Tras más de dos años, con una pandemia de por medio, llega el veredicto del juicio oral Contraofensiva I, que será recordado por varios hitos: fue el primero en sentar a toda la estructura de Inteligencia del Ejército en el banquillo de los acusados y, en pleno aislamiento, comenzó a ser transmitido en vivo por un medio popular como La Retaguardia, lo que permitió después sumar otros juicios a esa modalidad de difusión pública.

Sin embargo, uno de los rasgos más impactantes es la revisión del rol histórico de la denominada “Contraofensiva montonera”, y el derecho a la resistencia contra la dictadura. 

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Buena parte de ese aporte lo hicieron las casi 200 personas que declararon como testigos, quienes pusieron el eje en las vidas de aquellos hombres y mujeres militantes que volvieron al país para realizar, sobre todo, acciones políticas, sindicales y de agitación contra el sangriento régimen militar.

El debate arrancó en marzo de 2019. Tras más de dos años de audiencias, este jueves 10 de junio el Tribunal Oral Federal 4 de San Martín podría dictar sentencia, si alcanza el tiempo después de las últimas palabras de los seis imputados.

“Más allá de lo que queremos, que son condenas a perpetua y cárcel común, hemos logrado poner a nuestros familiares, a compañeros de esa época de la Contraofensiva, en un lugar histórico. Para nosotros fue un hecho de resistencia a la dictadura y hemos puesto en valor a cada uno de los compañeros que participó y fueron asesinados, secuestrados y desaparecidos”, resalta Gustavo Molfino, querellante y testigo.

Molfino tenía 17 años cuando decidió participar de la Contraofensiva. Se había exiliado junto con su madre y hermanas y regresó al país en 1979. Al poco tiempo, cuando volvió a salir del país, se enteró de que su hermana Marcela había sido secuestrada. Unos meses después, en Lima, Perú, fue secuestrada su madre Noemí en un operativo conjunto del Ejército argentino y peruano del que él logró escapar por poco. Su hermana continúa desaparecida mientras que su madre fue asesinada en España.

“Todo lo que había de Contraofensiva y Montoneros estaba tergiversado y nunca se había escuchado nuestra versión de manera pública. Hasta los excompañeros eran muy críticos. A partir de los testimonios en el juicio oral se comienza a conocer realmente lo que pasó y quiénes eran los que participaron. Se empieza a desarmar la teoría de los dos demonios y los discursos instalados en la prensa y la sociedad, incluso en el progresismo, sobre lo que significó la Contraofensiva y Montoneros”, señala Daniel Cabezas, realizador audiovisual y director del portal Mundo Lesa.

Daniel Cabezas ya había dado testimonio en la causa ESMA por el secuestro de su madre, Thelma Jara, y en la causa Campo de Mayo, por el secuestro de su hermano, Gustavo, todavía desaparecido. Esta vez le tocó declarar por su caso. “Les pedí permiso a mi madre y hermano porque me tocaba ocuparme de mí”, explica. En su testimonio contó que se sumó a Montoneros en México, donde se había exiliado tras el secuestro de su hermano, y pidió sumarse a la Contraofensiva. En 1980, ya en Argentina, fue secuestrado y llevado hasta Campo de Mayo, donde estuvo seis días detenido hasta que fue trasladado a un penal, y en 1984 recuperó la libertad.

Molfino y Cabezas coinciden en que fue fundamental para cambiar el discurso sobre la Contraofensiva poner el foco en el derecho a la resistencia a la dictadura desde los testimonios, algo que fue luego retomado en los alegatos por la fiscal Gabriela Sosti y las querellas de Pablo Llonto y de las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires.

“Fuimos parte de una resistencia, aunque no la única. Fuimos un eslabón de un montón de hechos de resistencia: las Madres, familiares, los trabajadores…”, destaca Molfino y agrega: “Yo no veía otro camino para mi vida que ese, entendía que había que combatir a la dictadura. Esa decisión me la termina de cerrar mi vieja. Muchos años después, durante el juicio, un compañero de Ligas Agrarias me contó que se encontró con mi vieja en Madrid y le dijo: ‘Mima, por qué no te vas a Francia, con tu hija, Alejandra’, y mi vieja le responde: ‘Algo hay que hacer para echar a los milicos’. Todos teníamos un convencimiento de lo que había que hacer”, agrega el querellante y fotógrafo que se encargó de registrar con su cámara buena parte de los juicios de lesa humanidad llevados a cabo en la Argentina. 

“Nuestro pueblo lleva en el ADN el derecho a la resistencia. Cuando llegaron los primeros colonizadores, los españoles, los que vivían acá los mataron y retrasaron la colonización cien años por resistir a una invasión. Después podés seguir viendo los hitos de resistencia hasta llegar a Contraofensiva. Si querés llegar hasta hoy, al movimiento de mujeres y las organizaciones sociales. La resistencia está permanentemente en nuestro pueblo”, concluye Cabezas. 

Aparato de Inteligencia 

El juicio sienta por primera vez en el banquillo de los acusados a toda la estructura de Inteligencia del Ejército, desde la jefatura de Inteligencia del Estado Mayor, el Batallón 601 de Inteligencia, el Comando de Institutos Militares y el Destacamento de Inteligencia 201 de Campo de Mayo. 

Los acusados, Jorge Norberto Apa, Eduardo Eleuterio Ascheri, Jorge Eligio Bano, Marcelo Cinto Courtaux, Roberto Bernardo Dambrosi y Luis Ángel Firpo, no son juzgados por su rol en los centros clandestinos o en los operativos, sino por integrar un aparato que planificó y ordenó esos crímenes. Por lo que una condena podría servir como antecedente en otras causas para juzgar a los responsables de inteligencia por hechos en el resto del país. «