El mapa de la inscripción de alianzas electorales en las 24 provincias del país tiene a primera vista la apariencia de un caleidoscopio desordenado que genera múltiples combinaciones. La imagen del juego de espejos y colores es un recurso didáctico que permite describir el orden confuso de las coaliciones políticas que se inscribieron en la Justicia. 

Uno de los rasgos particulares de esta elección es que partidos políticos que compiten en distritos claves, como Cambiemos y 1País (massismo, Libres del Sur y GEN) en la PBA, forman parte del mismo frente, en condición de aliados, en otras provincias: es el caso de San Luis, donde se creó Frente Avanzar y Cambiemos por San Luis, en el que el PRO estrechó filas con integrantes del frente 1País. Otro caso curioso es Jujuy. En la gobernación de Gerardo Morales (UCR) el massista Carlos Haquím reviste como vicegobernador: para la próxima competencia electoral, sin embargo, el oficialismo del gobernador Morales inscribió el Frente Jujeño Cambiemos mientras que el massismo anotó el Frente Renovador 1País. La coexistencia de alineamientos a nivel nacional con competencias a nivel provincial será, así, una de las paradojas de este llamado a las urnas.

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El otro fenómeno singular de este turno legislativo será la puja interna de la galaxia pan-peronista. La decisión de Cristina Fernández de registrar una nueva alianza electoral –Unidad Ciudadana- y no competir en las PASO del justicialismo en el territorio bonaerense se extendió a todo el mapa nacional. Una de las consecuencias de la iniciativa de CFK fue la casi desaparición de la sigla Frente para la Victoria, el sello electoral con el que compitió el kirchnerismo desde 2005. Este año, el FpV como tal sólo se inscribió en Santa Cruz y Formosa. En Neuquén y Catamarca, por citar dos casos, sectores del kirchnerismo compiten como Unidad Ciudadana; en Tierra del Fuego, Salta y Corrientes, por su parte, eligieron llamarse Frente Ciudadano y Social o Frente Ciudadano para la Victoria. Sin embargo, para sumar otro dato a la complejidad de la gradual dispersión del peronismo –consecuencia natural de la puesta en discusión de la hegemonía interna- es que en otras provincias –La Pampa, San Luis, Formosa, La Rioja- el justicialismo sumó en su coalición al kirchnerismo local.

El gran desafío que le surgió a CFK desde las filas del peronismo lo encarna Florencio Randazzo. Su Frente Justicialista Cumplir, inscripto ya en la PBA, no se anotó como tal en ningún otro distrito electoral del país. Sin embargo, la gobernadora de Tierra del Fuego, Rosana Bertone, sumó a la coalición que lidera, llamada Frente de Unión, al partido Hacer por el Progreso Social, agrupación creada por el propio Randazzo. La decisión de Bertone se puede leer como una muestra de sintonía con la intención de Randazzo de promover el surgimiento de una etapa ‘poskirchnerista’ dentro del PJ. Está claro que el resto de los jefes locales del peronismo, mientras cada uno disputa en su terruño, esperará el resultado de la elección bonaerense para ver cómo salen Cristina y Randazzo de esta situación, impensada meses atrás.

En relación a la convivencia -conflictiva pero funcional para la marcha del gobierno- entre el PRO y la UCR dentro de la alianza Cambiemos, la inscripción de alianzas muestra un avance notable de la coalición oficialista en su objetivo de implantarse a lo largo del país. Cambiemos se inscribió en casi todas las provincias, con la -única y no inocente- excepción de la estratégica CABA, el distrito que vio nacer al macrismo: esa excepción hizo posible que Martín Lousteau y el radicalismo porteño no pudieran competir internamente en una eventual gran PASO de Cambiemos. La sociedad entre PROs y radicales sumó una muestra de amor en la provincia de Santa Fe: el intendente de la capital, el radical José Corral, figura expectante desde el punto electoral, forzó una ruptura interna de la UCR para abandonar el Frente Progresista Cívico y Social con alrededor del 10% de los municipios santafesinos.

