La política ferroviaria en beneficio del pueblo, a través de la reactivación de los trenes de pasajeros en todo el país, es un logro del gobierno de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner.

Según Raúl Scalabrini Ortiz, el ferrocarril argentino surge con el Ferrocarril del Oeste en 1854, desde la ciudad del Buenos Aires hacia el oeste “indefinidamente”. Dice el autor de “Historia de los ferrocarriles argentinos”, que la historia del Ferrocarril del Oeste reconforta, porque “la suma de esfuerzos ordenados que se aúnan en su construcción, en su dirección y en su administración disipa una vil leyenda que supone a los argentinos como incapaces de toda tarea constructiva, directiva o administrativa.”. Hoy también nos reconforta volver a poner en marcha los ferrocarriles argentinos, de a poco, pero con firmeza. 

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La historia de los ferrocarriles demuestra que, más allá de marchas y contramarchas, fue y sigue siendo una herramienta para el desarrollo, la economía y la comunicación que tiene un valor superlativo a la hora de pensarnos como un territorio extenso que debe integrar sus regiones a través de un medio rápido, eficiente y económico, tanto para transporte de carga como de pasajeros. Para lograrlo se trata de establecer el sistema ferroviario como una política de Estado.

Entre 1870 y 1914, se construyó la mayor parte de la red ferroviaria argentina con capitales ingleses, franceses y argentinos. El Ferrocarril del Sud (construido con capital inglés) llegó primero a Chascomús, y más tarde, a Las Flores, Bahía Blanca, Neuquén, Zapala.

En 1908, se sancionó la ley nacional 5.559 de Fomento de los Territorios Nacionales. Esta ley promovía el desarrollo de la Patagonia y una estrategia de integración ferroviaria de las áreas potencialmente productivas en los valles cordilleranos y la meseta. Después caería al comenzar la Primera Guerra Mundial, aunque los ferrocarriles patagónicos siguieron conectando a pequeñas poblaciones con centros urbanos más importantes.

En el año 1990 el gobierno nacional privatizó muchas de sus empresas, y este proceso incluyó a la empresa ferroviaria nacional Ferrocarriles Argentinos. De esta forma, el gobierno nacional hacia desaparecer el sueño ferroviario en el país. 

Quince años después, afortunadamente, el gobierno nacional dictó el decreto 1261/2004, se derogó el decreto anterior y se dispuso proceder a la rehabilitación y a que el “Estado Nacional asuma la prestación de los Servicios Interurbanos de Transporte Ferroviario de Pasajeros de largo recorrido, cuyo trazado sea de carácter interjurisdiccional, servicio en estado de emergencia crítica…”. Comienza allí un lento pero constante despertar de los proyectos ferroviarios y la reactivación en distintos puntos, como es el caso de Rio Negro y Neuquén. 

Vale destacar que para la Patagonia, el ferrocarril ha tenido un rol muy importante. Su desarrollo cultural y económico ha tenido mucho que ver con este medio de transporte. En la cercanía de sus estaciones ferroviarias nacieron y crecieron numerosos pueblos, cientos de familias inmigrantes que llegaron a nuevas tierras, y los propios habitantes nativos en lugares lejanos, vieron en el tren el eje de sus vidas.

En septiembre del 2006 un grupo de vecinos de Rio Negro y Neuquén, se reunieron con el fin de reactivar el tren de pasajeros en el valle. Ello dio origen a una comisión Pro Tren del Valle y a varias subcomisiones locales a lo largo del trayecto Chichinales-Senillosa que harían conocer el proyecto y difundirían la idea. Propusieron trabajar por la recuperación de tres ramales ferroviarios: Tren del Valle: Chichinales-Senillosa, Enlace rápido: Cipolletti-Neuquén, Tren del Dique: Cipolletti-Barda del Medio. Estos servicios permitirían, en forma económica, la conexión de la región del Alto Valle, la promoción de las economías regionales, turismo y el beneficio de descongestionar las rutas y evitar accidentes. 

El tren que une Cipolletti y Plottier, fue un paso importante en la recuperación del Tren del Valle. Pronto se espera que el gobierno nacional junto con la provincia de Neuquén inaugure nuevas obras en la zona del aeropuerto. También es posible – si se unen esfuerzos de intendentes y legisladores-, concretar el ramal Cipolletti-Chichinales, anhelado por la ciudadanía que incluye a ex ferroviarios o directamente a la familia ferroviaria de Río Negro. 

Hace pocas horas, me reuní con el presidente de Trenes Argentinos, Martín Marinucci y con Marcelo Sanchez en su carácter de Gerente General de Operaciones, quienes confían en que gracias a la política ferroviaria que sostiene el presidente Alberto Fernández, tenemos por delante un panorama muy alentador para la reactivación de los ferrocarriles y su nacionalización. Las empresas del sector privado, no mejoraron los servicios, y la falta de mantenimiento impide que algunos ramales puedan habilitarse. Si caducan las licencias con el sector privado en 2023, de acuerdo a la resolución del Ministerio de Transporte, sería posible para el país recuperar los trenes, mejorar las vías, la infraestructura y los equipos para volver a conectar el país. 

Se suman a este reclamo de recuperación del Tren del valle las comunidades indígenas Newuen Taiñ Mapu de Allen y Aime Paine de Ingeniero Huergo, lo que demuestra que el sueño del tren une a todas y todos los rionegrinos que deben soportar un transporte interurbano extremadamente caro y deficiente, por resultar un verdadero monopolio que afecta a las familias que deben viajar por la ciudad lineal que es el alto valle rionegrino, por motivos de salud, educación, o simplemente, por necesidad laboral.

Estamos cerca de poder poner sobre rieles los ramales que hace muchos años dejaron de circular. Los nuevos anuncios traen la esperanza de la reactivación, aunque paulatina, de los trenes de pasajeros en la Patagonia, y especialmente, en Rio Negro y Neuquén.