tano, fue el primer duelo que pudo elaborar. La primera despedida que pudo compartir y poner en palabras. Un adiós que implicó dejarla descansar y comprometerse a seguir sus pasos. “De alguna manera, cuando la pude despedir, sentía esas ganas y esa responsabilidad de poder seguir con eso que ella estaba haciendo”.

Tal como lo había hecho su abuela, el Tano también cambió su vida en función de la búsqueda. Tras la partida de Nélida, se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo y pidió ocupar el lugar militante que ella había dejado. Pasó a formar parte oficialmente de esa casa que a los diez años le había revelado que tenía un hermano o hermana al que buscar.

En esa época, el ciclo Teatro por la Identidad tenía como lema “te paso la posta”, con una obra que “hablaba de que las Abuelas ya estaban grandes y pedían que alguien tomara la posta para ayudarlas en la búsqueda. Aquello fue muy fuerte para mí, porque justo mi abuela estaba en eso, era doblemente significativo”.

Generaciones

En la familia Santucho, como no podía ser de otra manera, siempre se habló sobre militancia, represión, dictadura, personas desaparecidas y búsquedas entre los temas que se conversaban en la mesa. Como parte de las charlas cotidianas. Padre de un hijo y una hija muy jóvenes, el Tano quiere lo mismo para elles. Que la información esté ahí, al alcance, para cuando quieran tomar la punta del ovillo y comenzar a tirar.

“Quise reproducir con mis hijos lo mismo que me pasó a mí: que me enteré la historia de mi familia sin preguntar, porque era información que estaba dando vueltas”, dice el Tano. Y advierte que la búsqueda apunta también a esa generación: “Además de estar buscando a nietos y nietas estamos buscando también a sus hijos e hijas. También tienen su identidad vulnerada. Estamos buscando a dos generaciones. Esperemos que sean solo dos”, dice al pensar en todas las búsquedas que faltan. E imagina que, en un futuro no lejano, serán esos chicos y chicas –bisnietos y bisnietas de las Abuelas– quienes encararán sus propias búsquedas.

“A nosotros nos está tocando reconstruir esos lazos sociales que los militares vinieron a romper. Buscar a nuestros padres, a nuestros seres queridos, a mi hermano/a. Nos encontramos en un lugar donde claramente estamos levantando lo que podemos después del daño terrible que hizo el terrorismo de Estado, no solo a nuestra familia sino a toda la sociedad”, destaca y completa: “Nosotros tenemos la responsabilidad de seguir ese camino y encontrar hasta el último de los que nos faltan”.

Ese legado, el rol de quienes vienen detrás de las Abuelas, es lo que más preocupa y ocupa en estos tiempos. “Siento que estamos en un momento determinante para lo que va a ser la búsqueda de los nietos y nietas que faltan. Porque las abuelas se están yendo y nosotros estamos en esa transición de poder sostener lo más posible los valores que nos transmitieron”, dice el Tano y da cuenta de una misión difícil. El traspaso, el legado y la transición son temas que se abordan hace años. La pandemia solo vino a acelerar y complejizar el proceso. A advertir que es urgente que las generaciones de hijes y nietes tomen la posta.

Desde que las Abuelas de Plaza de Mayo comenzaron sus búsquedas, 130 nietos y nietas recuperaron su identidad. El último fue Javier Matías Darroux Mijalchuk, en 2019. Se estima que alrededor de 500 bebés fueron robados en los operativos de secuestro y en las maternidades clandestinas que instalaron los represores en los centros clandestinos de detención. Alrededor de 370 hombres y mujeres tienen su identidad vulnerada (igual que sus descendientes, si los tuvieron) y son víctimas de un delito que se sigue perpetrando. Es mucho lo que queda por hacer: detrás de las Abuelas, ellas marcaron el camino. «

Una carta sin enviar

Miguel “El Tano” Santucho guarda en una caja muchos de los recuerdos que le dejó su abuela Nélida Navajas sobre los años de búsqueda de su mamá, Cristina Navajas, militante del PRT secuestrada en julio de 1976, y de su hermano o hermana nacida en cautiverio.

Muchos son cartas, rotuladas y archivadas con cuidado en una caja junto a fotos familiares, pedidos de hábeas corpus y documentos. Algunas son las que el propio Tano y su hermano mayor Camilo le mandaban desde el exilio en Italia, con anécdotas familiares y dibujos.

Uno de los recuerdos más importantes es una carta que nunca se envió. La escribió la madre del Tano días antes de su secuestro y allí le cuenta a su padre, Julio César Santucho, que estaba embarazada. La tenía en su cartera, que quedó tirada en el departamento del que se la llevaron junto con su cuñada, Manuela Santucho, y Alicia D’Ambra.

La encontró Nélida cuando llegó al departamento, donde habían quedado abandonados los tres bebés: Miguel, de apenas nueve meses; su hermano Camilo, de tres años; y su primo Diego, hijo de Manuela.

La carta fue la primera pista de un incipiente embarazo de Cristina y sirvió para comenzar con una búsqueda que llevaría a Nélida a ser una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo.

Con el avance de los juicios por los crímenes de la última dictadura, El Tano pudo confirmar a través de sobrevivientes del terrorismo de Estado que su mamá mantuvo el embarazo varios meses y que fue vista con panza.

Uno de esos relatos lo recuerda con más fuerza y lo siente como un mensaje de su madre para que busque a su hermano o hermana. Es el de una chica que compartió un traslado con ella en el que lograron intercambiar algunas palabras. “Yo soy Cristina Navajas, soy militante del PRT y estoy embarazada”.

El Tano ahí hizo un clic. Ya no tuvo más dudas. Fue la certeza que le faltaba a su historia. “Lamentablemente, no tengo datos concretos del nacimiento de mi hermano o hermana, pero sí tengo la absoluta certeza de que mi mamá quería que lo buscara”, dice.

Junto con Abuelas de Plaza de Mayo, Tiempo presenta el primer capítulo del ciclo Detrás de las Abuelas: historias que dan cuenta de su legado y la transmisión generacional, claves para mantener activas las búsquedas de los nietos y las nietas que falta encontrar.

Identidad e información

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