El complejo y cambiante mapa de las alianzas electorales también muestra que Sergio Massa optó por reforzar y refundar su coalición, el frente 1País, y que en simultáneo puso en marcha un proceso gradual con el que busca posicionarse para 2019 y que incluye dar por terminada la etapa de ‘oposición responsable’ que protagonizó en el último año y medio. Otro aspecto interesante de la alternativa que eligió CFK al fundar una nueva coalición y no competir internamente, que dispara el debate, es si esa determinación puede poner en riesgo la subsistencia del justicialismo tal como se lo conoció hasta hoy. Esta semana, algunos editorialistas vaticinaron la implosión del peronismo, similar a la del radicalismo en 2001. Con esta hipótesis como gran interrogante, Tiempo consultó a varios analistas de la actualidad política y su historia reciente.

Politólogo y editor de la edición argentina de Le Monde Diplomatique, José Natanson descree que la competencia ‘por afuera’, que eligió el kirchnerismo con la Unidad Ciudadana, signifique una modificación sustancial de su propia tradición. “Si usted se fija en su pasado, el peronismo siempre se divide y se vuelve a unir. (Antonio) Cafiero desafió a Herminio (Iglesias) en 1985, y luego se quedó con el control de la estructura partidaria. Cristina y Chiche compitieron en 2005. Así que, que el PJ se divida y se reunifique es parte de la historia de su propio funcionamiento”, aseguró. “Esa hipótesis analiza de un modo un poco rígido lo que son los partidos. El peronismo es un espacio que sólo se reconstruye con un liderazgo. Y no hay otro mecanismo para reconstruir ese liderazgo que la audacia”, coincidió Julio Burdman, también politólogo e investigador especializado en peronismo.

Para Burdman, “si Cristina tiene éxito en esta jugada riesgosa seguramente terminará liderando el espacio pan-peronista. Si no lo tiene, se abrirá un período de fuerte reacomodamiento”. Doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Conicet, Ana Natalucci cree que hay que diferenciar los comicios legislativos de los ejecutivos. Por eso mismo, propone, hay que “desdramatizar” esta elección. “En una legislativa el voto tiende a dispersarse, por lo que es muy difícil construir una mayoría. Si es cierto que puede ser que necesites algún nombre nuevo que motorice. Yo veo como que hay mucho apuro por llegar a 2019. Pero los tiempos sociales no son los tiempos electorales. Estas son las primeras elecciones legislativas después de que una fuerza estuviera 12 años en el poder: es razonable que haya reacomodamientos e incertidumbre. Ojo, a veces parece que al macrismo sólo se lo puede vencer desde el Congreso y no es así”, advirtió Natalucci.

Máster en Ciencias Sociales y secretario de Comunicación de la CTA, Carlos Girotti le incorpora una faceta propia al análisis. “Existe un temor visceral, casi salvaje, a la reunificación del movimiento popular en nuestro país. Por eso se asimila esta coyuntura electoral con un nuevo 2001 y la implosión del radicalismo. Es evidente que hay miradas que creen que el campo popular se puede recomponer dentro de los márgenes que impone el propio modelo, una recomposición tolerada y promovida por el poder económico. Este es el telón de fondo de estas elecciones”, analizó. «

Alianzas inscriptas para las PASO

Buenos Aires – 13
Ciudad de Buenos Aires – 7
Córdoba – 6
La Rioja – 6
Neuquén – 6
Corrientes – 5
Jujuy – 5
Mendoza – 5
Santiago del Estero – 5
Tucumán – 5
Entre Ríos – 4
Misiones – 4
Río Negro – 4
San Juan – 4
Santa Cruz – 4
Tierra del Fuego – 4
Catamarca – 3
Chaco – 4
Chubut – 3
Formosa – 3
La Pampa – 3
Salta – 3
San Luis – 3
Santa Fe – 3