La libertad es esto: traspasa clases sociales, colores de piel, ideologías, cuentas corrientes, edades. Ahora todas lo pueden elegir. La emoción se derrite en lágrimas y orgullo. Ellas, muchas de ellas, lo lograron. Nosotros, muchos de nosotros, las acompañamos. Ellas enseñaron el camino y la pasión para transitarlo. Nosotros aprendimos y empujamos codo a codo, compartimos el pañuelo verde, vivimos en conmoción desde la madrugada del miércoles. La IVE es un salto gigante, pero es sólo un escalón. Otro hito, por caso, fue la Ley de Identidad de Género. También lo es la Ley de los 1000 días. Restan muchos otros pasos, formales o concretos, y muchos otros derechos.

Esta emoción no debería taparnos otras cuestiones. Por ejemplo, que hubo 38 senadores que votaron positivo por la nueva ley; pero que hubo 29 que no lo hicieron. Y que entre ellos, varios pertenecen al mismo partido del presidente de la Nación, que llevó bien alta la bandera del aborto legal en su campaña y que ahora cumplió. 

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Esa emoción tampoco debe tapar lo que se viene. Terminó el 2020. Festejemos los que podemos. No olvidemos que fue un año en el que todos perdimos algo o alguien, al menos, nada menos. Pero aunque parezca que la realidad se prolonga peligrosamente más allá de los brindis y los augurios, ante la llegada del 2021, no se puede soslayar que los desafíos son extremos, profundizados después de la impiadosa pandemia, en una sociedad con tan injusto reparto, en un sistema tan desigual, empeorado sensiblemente por los también impiadosos cuatro años macristas.

No será nada sencillo para el gobierno. Su principal desafío, pesado y obligatorio, es intervenir con decisión para atacar esa desigualdad extrema y seguir metiendo baza, pero en serio, en la concentración  de unos pocos, para mejorar la distribución, para atacar la pobreza y todos los desastres sociales que conlleva; para generar trabajo y que los salarios se despeguen del piso, para seguir otorgando derechos.

Deberá articular contra la maquinaria de impedir, de generar daño y de propugnar justamente la opción contraria: la oposición política, pero también la mediática y, vaya sino, la Justicia del lawfare. Claro que esa es otra pelea central, también titánica: la reforma judicial tal vez sea festejada puertas adentro de la Rosada, con la misma pasión que la de los pañuelos verdes, a sabiendas de que representa una pulseada fundamental para el futuro, el del gobierno y el de todos nosotros. Alguna vez se le preguntó a CFK qué porcentaje de poder real había acumulado en su mejor momento y aseguró que no más del 20 por ciento Probablemente, AF retenga hoy menos que eso (a pesar del apoyo de un amplio sector de la ciudadanía) pero, además, los leones a los que se enfrenta son cada día más voraces, más inescrupulosos, y encima tienen experiencia, saben de qué modo actuar ante los gobiernos populares. 

Habrá que seguir resistiendo en la tan mentada “nueva normalidad”, ahora que ya son sólo astillas aquellos sueños de que el mundo iba a ser mejor, más humano y solidario. Mírese sino la pelea por las vacunas (afuera y adentro). Por lo pronto, otro derecho postergado, el de la salud, tendrá su hito cuando la vacuna nos aleje un poco de la pesadilla de estos tiempos del demonio.