La foto del cumpleaños de Fabiola Yañez en Olivos puede haber significado un cimbronazo para el oficialismo, el torpe detonador de pases de factura latentes dentro de la coalición de gobierno, y un episodio cuyo costo electoral, con las Primarias a la vista, aun es difícil conjeturar. Moralmente reprochable, la categoría de “error” que le adjudicó el gobierno al festejo que reunió, sin distancia ni barbijos, al presidente, su pareja y una decena de invitados, suena a poco, como sonó desdibujado –y tardío– el pedido de disculpas. Y el expediente de comparar esta transgresión a las reglas que el mismo Alberto Fernández fijó, como cabeza del Ejecutivo, con la implacable militancia anticuarentena de la oposición de derecha y de la prensa corporativa que ahora lo castigan, también es un recurso endeble. El presidente pifió, mal, en el terreno en el que, hasta aquí, le otorgaba a su gestión un balance favorable, en una coyuntura de descenso sostenido de contagios y flujo torrencial de vacunas. En esos dos territorios, el de la moral y el electoral, la foto de Olivos es una bala en el pie, otra más. Pero sería deseable que su eventual efecto sobre el voto, que será manijeado sin pausa por el periodismo macrista de aquí a septiembre, fuera visto desde la presidencia como el mal menor producido por este desatino autoinfligido. La consecuencia más preocupante atañe, precisamente, al manejo de la pandemia. La proyección del Monitor Público de Vacunación indica que hoy se habrán alcanzado los 10 millones de personas vacunadas con las dos dosis, un hito del plan de inmunización y principal activo de la política de salud pública del gobierno en una época aciaga. Ese capital, simbólico en la cifra y concreto en los hechos, corre el riesgo de ser dilapidado si episodios como este socavan la legitimidad de quienes están llamados a tomar medidas ante la emergencia, medidas que deben ser respetadas en pos del bien común. Nadie sabe cómo será el desenlace en la carrera contrarreloj entre la vacuna y Delta. La variante de origen indio ya concentra el 93% de los nuevos contagios en Europa. Las restricciones al ingreso de viajeros del exterior demostraron ser una eficaz barrera de contención, pero tarde o temprano, la circulación comunitaria de la cepa más contagiosa será una realidad. Y si el escenario epidemiológico recrudece, quizás haya que echar mano, nuevamente, a antipáticas restricciones. ¿Con qué autoridad moral, se preguntarán, previsiblemente, los medios concentrados y la oposición más cerril, nos dirá este señor que volvamos a encerrarnos, a tomar recaudos, a cumplir sin chistar lo que él escribe con una mano y borra con la otra? En esa encerrona se metió, acaso ingenuamente, el presidente. Si por estas horas dedica energías a averiguar cómo y quién filtró una foto que lo deja mal parado ante toda la sociedad, deberá invertirlas, de inmediato, en otra dirección, en enmendar el “error” con más y mejor política, y recomponer esa legitimidad, que es la piedra angular de la lucha contra la peor crisis sanitaria global de la historia.

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