El miércoles Jorge Lanata entrevistó en su programa de radio en AM 790, a Javier Buján, interventor designado por el Poder Ejecutivo en la rectoría del Instituto Universitario Nacional “Madres de Plaza de Mayo”.

Al fin se le escuchó la voz al pollo de Angelici, juez porteño en uso de licencia, denunciado por maltrato laboral en la Justicia de la Ciudad y por los trabajadores del INADI, donde probó suerte antes de hacerlo en el IUNMa.

En el reportaje, Buján se quejó por los contenidos de una materia que se dictaba en el Instituto hasta el momento de su intervención, que no es otra que la Historia de las Madres de Plaza de Mayo. Según él, no se debía dictar esa asignatura, sino otra más liviana, general, sobre el conjunto de los organismos de DD.HH.

Ese razonamiento es absolutamente falaz, porque no habría contradicción entre una y otra materias. La historia de las Madres está inscrita en la historia de la lucha por los DD.HH. en la Argentina. Y la huella de las Madres en ese proceso es por demás singular, además de significativa. No se puede hablar de la historia de algo o alguien sin referir el contexto. Un funcionario de una entidad académica no puede desconocerlo.

Evidentemente, lo que el gobierno quiere evitar es que la historia de la lucha por los DDHH se cuente en la Universidad creada por las Madres desde la perspectiva de las Madres, lo cual suena lógico, excepto para el macrismo.

¿Acaso se podría enseñar teología desde la perspectiva maometana en la UCA? Imposible.

Entonces, cierra el círculo. El gran objetivo del gobierno en su avance contra las Madres es clausurar para siempre su historia. Su visión clasista de los derechos humanos. Suprimir su voz para las generaciones siguientes. Borrar del mapa su experiencia histórica. Desaparecer su impronta, para alentar una versión oficial mucho más cómoda sobre ellas, que circunscriba su aporte únicamente al recuerdo del dolor y no a la memoria fértil de la lucha, la rebeldía y la transformación revolucionaria de las sociedades. 

“Hay ahora otra materia, en la que hay una bolilla sobre la historia de las Madres y un montón de contenidos que tienen que ver con cómo se institucionalizó la lucha de protección (de los DD.HH.) ante los organismos internacionales y nacionales”, afirmó Buján, sin disimular. De la revolución, ni noticias.

Se entiende bien para qué quiere el macrismo entrar a la sede de las Madres. No quiere los bancos y los pizarrones de la ex Universidad Popular, ni siquiera las colecciones de las publicaciones de las Madres que atesora su histórica Biblioteca “Julio Huasi”, aquel poeta. Quiere quedarse con el archivo histórico de la Asociación, para destruirlo.

Quiere sus documentos originales, para desaparecerlos.

Quiere las pruebas de la gran masacre argentina, para borrarlas.

Quiere el listado con los nombres de los jueces que rechazaron los hábeas corpus, no vaya a ser que alguno continúe hoy agazapado en las sombras de la «institucionalidad republicana», como se hace llamar.

Quiere las cartas esquivas y cómplices que los políticos «Derechos y Humanos» les enviaban a las Madres mientras el genocidio estaba en curso, para eliminarlas.

Quiere la lista de empresarios instigadores, la lista de periodistas partícipes necesarios, la lista de sindicalistas entregadores, para quemarlas.

Y esencialmente: quiere la memoria documentada de las respuestas de las Madres a esos crímenes y esas complicidades, para hundirla en el olvido. Para que en el futuro nadie las conozca y las luchas deban empezar de cero, separadas de las anteriores, como previno Rodolfo Walsh, enseñanza que aprendieron en la calle, con el cuerpo, las heroicas, invictas e increíbles Madres de Plaza de Mayo.