Si hay alguien que habría lamentado de un modo muy particular la invasión de Rusia a Ucrania esa es la ex funcionaria macrista Florencia Arietto, dado que esa circunstancia pulverizó la repercusión mediática de su ruptura con Patricia Bullrich –de quien fuera su garrote tanto en el Ministerio de Seguridad como, luego, ya desde el llano–, para incorporarse a la ensoñación presidencialista de Horacio Rodríguez Larreta.

Tal es la más reciente escala de su travesía, que arrancó en una suerte de progresismo arrabalero para terminar a la derecha de Atila. Una travesía hasta más intensa que la de Bullrich. ¿Qué resorte de su alma pudo haber hecho de esa mujer una tránsfuga de la política en su grado más extremo? Claro que en su historia se advierte una metáfora sobre la flexibilidad de las creencias. Pero hay que reconocer que siempre mantuvo un principio inamovible: “Figuración o muerte”. Lo prueba, por caso, su vasta trayectoria como panelista televisiva.

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El público descubrió su existencia en octubre de 2008 en el programa 6, 7, 8, de la Televisión Pública. Arietto estaba allí por ser la abogada de un “pibe chorro” que, durante una “entradera” en la zona residencial de Acassuso, habría liquidado al ingeniero Ricardo Barrenechea. Su actuación en el asunto fue memorable, porque dejó al descubierto el uso de menores como mano de obra delictiva por parte de La Bonaerense. Además, dijo sobre su pequeño cliente: “Se lo imputa por ser niño, pobre y vivir en un barrio humilde”.

Ahora bien, una década después, ya alternando las tareas ministeriales con el papel de opinadora estable del programa macrista Intratables, no se le corrió el maquillaje, al decir: “Los menores en las villas tienen ametralladoras rusas AK-47”. Vueltas desaforadas de la vida.

Pero regresemos a sus orígenes.

En la etapa fundacional de su carrera profesional también representó a sobrevivientes de la última dictadura. Incluso se la puede ver en el documental Milagros no hay, rodado por Gaby Weber en 2003, sobre los desaparecidos en la planta local de Mercedes Benz, donde Arietto testimonia como abogada de obreros que trabajaron en aquella automotriz.

Aquel fue uno de sus pasaportes para acercarse al kirchnerismo. Y ya a fines de la primera década del siglo solía practicar su puntería discursiva con Mauricio Macri, recientemente instalado en la jefatura del gobierno porteño. “No olvidemos –dijo entonces– que aquel hombre está muy flojo de papeles; tampoco olvidemos su procesamiento por integrar una red de escuchas que violentó la intimidad de las víctimas de la AMIA”.

También fue asesora del bloque de Proyecto Sur en la Legislatura, pero no sin coquetear con Elisa Carrió, quien, por cierto, jamás la quiso en las filas de la Coalición Cívica (CC).   

A continuación se produjo su etapa –diríase– deportiva al ser contratada como jefa de seguridad de Independiente. Aquello ocurrió durante el período de Javier Cantero al frente del club de Avellaneda. No es exagerado decir que fue calamitosa la experiencia de Arietto en el cargo, puesto que, con el loable propósito de combatir los barrabravas con la táctica de “divide y triunfarás”, no hizo otra cosa que fomentar la creación de dos violentísimas facciones. Eso ocurrió en 2013, cuando, para colmo, Independiente descendió a la B. Desde entonces los hinchas del rojo la consideran un pájaro de mal agüero.

Tras tamaño logro regresó a la política pura.  

Y Sergio Massa resultó otro de sus blancos predilectos. Cuestionando la política de seguridad que este desarrollaba en Tigre, no dudó en denostarlo por el uso de “un mecanismo muy peligroso para instalarse como opción en 2015, al asustar a la sociedad deformando el genuino debate del Código Penal”.

¿Qué hizo semanas después? Se sumó al Frente Renovador (FR).

Al tiempo, ya con Macri en la Casa Rosada, comenzó a disparar sobre la ministra Bullrich. Al respecto, no está de más exhumar una frase acuñada por ella en su cuenta de Twitter, cuando el crimen de Santiago Maldonado sacudía al macrismo: “Gendarmes desbocados y armados, la ilegalidad con la que se manejaron. Noceti dando la venia y Bullrich… ¿aún en funciones?”

¿Qué hizo meses después? Se sumó al equipo ministerial de Bullrich, convirtiéndose en su “dama de confianza”.

Desde diciembre de 2019, con Patricia ya coronada como jefa del PRO, la buena de Florencia continuó siendo su escudera, una responsabilidad que supo incluir ciertas tareas notablemente oscuras.

De hecho, nunca fue debidamente investigado el rol de ambas señoras en el motín de La Bonaerense, a fines del invierno de 2020.

El primer signo de tal crisis policial tuvo un carácter anticipatorio. Fue durante la noche del 6 de septiembre, cuando Arietto, muy ligera de lengua, soltó en un programa de TN que La Bonaerense “está viendo hacer alguna clase de movilización”. Y agregó: “Sé que hay una reunión para pedir mejoras salariales y el respaldo que no tienen, porque hay un discurso antipolicía. Y entonces tenemos un problema grave”.

En ese preciso momento, quizás al comprender que había metido la pata hasta la cintura, se deshizo en balbuceos.

Pero ese domingo pasaron desapercibidas sus palabras.

El “rechifle” de los uniformados se desató durante la mañana del lunes. Y resultó a todas luces un acto de sedición contra el gobierno de Axel Kicillof, cuyo momento más álgido fue el cerco de cientos de “huelguistas” armados hasta los dientes en torno a la quinta presidencial de Olivos. 

Las epopeyas de semejante dupla ya son parte del pasado. Ahora, tras el alineamiento de Arietto con Rodríguez Larreta, la ex ministra no disimuló su despecho al repetir una y otra vez a los oídos de sus íntimos: “Florencia quería ser jefa de Gobierno. Quería todo. ¡Es una mercenaria!”.

Lo cierto es que este alhaja de la política ya abreva en un nuevo desafío. Pobre Horacio.  «