“Tengo un nene de 11 años, y a veces le digo: esto es una sinvergüenzada. Porque, verdaderamente, los que armaron todo esto, que fue la plana mayor –tanto Gustavo Arribas, Silvia Majdalani y no tengo dudas de que estuvo el presidente–,  se vinieron a escudar con nosotros, que somos ‘perejiles’, que somos de abajo”.

Jorge “El Turco” Sáez fue agente penitenciario hasta jubilarse, luego consiguió ingresar en la Policía Metropolitana y dedicó su vida a perseguir delincuentes hasta que en 2016 desembarcó en la AFI, de la mano de Diego Dalmau Pereyra, el Jaime Stiusso de la inteligencia en el gobierno de Cambiemos.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

La Comisión Bicameral de Inteligencia lo llamó a declarar después de que Tiempo publicara la “Operación Maestranza”, el espionaje ilegal en el Hospital Posadas, a principios del gobierno de Mauricio Macri. Sáez confirmó que tal operación existió y responsabilizó directamente a los ex jefes de la AFI Gustavo Arribas y Silvia Majdalani. Pero no se quedó sólo en esa confirmación.

Sáez contó que cuando estalló el escándalo por las acciones de espionaje ilegal durante el gobierno de Cambiemos, a uno de los denunciantes, el también ex policía y agente de inteligencia Leandro Araque, le ofrecieron primero “diez sueldos” y luego 200 mil dólares para que desactivara una denuncia judicial.

Sáez y Araque están hoy procesados como “cuentapropistas” del espionaje; Arribas y Majdalani fueron beneficiados con “falta de mérito”.

Sáez confirmó que existió una operación para poner preso al sindicalista camionero Pablo Moyano. Y que la cabeza de esa operación fue el agente Alan Ruiz, un hombre cercano a Majdalani que antes había trabajado en Seguridad bajo órdenes de Patricia Bullrich. “Él se pone mal cuando él quiere meterlo preso a Pablo Moyano  y lo obligaba a Facundo Melo, que era patrocinante de (Damián, barra brava de Independiente) Lagarone, que lo indujera para ensuciarlo a Pablo. (…). Y bueno, lo terminó echando al final; hizo lo que él quiso. Es así que, después, Facundo Melo denunció en lo del juez Ariel Lijo la persecución que le había hecho a este tipo”.

Fue entonces cuando, según Sáez, llovieron las ofertas de dinero para desactivar la denuncia. “Sí, eso es verdad. Diez sueldos para que retirara la denuncia contra Alan Ruiz.  Ella (Majdalani) nos llama y dice… ‘usted va y le dice a Facundo que le damos diez sueldos. A ver, a ver, a ver: ¿cuánto son diez sueldos?, dijo, porque hablaba así. A ver, ¿cuántos son diez sueldos? (…) Y bueno, dale diez sueldos. Y yo la miro y le digo: ‘No va a querer, si él hizo la denuncia en el juzgado. No va a querer, él es abogado. Aparte ustedes lo echaron’. ‘Vos vas y se lo decís’, y no me acuerdo si me dijo vení mañana o pasado mañana; no me acuerdo. ‘Pero me contestás qué es lo que te dijo».

Siempre según el relato de Sáez, Melo efectivamente rechazó la oferta.  Entonces apareció en escena Marcos Barbosa, un subcomisario de la Policía de la Ciudad que, según Sáez, era íntimo amigo de Arribas. “La mano derecha, tomaban champagne juntos con Gustavo Arribas, eran íntimos amigos”.

El mensaje fue directo: «Che, boludo, escuchame: hablá con Facundo Melo, que no sea boludo. Mirá el quilombo… no quiere retirar la denuncia. Escuchame: Gustavo Arribas me dijo que si quiere, que le pone 200.000 dólares a este pibe, pero que retire la denuncia, que no lo ensucie a Alan Ruiz».

Sáez reivindicó la figura de la ex directora del área de Documentación Presidencial Susana Martinengo, quien estuvo detenida en el marco de la investigación pero también fue beneficiada por el fallo del “cuentapropismo”.

“¡Pobre mujer! ¡Lo que pasó esa mujer! Porque estuvo presa en el mismo calabozo que estuve yo. Y yo digo pobre mujer, porque a esa mujer… La llevaba yo a Rosa Ortega, que era de la Villa de Fátima, que era una referente de La Cámpora, a conseguir chapas para la gente pobre que había en la villa. Y estos crápulas políticos agarraron y la metieron a Susana Martinengo… Claro, porque buscaron a Susana para llegar a Macri. ¡No, flaco! Los que armaron todo esto fueron Silvia Majdalani y Gustavo Arribas. ¡Ellos armaron todo esto! ¡Andá por donde tenés que ir, no por este camino, pobre mujer!”.

Sáez se muestra furioso con la teoría del “cuentapropismo”, según la cual un grupo de agentes se dedicaron al espionaje ilegal para hacer negocios personales, a espaldas y con el desconocimiento de sus jefes. Según esa suposición, consolidada en un fallo judicial por los camaristas Pablo Bertuzzi y Mariano Llorens, los “cuentapropistas” (por ejemplo Sáez) podían realizar tareas de espionaje ilegal y extorsionar a los espiados sin que sus jefes, en una estructura férreamente vertical, lo hubieran advertido. Ni el área de contrainteligencia lo hubiera detectado. Algo así como que Arribas y Majdalani, y todos los funcionarios designados por ellos, fueran una caterva de idiotas a los que les pasaba un elefante delante de los ojos y no se percataban de ello.

“A veces, escucho lo del cuentapropismo. ¿A quién vamos a extorsionar nosotros?, ¿a usted le parece que yo puedo ir a la casa de la hermana de Macri a extorsionarla? ¿Y para qué? (…)  Claro: me levanto una mañana y digo: ‘Che, estamos aburridos: ¿vamos a la casa de la hermana de Mauricio Macri?’. Están totalmente descerebrados”.

Sáez explicó que aceptó sumarse a la AFI porque se lo pidió Diego Dalmau Pereyra, a quien había conocido cuando siendo agente penitenciario realizó un curso en la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI). Dalmau Pereyra no sólo lo llevó a la AFI sino que, además, era su jefe. Y reportaba directa y acríticamente a Majdalani: “Cuando a Diego le pedía algo Silvia, era como si se lo pidiera Jesucristo. Salía corriendo para todos lados”.

Dalmau Pereyra presentó un escrito en la causa judicial en la que se investiga a la mesa judicial bonaerense en el que reconoció que la reunión en la que se habló de la “Gestapo sindical” estaba supervisada por Majdalani. Sáez celebró esa declaración.

“Hoy festejo, hoy tengo que festejar, la decisión que tomó Diego Dalmau Pereyra de hacerse cargo y decir: ‘Señores, fue Silvia’. Porque cuando estábamos presos, él, en el calabozo, dijo: ‘Silvia no se toca’. ¿No se toca qué, hermano? ¿Vos te pensás que yo me voy a comer 15 años por la vieja esta? Si vos le tenés miedo, es problema tuyo, y ahí discutimos. Y hoy festejo lo que dijo, de que la orden se la dio ella, porque todo lo daba ella y Gustavo Arribas”.