“Raro y sospechoso fueron los camiones del correo Encotel que entraban a las 8 de la noche. Iban directo a la pista de los aviones”, recordó el testigo. “¿Sabe qué transportaban?”, indagó el fiscal. “Personas”, respondió. “¿Y cómo lo supo?”, insistió. “Porque los he visto”.

El diálogo ocurrió en la última audiencia del juicio por crímenes de lesa humanidad por los Vuelos de la Muerte en Campo de Mayo que se realiza ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 2 de San Martín, que tiene en el banquillo a cinco exmilitares imputados por cuatro víctimas. El testigo es Víctor Manuel Almirón, el último en hablar en la audiencia del lunes en la que contó que cumplió el Servicio Militar Obligatorio en el Batallón de Aviación 601 de Campo de Mayo en 1977, lugar desde donde partían los aviones Twin Otter y Fiat G2-22 con los que el Ejército arrojaba detenidos desaparecidos al mar.

El juicio comenzó el 5 de octubre del año pasado en modo virtual en el TOCF Nº 2 de San Martín, ante los jueces Walter Benditti, Esteban Rodríguez Eggers y Eduardo Farah. Se trata de la causa por Irregularidades en el Batallón 601 de Campo de Mayo que tiene como víctimas a Rosa Novillo Corbalán, desaparecida en 1976 en Campana; a Juan Carlos Rosace, desaparecido el 5 de noviembre de 1976 en Santos Lugares; Adrián Enrique Accrescimbeni, asesinado el 23 de noviembre 1976; y a Roberto Ramón Arancibia, desaparecido el 11 de mayo de 1977.

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Sus cuerpos fueron devueltos por el agua a las costas del Río de La Plata en diciembre de 1976 y 1977, y es lo que permitió imputar y juzgar a Luis Del Valle Arce, Delsis Ángel Malacalza, Alberto Luis Devoto, Eduardo José María Lance y Santiago Omar Riveros, todos jerarcas del Batallón de Aviación, que enfrentan cargos por privación ilegal de la libertad, torturas y homicidio agravado.

Si hay algo que este juicio está dejando en claro es que existieron los vuelos de la muerte en Campo de Mayo. Lo que era una hipótesis, jornada tras jornada, los testimonios de los exsoldados conscriptos lo van volviendo realidad.

Lo que se está probando en este juicio es que los vuelos de la muerte fueron una forma de la práctica sistemática de eliminación de las personas durante la dictadura que también empleó el Ejército, explicó a Tiempo la abogada Verónica Bogliano, querellante por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires en el debate. “Este juicio se trata de los Vuelos de la Muerte, que es muy difícil poder probarlos si no aparecen los cadáveres de los desaparecidos. Esta causa comenzó por cuatro cuerpos que aparecieron en Punta Indio (Provincia de Buenos Aires), que eran de personas que se sabía, por testimonios de sobrevivientes, que habían estado en Campo de Mayo”, detalló la letrada que también pertenece a H.I.J.O.S. La Plata.

La existencia de los vuelos en esa guarnición no es un dato nuevo. “Es algo que se sabía desde hace un montón. Y por las declaraciones que surgen en el debate, desde el principio de la dictadura en 1976 había vuelos que se hacían para arrojar personas al mar”, agregó.

¿No fue solo una práctica sistemática de eliminación de personas de la Marina, sino también del Ejército?, quiso saber este diario. “En Campo de Mayo, sin dudas. Todos los testigos indican que entraba un camión, pero como no había un camino directo desde donde estaba el CCD El Campito al campo de aviación, es factible que el camión saliera desde el centro y luego ingresara a la pista”.

