El ministro de Economía, Sergio Massa, transita el último tramo de su viaje por Estados Unidos. Es la antesala de la próxima visita que realizará el presidente Alberto Fernández dentro de una semana, cuando parta rumbo a Nueva York para participar de la Asamblea de Naciones Unidas. Luego, junto con el embajador argentino Jorge Argüello, viajarán a Houston, Texas, el mismo lugar donde el jefe del Palacio de Hacienda cerró esta semana de road show por Washington y por el ombligo texano de la actividad petrolera norteamericana. Allí buscó endulzarle los oídos a los representantes de las mayores corporaciones del sector que dentro de siete días escucharán al presidente. Fue la previa de los dos encuentros previstos para el lunes con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva y con el asesor del Departamento del Tesoro, David Lipton (ver página 12).

Apenas llegó a Washington, acompañado por más de la mitad del equipo económico, se reunió con el staff del FMI. Cumplida la etapa técnica, llegará la instancia política con Georgieva. A sus funcionarios, Massa ya les dijo que mantendrá la disciplina fiscal que está en la letra del acuerdo que pactaron a principios de año con Martín Guzmán. El ahora ministro fue uno de los que buscó los votos para obtener la autorización el Congreso. Lo hizo como titular de la Cámara Baja y lo hizo valer a sus interlocutores cuando insistió en que la decisión política es cumplir con el ajuste acordado del 2,5% del PBI para este año. En 2023 será del 1,9% y en Economía dicen que no hay discusión sobre su aplicación.

El tono de la gira de Massa refleja el interés en transmitir un clima de euforia para instalar que la recorrida es un éxito. El ministro sabe que los socios albertistas y kirchneristas están ávidos de resultados en un mes donde le tocó protagonizar la primera de cuatro incursiones diplomáticas en Estados Unidos.

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La próxima correrá por cuenta Fernández, que hará escalas en Nueva York y Houston. Se espera la segunda para fines de este mes, o principios de octubre, y será para concretar la reunión entre Fernández y Biden en el marco de una visita de Estado. Dentro de diez días será el turno de diez gobernadores argentinos del «Norte Grande» que serán recibidos por el Argüello en una ronda de negocios por Washington y por la Gran Manzana. Esa misión combinará a mandatarios peronistas, como el chaqueño Jorge Capitanich y  el misionero Gildo Isfran, con los dos radicales de ese grupo regional: el correntino Gustavo Valdés y el jujeño Gerardo Morales, uno de los contactos de Juntos por el Cambio con Massa.

Ambos le han dicho a sus interlocutores norteamericanos que por fuera de las diferencias geopolíticas, las posibilidades de obtener financiamiento con tasas bajas son más amplias en China que en los Estados Unidos. Morales lo sostiene cada vez que le toca viajar a Estados Unidos y es uno de los mensajes que Massa también enunció en los encuentros que mantuvo, especialmente con autoridades políticas como el titular del Consejo de Seguridad Nacional, Jake Sullivan y su titular para América Latina, Juan González, dos voces muy escuchadas por Biden.

Otra voz que tiene mucha gravitación en el entorno del mandatario norteamericano es Lipton, fue el dos de Christine Lagarde cuando el entonces presidente Mauricio Macri pidió un axilio de 55.000 millones de dólares. Lipton no quería entregarle un centavo pero tuvo que ceder ante la decisión de Donald Trump, que la hizo valer a través de su representante en el organismo, el cubanoamericano Mauricio Claver Carone, que preside el Banco Interamericano de Desarrollo desde hace dos años, también por decisión del magnate republicano antes de dejar el poder. Fue con él con quien Massa obtuvo uno de los mayores dividendos de la gira, por el crédito de 1.200 millones que el organismo le girará a la Argentina en dos tramos hasta diciembre que irán a las reservas del Banco Central.

Hasta hace un mes el titular del BID fue uno de los críticos más fervientes de la Argentina y llegó a negarse a permitir el giro de dos créditos blandos aprobados en diciembre por 500 millones de dolares. Tal como contó este diario uno de los cambios tuvo que ver con la salida de Gustavo Béliz de la secretaría de Asuntos Estratégicos. Otro factor, por fuera del lobby que hizo Massa, pasa por la decisión norteamericana de habilitar más financiamiento en esta coyuntura.

Es el mismo tema que sobrevuela los dos encuentros del lunes mientras crecen las versiones de un nuevo préstamo del organismo, pero proveniente del Fondo de Resiliencia armado en la pandemia que impactaría recién el año que viene. «