Exactamente a la cero hora del 10 de diciembre de 2015–el preciso instante en el cual concluía la segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner–, el abogado Fabián Rodríguez Simón (a) “Pepín”, acompañado por el futuro jefe de asesores presidenciales, José Torello, y el también futuro secretario Legal y Técnico,  Pablo Clusellas, avanzaba con pasos firmes hacia la Casa Rosada. Y al ser frenado en el portón por un guardia de seguridad expresó su intención de ingresar con solo dos palabras: “¡Autoridades entrantes!”.

 Así se convirtió en el primer macrista que puso un pie en ese edificio.

Tres años y nueve meses después de aquel glorioso momento, su hablar ya no sonaba tan imperativo. La opaca performance de Juntos por el Cambio en las PASO de 2019 lo había afectado de sobremanera.

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Tanto es así que, por aquellos días, se le escuchó decir: “¡Qué mal esto del peronismo! Podemos ir todos presos”.

La escena transcurría en una mesa de la confitería La Biela. Su único interlocutor era nada menos que Torello. ¿Acaso fue de una frase premonitoria?

Porque el gran operador de Mauricio Macri en Tribunales, acaba de ser citado a indagatoria –para el  26 de marzo– por  la jueza federal María Servini de Cubría, en la causa que investiga las presiones y amenazas a los dueños del Grupo Indalo, al que pertenece el canal C5N.

De hecho, el empresario Fabián De Sousa (socio de Cristóbal López) jamás pudo olvidar el timbre nasal de aquella voz que había escuchado en un ya remoto 9 de marzo de 2016 por teléfono:

–La guerra empezó; que cada uno se salve como pueda. 

El tiempo probó que Pepín no amenazaba en vano. Poco después López y De Souza fueron encarcelados.

Ahora la suerte de Rodríguez Simón está echada.

Pepín, el breve  

El mérito de Pepín –un apodo que arrastra desde su época estudiantil en el Colegio Champagnat– fue pasar desapercibido durante gran parte de sus 63 años. En eso le vino de perillas su encarnadura macilenta y menuda como la de un jockey. Tanto es así que ni siquiera era recordado por su breve etapa de funcionario porteño. Un milagro, ya que él fue, a partir de 2008, nada menos que jefe de la Unidad de Control de Espacios Públicos (UCEP), el organismo parapolicial del gobierno de Macri en la Ciudad que se encargaba de apalear a los indigentes. Su escurridiza figura tampoco resaltó en su rol de abogado del Grupo Clarín. Ni como defensor del presidente en causas resonantes. Ni como integrante del directorio de YPF. Ni como legislador del Parlasur. Ni como el arquitecto en la sombra de la “mesa judicial” del macrismo, responsabilidad que le brindó más poder que al ministro del área.

Ya se sabe que tal cenáculo tenía, entre otras tareas, el disciplinamiento de magistrados y fiscales para direccionar expedientes a su antojo. La lista de sus integrantes la inicia el propio Macri. Y prosigue, entre otros, con su ex ministro de Justicia, Germán Garavano; el ex cabecilla  de la AFI, Gustavo Arribas; el ex secretario Legal y Técnico, Pablo Clusellas; el ex presidente de Boca, Daniel Angelici, además de Torello. Y siguen las firmas.

Pero la buena estrella de Pepín empezó a declinar a fines de de 2018, al ser difundida en El Cohete a la Luna, el portal de Horacio Verbitsky, una foto tomada a hurtadillas donde se lo ve en el bar Biblos, situado en la esquina de Libertad y Santa Fe, con el camarista federal Martín Irurzun. A partir de entonces sus injerencias en el universo tribunalicio dejaron de ser un secreto de Estado.

Aún así su figura dejó contribuciones imborrables. Como su iniciativa de nombrar por decreto a dos miembros de la Suprema Corte (con el siguiente criterio: el doctor Carlos Rosenkrantz porque es amigo suyo y Horacio Rosatti para que los peronistas no protesten demasiado).

Así nomás de influyente era Pepín. Pero nada es eterno.

Smartphone fatal 

Junto al llamado a indagatoria de Rodríguez Simón, cayó como una gigantesca roca sobre el océano la recusación de Rosenkrantz en la causa por los aprietes  al Grupo Indalo. Porque –al momento de los hechos investigados– hubo nada menos que 59 comunicaciones telefónicas entre el operador y el presidente del máximo tribunal. 

Lo cierto es que el plato fuerte de esta pesquisa es un informe sobre las llamadas de Pepín entre enero de 2016 y agosto de 2019. Y comparación con las situaciones que conformaron la persecución macrista a De Souza y López con el propósito de arrebatarles sus empresas.

Se sabe que esta metodología investigativa ya provocó una histérica lluvia de apelaciones por parte de los abogados del ex presidente para evitar así el evitar el peritaje de sus teléfonos, y que Casación aún deberá resolver.

Claro que tal Cámara también está envuelta en un escándalo conexo, a raíz del intento perpetrado por uno de sus jueces, el doctor Eduardo Riggi, de retener el expediente en cuestión para obstaculizar su desarrollo. Semejante trapisonda es actualmente evaluada por el Consejo de la Magistratura.

El primer entrecruzamiento sobre los dos teléfonos de Pepín –una tarea de la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos (DAJuDeCO) – abarca 10.738 llamadas. No es exagerado decir que tamaña cifra dejó en vilo a muchos de sus contactos frecuentes.

Entre ellos, además de Macri y Rosenkrantz, se destaca el socio de éste, Gabriel Bousat (38 llamadas), el supremo Rosatti (17 llamadas), el ex ministro Garavano (160 llamadas), el ex vicejefe de Gabinete, Mario Quintana (140 llamadas), el diputado nacional e integrante del Consejo de la Magistratura, Pablo Tonelli (85 llamadas), además de las llamadas diarias que mantuvo con sus amigos Torello y Clusellas.

El próximo viernes Pepín deberá dar cuenta de sus actos ante la Justicia, una situación que él jamás imaginó para sí.