La exvicepresidenta Gabriela Michetti transformó una figura asociada a la esperanza en parte del sistema de engaños del gobierno de Mauricio Macri. La luz al final del túnel, imagen que popularmente se usa para darse ánimo, para seguir caminando aunque se esté rodeado de oscuridad, quedó pegada a los mensajes falsos que caracterizaron los cuatro años de Cambiemos.

En este momento se transita por un túnel. Y no es el tren fantasma del viejo Italpark. Es la pandemia. Al avanzar se escucha el sonido de los compresores de los respiradores de terapia intensiva, caen sobre la piel las gotas de sudor de las enfermeras que cobran menos que la canasta básica. Se suma el golpe económico que la pandemia ha implicado para mucha gente, a pesar de los esfuerzos del gobierno para que el brazo del Estado llegue a todos. Alcanzó incluso a millonarios que montaron sus fortunas sobre el trabajo esclavo, como Luis Etchevere, que cobró el ATP.

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En la película Las horas más oscuras se muestra con una extraordinaria actuación de Gary Oldman la etapa previa a la decisión del exprimer ministro inglés Winston Churchill de ir a la guerra contra Adolf Hitler. Toda la película recorre la tensión entre dos caminos posibles: pactar con Alemania a cambio de que no ataque a Inglaterra en su avance sobre Europa o declarar la guerra. Estas dudas recorren el debate político inglés y el alma del propio Churchill. Finalmente opta por la guerra, aunque la superioridad militar alemana era indiscutible. Y ahí surgen algunos de sus discursos más emotivos, la famosa frase “sólo prometo sangre, sudor y lágrimas”, entre otras.

No hace falta irse tan lejos para encontrar mensajes que proponen una mística en momentos difíciles. Se pueden repasar pasajes del discurso de asunción del expresidente Néstor Kirchner, ahora que se cumplirán 10 años de su muerte y 12 meses del triunfo de Alberto Fernández. En medio de la crisis terminal en la que había quedado el país tras el ciclo neoliberal largo de la década del ’90, dijo: “Vengo a proponerles un sueño”. Era la frase ordenadora del discurso. Es la que resuena cuando se le pide a la memoria hurgar en los recuerdos de esa jornada.    

Si no se tuvo relación personal con alguien solo se puede intuir cómo fue en la vida privada adivinando detrás de gestos, tonos. Es una composición que no deja de ser imaginaria. En ese acercamiento intuitivo puede adivinarse que Kirchner, apasionado, era transparente. Lo que podía percibirse públicamente no debía ser tan distinto al Néstor privado. Es la antítesis de Macri, siempre contenido para mostrarse en apariencia moderado, controlando cada palabra, cada pestañeo, cada respiración.

En este túnel de la pandemia, la extrema derecha, que son los medios del establishment, se ha propuesto culpar al gobierno del Frente de Todos por las consecuencias que en el mundo provoca el Covid-19. En los portales de noticias se habla de la caída de la economía en Europa culpando al coronavirus, pero al mencionar a la Argentina se responzabiliza al oficialismo. El ataque no tiene límites éticos ni periodísticos.

Ese mensaje inicial de Néstor en 2003, su tono y su sentido, es un faro en este momento: volver a los sueños.

No se trata de que el gobierno no haya hecho propuestas trascendentes ni de que muchas decisiones no lo sean. Cuando asumió el Frente de Todos el mensaje con tendencia al equilibrio, a la búsqueda de diagonales y puntos de encuentro, era el indicado para lo que podría considerarse el tercer kichnerismo. Tenía como misión central derrotar al neoliberalismo y luego proponerse como proceso superador. No hay nada que pueda considerarse definitivo y libre de la necesidad de corregir. La continuidad de un proceso político debería siempre tratar de proponerse como superadora de su fase anterior.

Algo de esta necesidad de volver a los sueños comenzó a desplegar el presidente Alberto Fernández en el discurso que brindó en la CGT el 17 de octubre. “Llegó el momento de la reconstrucción” tiene ese aura. Porque este túnel tiene una luz por delante pero también puede encontrarse otra mirando hacia atrás, en la historia reciente, en la fuerza apasionada de Kirchner. «