El Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia –en alusión al golpe del 24 de Marzo de 1976– no es la efeméride favorita del macrismo. Prueba de eso fue ayer la ausencia de actos oficiales al respecto, cuya realización –dicho sea de paso– hubiese incomodado de sobremanera a colaboradores y exégetas de la última dictadura que en el presente son funcionarios del gobierno.    

Su ejemplo más polémico es el de Carlos Manfroni, protagonista de un escándalo que estalló en los albores mismos de esta gestión. Y que ahora, tras un notable ocultamiento, se reactualiza.

Habían transcurrido sólo 72 horas desde la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada cuando el gremio ATE denunció a un funcionario por recabar datos sobre «la filiación política, ideológica y sindical» de los trabajadores del Ministerio de Seguridad. El inquisidor resultó ser Manfroni, quien acababa de ser nombrado subsecretario de Articulación Legislativa por la flamante titular de esa cartera, Patricia Bullrich.

En paralelo Horacio Verbitsky exhumaba textos de su autoría que supo publicar alguna vez en el pasquín fascista Cabildo. He aquí dos párrafos: «La libertad y la democracia son obra de la hedionda Revolución Francesa, que para peor también fabricó el amor a la Humanidad, puro onanismo intelectual» y «El rock conduce al desesperado deseo de la muerte e induce al suicidio, como lo demuestran las letras de Spinetta, Moris y Charly García”.

La respuesta de este último no se hizo esperar. En una misiva enviada al secretario del Sistema de Medios Públicos, Hernán Lombardi, soltó: «Merezco una disculpa. Yo compuse ‘Los Dinosaurios’, luché contra la dictadura. ¿Y un pelotudo está en contra de la Revolución Francesa y del amor? ¡No cuenten conmigo, ignorantes!».

Pésimo debut el de Manfroni. Al día siguiente renunció.

Pero su paso al costado fue en realidad una impostura. Nunca se fue del Ministerio. Y en el mayor de los sigilos fue puesto al frente de la Dirección de Investigaciones Internas, un cargo desde el cual  –para alivio de la población civil– únicamente persigue a policías descarriados.

Aún así, públicamente, él solía quejarse una y otra vez del motivo de su falsa abdicación: «Juzgar a alguien por lo que supuestamente escribió hace ya cuatro décadas y que ya no piensa, es una real injusticia».

En tal cambio de postura no falta a la verdad: del nacionalismo católico de ultraderecha saltó hacia el neoliberalismo católico de ultraderecha.

Este abogado de 65 años, que dirigió la Fundación de Ética Pública –un cenáculo de cuadros del establishment–, además de participar activamente en actividades del Servicio de Informaciones de la Embajada de Estados Unidos (USIS), dio en la Universidad Católica cursos sobre «corrupción y terrorismo» auspiciados por dicha embajada. También es columnista del diario La Nación; en sus artículos acostumbra a exigir “mano dura” debido a la «hiperinflación de inseguridad», y con cierta insistencia exhibe su empatía hacia la enmienda de la Constitución norteamericana que autoriza la tenencia irrestricta de armas a civiles. Pero nada lo turba más que los juicios por delitos de lesa humanidad. Tal contrariedad hizo de él un encarnizado referente de la llamada «memoria completa», siendo su gran obsesión el procesamiento de antiguos militantes de organizaciones revolucionarias que sobrevivieron al terrorismo de Estado. Un anhelo que comparte con la presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), Victoria Villarruel. De hecho, juntos escribieron el libro Los otros muertos, una biblia en la materia. Aquella obra, junto con Montoneros: soldados de Massera y Propaganda Due, completa su bibliografía. Cabe destacar asimismo que Manfroni fue en 2003 candidato a vicejefe de Gobierno porteño por la Unión para Recrear, siendo la cabeza de fórmula nada menos que Patricia Bullrich.

Tal vez esto explique la persistencia de su gestión casi clandestina en el Ministerio de Seguridad. Por lo pronto en su organigrama oficial, que incluye todas las áreas con los nombres de sus titulares, el suyo no aparece.

Pero dos filtraciones periodísticas instalaron, quizás involuntariamente, los primeros indicios sobre su actividad en el edificio de la calle Gelly y Obes; a saber: un artículo de Infobae publicado el 25 de marzo de 2017 con el título: «Cómo funciona el equipo anticorrupción de las fuerzas de seguridad», donde se lo menciona. Y un cable de la agencia Telam –fechado el 15 de diciembre pasado– sobre el arresto de un comisario de la Federal por corrupción, donde también se lo menciona. La cosa no pasó a mayores. 

Ahora –por dos fuentes ministeriales– Tiempo pudo confirmar que el doctor Manfroni continúa al frente de Investigaciones Internas.

Tal vez allí se cruce diariamente otro epígono del terrorismo de Estado, el ex abogado de genocidas, Pablo Noceti.

Lo cierto es que en otros huecos de la administración macrista también hay insignes «procesistas». 

Entre ellos, Félix Peña, un altísimo funcionario de la Cancillería durante el gobierno de Leopoldo Galtieri y actual asesor del Consejo de la Producción. Se trata del padre del jefe de Gabinete, Marcos Peña Braun.

No le va a la zaga el intendente de Mar del Plata, Carlos Arroyo, quien en 1979 fue designado como interventor del Sindicato de Taxistas. 

Otro dinosaurio: Federico Young, un ex juez del fuero civil ratificado en dos ocasiones por el poder de facto. Ahora asesora al bloque del PRO en la Legislatura. También es de la partida el diputado oficialista, Héctor Roquel. Fue interventor en la dictadura del municipio de Piedra Buena, en Santa Cruz, antes de ocupar la intendencia de Río Gallegos. A ellos se les suma el hijo de José Alfredo Martínez de Hoz –llamado también José Alfredo–, con cargo en el Instituto Nacional de Promoción Industrial (INAPI). Y Alejandro Fargosi, un discípulo y colaborador del secretario de Programación Económica en la gestión de «Joe», Guillermo Klein. En tiempos recientes fue representante del PRO ante el Consejo de la Magistratura y estuvo postulado por el gobierno para la Corte Suprema. Y además es asesor del propio Macri.

La pata civil de la dictadura ha vuelto a caminar. «