En estos días difíciles para la Argentina, desde las usinas del poder concentrado (y algunas otras) se fomenta, promueve y agita constantemente la sensación de zozobra institucional que es, en ocasiones, tristemente “corroborada” por el estadio de interna permanente de nuestro querido Frente de Todos (contando claro una pandemia que puso patas arriba el mundo, la estafa/deuda de Macri con el FMI y por si fuera poco ahora una guerra).

La renuncia de ministros, situación que suele pasar en los gobiernos (Cambiemos tuvo cuatro ministros de Economía), los debates públicos epistolares, protocolares o mediáticos y el “maspapismo” de muchos/as profundizaron durante largos meses un conflicto que paraliza cualquier gestión y divorcia a la coalición de gobierno de la cotidianidad de los padecimientos que vive nuestra sociedad.

Un pequeño instrumento, cotidiano también, que supo darnos prestigio mundial como inventores, condensó la tensión interna, pero pública, de nuestro frente: la lapicera, a la que podemos imaginar Birome para hacerla bien argenta. En un “cortá vos; no, cortá vos” invertido (no rebalsa amor en este caso) nos debatimos entre si la usa o no la usa y quien la usó o no la usó antes y ahora. ¿Y si la usamos todos? ¿Y si empezamos a dejar de invitar a la sociedad a discutir los problemas de “la política” para poner a “la política» a discutir los problemas de la sociedad? (el orden de los factores SI altera el producto en este caso).

En los recovecos diarios de nuestros territorios, nuestros/as vecinos/as nos hablan y claman, no porque organicemos el poder interno de nuestro Frente, sino porque resolvamos problemas severos:

La inflación que no afloja, el salario que pierde la carrera, la vivienda imposible, la inseguridad, la desigualdad que se ensancha porque los que siempre ganan, siguen ganando… Esos son algunos de los temas que le importan a quienes nos deben importar.

La militancia de nuestro vilipendiado Frente de Todos se encuentra y se abraza mucho más fácil, en la conciencia de los padeceres cotidianos que en las amplificadas públicas polémicas de nuestra dirigencia nacional. Hay que empezar a encontrarse en la búsqueda de resolver esos padeceres, también si es necesario, de abajo hacia arriba. Resolver la urbanización de nuestros barrios populares, el precio de nuestros alimentos (Vicentin), el comercio exterior en interior (hidrovia), nuestro perfil productivo y el cuidado de la casa común (Ley de Humedales, Litio), la existencia de millones de trabajadores/as de la economía popular que necesitan ser reconocidos e integrados a la “economía formal” y tantos temas para lo que es urgente que usemos la lapicera con claridad y fuerza.

Estas líneas escritas con lapicera virtual no pretenden ser más que una proclama para que por fin hablemos de lo que de verdad importa, de los temas cercanos, diarios y urgentes que nos conmueven y rebelan todos los días. Sin pedirnos tanto carnet de tribu interna del Frente de Todos ni tampoco predicar la anti-política, que solo crece cuando la política es anti. Los que se vienen juntando en frente, usan la lapicera para firmarse cheques, impunidad y rifar el futuro de generaciones enteras sin preocuparse demasiado.

El autor de este texto es presidente del bloque de concejales del FdT Moreno