Tanto se habla sobre la reunión que el miércoles sostendrá el gobierno con la CGT que su resultado parece demasiado anunciado. Si como tanto se dice, el ofrecimiento oficial será migajas comparado con la pérdida de poder del salario, al triunvirato cegetista sólo le quedará fijar la fecha para el primer paro general contra las políticas económicas de Mauricio Macri. Cualquier otra “negociación”, podría provocar un sismo de consecuencias difíciles de cuantificar entre los representantes de los trabajadores, a menos de dos meses de su estratégica reunificación.

Pablo Moyano, quien claramente encarna la herencia dejada por su padre entre el movimiento obrero, fue claro como el agua en una entrevista brindada a Radio América: » Si la CGT acepta un bonito o un maquillaje del Gobierno, no tendrá sentido seguir en un espacio que no representa los intereses de los trabajadores» disparó con su clásico estilo frontal. “El bono de 500 o 600 pesos es una vergüenza, no podemos seguir cruzados de brazos. Se necesita una medida contundente. Que los muchachos del triunvirato pongan una fecha… Nos vienen boludeando hace once meses y no puede seguir mirando todo por televisión mientras otros sectores como la CTA o las organizaciones sociales son los que marchan”. Ante semejante declaración bien cabe la pregunta: ¿Moyano mete presión a sus compañeros acaso porque vislumbra otro dudoso acuerdo con la administración macrista como el que pregona por lo bajo Luis Barrionuevo?

Los argumentos del secretario adjunto de Camioneros son los de cualquiera: devaluación, inflación, precarización laboral, despidos, tarifazos, transferencia de recursos a favor de los sectores concentrados de la economía en desmedro de los trabajadores, registrados o no. Ya había dicho que las declaraciones de Alfonso Prat Gay sobre las demandas de los gremios fueron “provocadoras” y que las reuniones mantenidas hasta aquí con Jorge Triacca, ministro de trabajo, y con el dúo Rogelio Frigerio-Marcos Peña, fueron “para la foto y nada más”. Así las cosas, los márgenes de quienes pretenden evitar el paro general, se achican más de lo imaginado. A ninguno le da lo mismo la opinión de un Moyano.

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