La noticia tuvo repercusión mundial: Estados Unidos acaparó durante los próximos tres meses la producción de remdesivir, uno de los medicamentos más prometedores en el tratamiento del Covid-19. Pocos saben, en cambio, que en la Argentina se viene librando una batalla para impedir que Gilead Sciences, el gigante farmacéutico que lo produce, se apropie de las patentes para su venta, imponiendo un precio abusivo en dólares. “Si no logramos frenar a Gilead en este marco de la pandemia, será imposible que la gente pueda pagar el medicamento”, advierten.

Según el anuncio del Departamento de Salud y Servicios Humanos, el acuerdo entre el gobierno de Donald Trump y Gilead garantiza 500 mil tratamientos con remdesivir, lo que equivale a la compra del total de la producción mundial de julio y el 90% de agosto y septiembre.

El remdesivir, un antiviral desarrollado para combatir el ébola y probado en ensayos con animales para el tratamiento de otros coronavirus, como el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), es el primer medicamento aprobado por EE UU (la Administración de Drogas y Alimentos aceptó su uso de emergencia) para tratar el Covid-19. En paralelo, la Agencia Europea de Medicamentos ya dio el visto bueno para su comercialización en el Viejo Continente. Como era de esperar, la demanda disparó la oferta. Gilead estableció para EE UU y el resto de los países desarrollados un precio de 390 dólares por aplicación, un valor casi 400 veces superior a su costo de fabricación, según un estudio de la Universidad de Liverpool que constató que no superaba el dólar por unidad.

“Hace unos meses empezamos a investigar qué pasaba en la Argentina con el remdesivir a partir de los buenos resultados preliminares que había tenido. Fuimos al Instituto Nacional de Propiedad Intelectual y encontramos que Gilead tenía al menos cinco solicitudes de patentes sobre el medicamento”, recuerda Lorena Di Giano, directora ejecutiva de Fundación Grupo Efecto Positivo, dedicada a la defensa del derecho a la salud.

De inmediato, la organización presentó oposiciones a los pedidos del gigante farmacéutico alegando que “las patentes permiten que las empresas fijen a sus productos precios imposibles de comprar”.

Buitres

Gilead es una de las corporaciones farmacéuticas trasnacionales más grande del mundo, sostenida por varios fondos especulativos de inversión, entre ellos BlackRock, uno de los acreedores más duros en la negociación de la deuda externa.

“Gilead no es un laboratorio con científicos investigando, sino una sociedad que cotiza en la Bolsa de New York, que responde a accionistas y sólo busca ganancias. No tiene nada que ver con la salud”, destaca Di Giano, y agrega: “Es necesario que los Estados sean firmes en su voluntad política de hacer uso de herramientas soberanas para eliminar barreras de patentes y garantizar el acceso a los medicamentos que el pueblo necesita. Si no logramos frenar a Gilead en este marco de la pandemia, la gente no podrá pagar el remdesivir. Los medicamentos no son mercancías, son bienes sociales para asegurar el acceso a la salud”.