En conmemoración de estos 200 años y en honor al patriota Mario Cafiero, se escriben estas ideas, que en marzo estarán desarrolladas en un libro que llevará este mismo título escrito por Mario Cafiero junto a Juan Godoy con el apoyo de Dionela Guidi y Rafael Defelitto, quienes contribuyeron a terminarlo para su edición.

Este 6 de noviembre de 2020 se cumplen 200 años de un acontecimiento nodal en nuestra historia: la toma de posesión efectiva y el izamiento por primera vez del pabellón nacional en las islas Malvinas. El interés y arduo trabajo que hiciera Mario Cafiero sobre esta Causa Nacional lo condujo a esbozar y plantear la Tesis de que las Islas Malvinas son argentinas y sudamericanas. En conmemoración de estos 200 años y en honor al patriota Mario Cafiero, se escriben estas ideas, que en marzo estarán desarrolladas en un libro que llevará este mismo título escrito por Mario Cafiero junto y Juan Godoy con el apoyo de Dionela Guidi y Rafael Defelitto, quienes contribuyeron a terminarlo para editarlo

El 6 de noviembre de 1820 David Jewett, Coronel de la Marina de las “Provincias Unidas en Sudamérica” al mando de la Fragata Heroína realizó en Puerto Soledad la toma de posesión de las islas Malvinas. El mismo dirige a los capitanes de todas las naves, allí ancladas la siguiente comunicación: “Tengo el honor de informarle que he llegado a este puerto, comisionado por el Supremo Gobierno de las Provincias Unidas de Sud-América, para tomar posesión de estas islas en nombre del país a que éstas pertenecen por la Ley Natural”. La toma de posesión de Jewett fue un acto jurídico que contó con todas las condiciones de validez (y no produjo queja alguna). Este constituye uno de los hechos históricos más relevantes que justifican el reclamo de soberanía de Argentina. La relevancia del hecho deviene en que se toma posesión efectiva del territorio, además de la basada en el principio jurídico uti posidetis iuri (como asimismo otros variados y contundentes argumentos). Y que a partir de allí se ejercieron actos soberanos hasta la usurpación británica en 1833. Se destaca que queda claro en el mensaje de Jewett, que respondió a órdenes del Supremo Gobierno de las “Provincias Unidas de Sud-América”.

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La cuestión radica en que en 1816 el Congreso de Tucumán de 1816 declaró la independencia de las “Provincias Unidas en Suramérica”. Un proyecto de construcción política en el que se involucraron los pueblos de la Patria Grande. Participan activamente en ese congreso los representantes de la provincia del Alto Perú (hoy R. P. Bolivia); la Provincia Oriental (R.O. Uruguay) ya había decidido en 1815 ser parte de las Provincias Unidas de Sudamérica pero sabemos no concurre al congreso por desavenencias con Buenos Aires. Se incorporará formalmente a las Provincias Unidas en 1825, tras su independencia del Imperio del Brasil; y Paraguay ya había contestado en 1811 que se gobernarían por sí mismos hasta que no se forme el Congreso general.

Esto en cuanto a las provincias del Virreinato del rio de la Plata, pero también corresponde analizar el caso de Perú y Chile. Recordando que como decía Arturo Jauretche la historia es la política del pasado, y la política la historia del presente, al mismo tiempo que desde nuestras tradiciones e historia se conforma nuestra identidad y conciencia nacional, desenterrar esta historia no es solo reivindicar un hecho del pasado, sino que tiene una enorme actualidad y futuro sobre este caso de colonialismo aberrante en el siglo xxi, que lleva a la disputa territorial más extensa del planeta en la actualidad (son más de 3 millones de kilómetros cuadrados). Esta perspectiva desde la Patria Grande, fundamentada históricamente, implica un enorme fortalecimiento del reclamo de soberanía ante el Reino Unido. Y también proyecta a Suramérica con mucha más fuerza sobre el continente antártico. Recordemos que la balcanización de Suramérica es obra principalmente de Gran Bretaña (que despliega una estrategia de dominación “invisible” como la llama Scalabrini Ortiz), y no está desligada de la cuestión Malvinas. Porque, como afirman los VGM desde las postrimerías de la guerra, “volveremos a Malvinas de la mano de América Latina”, como asimismo argumentamos desde el ideario del general Juan Domingo Perón, retomado por el general Jorge Leal que la Antártida también será Suramericana o no será nuestra.

La idea central del pensamiento de Mario era sostener desde la tradición histórico-política, que las Malvinas son argentinas y también suramericanas, lo que nos da la posibilidad de pensar una estrategia conjunta a partir de la apertura de un abanico concreto en torno a la explotación económica de los recursos del Atlántico Sur por parte no solo de Argentina, sino también de los demás países que integraron esas “Provincias Unidas en Suramérica”. Considerar que Malvinas puede significar el nuevo marco territorial y simbólico, desde donde podamos reconstruir el proyecto de unidad continental que soñaron nuestros libertadores: San Martín, Bolívar, Artigas, entre otros, como asimismo los muchos que levantaron esta bandera en el siglo XX, y también aquellos grandes patriotas que dejaron una huella imborrable en el largo camino de la Patria Grande, que dieron enormes batallas por la unidad, y que marcaron este siglo. La Causa Malvinas es la gran causa nacional que afirma nuestro pueblo, y lo unifica. Malvinas es justicia histórica contra el colonialismo anacrónico, símbolo de cohesión, pero también interés. Partir de la realidad actual, de nuestra situación, resulta central para pensar la estrategia a seguir. Malvinas constituye un puntal para pensar en otros términos la unidad de la Patria Grande.

Para finalizar, en este contexto particular que nos toca atravesar, entendiendo que debemos estar (como afirma Francisco), todos en la misma barca, recordamos que Mario afirmaba que ante una amenaza, la mejor forma de protegernos es la comunidad, donde la “solidaridad no es una utopía, sino una necesidad”.