Siete mil pasos diarios. En el patio del pabellón de una cárcel federal o en ronda compulsiva en un departamento de la Ciudad de Buenos Aires. Hay cosas que ya no van a cambiar en la vida de Luis D´Elía. “Soy una persona de 63 años, diabético insulinodependiente y con tres by pass. Tomo diez comprimidos distintos, más la insulina y los pinchazos, uno a la mañana y otro a la noche”, enumera como en un recitado de memoria. El lamento recién se filtra después: “Con todo eso no me querían dar el arresto domiciliario, ni siquiera con carácter transitorio”.

El 25 de febrero de 2019, poco después de las once de la noche, D´Elía se presentó de manera espontánea en los tribunales de Comodoro Py para empezar a cumplir su condena de tres años y nueves meses de prisión por un hecho ocurrido en 2004, es decir, 15 años antes: la toma de la comisaría 24 de La Boca, luego del crimen del militante Martín “Oso” Cisneros. El dato tiene un par de lecturas inapelables. La primera es que D´Elía no fue acusado de corrupción, desbaratando un imaginario construido maliciosamente y que lo ubicaba en la lista de funcionarios de la gestión de Cristina Kirchner detenidos por su inconducta. La segunda, algo más cruel, es que mientras D´Elía dormía todas las noches en una celda acusado de instigación a cometer delitos, el asesino de su compañero de militancia se ufanaba de haber recuperado la libertad.

“Soy el único con certificado de preso político –explica, ya no desde el Complejo Penitenciario de Ezeiza, sino desde el departamento de su pareja donde cumple la prisión domiciliaria–. El cable 1222 de WikiLeaks revela que la embajadora de Estados Unidos Vilma Socorro Martínez le pidió mi detención a Mauricio Macri (en la época en que era Jefe de Gobierno porteño) por lo de La Boca. Esta causa es trucha, no tendría que haber estado ni una hora preso”.

A principios de marzo, la defensa del referente piquetero ya había pedido el beneficio del arresto domiciliario por cuestiones de salud a través de un recurso de habeas corpus presentado ante el Tribunal Oral Federal N°6, el mismo que lo había sentenciado.

«Mi defendido, aún inocente, morirá preso», advirtió su abogado, Adrián Albor, y agregó: «Los únicos responsables serán los jueces que lo condenaron de manera injusta, que le impusieron una pena que no correspondía y que le negaron la posibilidad de cumplirla en su casa».

Pero el traslado no se concretó. Con el correr de los días aumentó la cifra de muertos por la pandemia de Covid-19 y también la exigencia a la justicia de un trato más indulgente. “Los organismos de Derechos Humanos pedimos que le otorguen el arresto domiciliario a Luis D´Elía por sus condiciones de salud, mientras se revisa su condena por participar en una protesta social”, decía el documento firmado por Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora e H.I.J.O.S. Capital, entre otros.

Finalmente, el pasado 4 de abril, la jueza Sabrina Namer acató la recomendación de la Cámara de Casación y concedió el beneficio luego de que D’Elía fuera internado en el Sanatorio Anchorena por un cuadro febril compatible con los síntomas del coronavirus.

Namer exhibió su desacuerdo al destacar en la resolución que “D’Elía no quiso tomar los antibióticos ni los antitérmicos que los galenos le dieron para su patología, y tampoco quiso ser atendido en el Hospital Penitenciario, razón por la que se lo trasladó a un nosocomio extramuros”.

D´Elía estuvo internado cinco días recibiendo tres tipos de antibióticos –dos por vía endovenosa– hasta que el reactivo por Covid- 19 le dio negativo.

“Sentí mucho temor por mis compañeros de pabellón –recuerda–, porque estaba seguro de que yo iba a superar la enfermedad, pero hay mucha gente en la cárcel que, si les agarraba una cosa de éstas, no iban a poder superarlo. Me preocupaba ser un riesgo para los demás”.

Lealtad

El tono de D´Elía es reposado, como si la salud frágil hubiera también minado su carácter belicoso, ese que espanta por igual a gorilas, progresistas, fachos y moderados. Él jura que es el mismo, que está volviendo con su programa de radio, que está en contacto con compañeros del todo el país porque se “maneja mucho con Zoom”, que sigue atendiendo cuestiones de su organización. La única diferencia que reconoce está en su aspecto: solo en el último año bajó 34 kilos.

“La comida que te da el Servicio Penitenciario casi que ningún preso la come. Le dicen ‘la tumba´ por lo mala que es”, justifica.

D´Elía está convencido de que, además del coronavirus, las influencias de funcionarios de primera línea del actual gobierno influyeron en el otorgamiento del arresto domiciliario. Sin embargo, no es algo que haría público. Sabe que muchas veces su cercanía es usada para desprestigiar.

– ¿Siente algún rencor?

– Ninguno. Me mantengo muy leal. Estoy preso por razones políticas y quiero creer que voy a salir también por la política. No hay argumentos jurídicos.

– ¿Cómo sigue la vida?

– Soy del grupo de más alto riesgo, pero cuando termine la pandemia tengo que volver a la cárcel. El objetivo es hacerte daño, sacarte de la cancha. No lo van a lograr.