El proceso de San Martín es el primero en juzgar los vuelos de la muerte de forma autónoma, poniendo en el centro de la investigación las estructuras que los posibilitaron. “Este juicio permite conocer que el Ejército hacía lo mismo que la ESMA en la eliminación de personas”, explicó a este diario el fiscal del juicio, Marcelo García Berro. Pero aclaró: “Al contrario de lo que ocurrió en la ESMA, donde hubo muchos sobrevivientes, una de las particularidades de Campo de Mayo es que hay muy pocos y es poco lo que se conoce. Los testimonios nos estarían permitiendo ver que efectivamente esos vuelos existieron, que fue una de las formas con las que el Ejército se deshacía de los cuerpos y pretendía que desaparecieran”, detalló el representante del Ministerio Púlico.

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Lo que vieron los soldados

Lo que vio el testigo Almirón sucedió cuando hacía guardias como soldado conscripto. “Los camiones de correo de la empresa Encotel, a la noche, venían cerrados con candado, con patrulleros adelante y atrás. Iban directamente a la pista de los aviones”, contó el testigo en la última audiencia del juicio. Y recordó: “Vi un muchacho de unos 20 años, de barba negra, agarrado de los barrotes, mirándome. Vi que entró el camión y cuando pasó por delante nuestro, el pibe nos miró. Una mirada como diciéndome sacame de acá. Se habrá dado cuenta que yo era un colimba. Dio marcha el camión y él me siguió mirando hasta que se perdió. Se dirigía a la pista de los aviones”.

Como todos testimoniantes, él era un soldado conscripto en el Batallón de Aviación. El juicio por los vuelos de la muerte de Campo de Mayo está construido con los relatos de los exconscriptos que estando de guardia vieron ingresar camiones con personas, escucharon los despegues, encontraron ropas, bijouterie u otros elementos perdidos en la faena militar. Ya declararon más de 40 personas que hicieron el servicio militar obligatorio en esa guarnición militar durante la dictadura.

En la audiencia del lunes 8 de marzo el exsoldado conscripto Guillermo Torres recordó que en octubre o noviembre de 1976, cuando hacía guardia, vio ingresar un colectivo con personas entre las que reconoció a un joven con el que jugaban al fútbol en su ciudad natal de Campana. “Un muchacho conocido mío de la infancia que era de Campana. ¿Qué anda haciendo por acá ese muchacho?, pensé”, contó a los jueces. Y completó: “El colectivo se dirigió a la zona de hangares y a la pista. Diez minutos después despegó un avión”.

Aunque en el juicio hay familiares y otro tipo de testigos, la diferencia con otros debates es que la verdad se va construyendo con la voz de los colimbas. “Se trata de personas que en ese momento tenían 18 años. Y sin ellas hubiera sido imposible la reconstrucción de los vuelos por el pacto de silencio de los militares. Los conscriptos recuerdan, cuentan lo que vieron y se ha podido reconstruir lo que ocurría”, remarcó García Berro.

José Luis Miceli hizo el servicio militar obligatorio en 1976. “Corrían comentarios de que estaban los famosos vuelos fantasmas y vuelos de la muerte. Era muy restringido eso, pero se sabía que algo pasaba”, recordó. Y se interrumpió para aportar lo que las querellas creen que puede ser un dato clave: “Tengo una cosita más que puede servir o no: había un oceanógrafo que había entrado. Nos llamó la atención, ¿un oceanógrafo en aviación del Ejército? Se llamaba Delfín Varela y era capitán. Se decía ¿y este qué hace? Y este estudia las corrientes, del mar, de los ríos. De eso sí me acuerdo”.

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Bogliano cree que ese dato es clave. “Al principio de la dictadura hubo cuerpos que aparecieron en las costas de Uruguay y eso fue un problema. Los arrojaban en el Río de La Plata, Punta Indio es también el río, es decir que no llegaban hasta el océano para arrojar a los desaparecidos. Después de eso comenzaron a consultar al oceanógrafo para saber las corrientes y dónde arrojarlos”, detalló la abogada.

“Esas comienzan a ser las conjeturas que vamos armando con los retazos de la verdad que logran recordar los soldados. De todas formas, hay pruebas certeras de que los vuelos existían, de que los responsables son los del Batallón de Aviación 601 de Campo de Mayo que están siendo juzgados”, concluyó.  «