A 50 años de La Noche de los Lápices, estudiantes secundarios, sobrevivientes, familiares, organismos de derechos humanos y representantes de la Provincia de Buenos Aires y del Municipio de Lomas de Zamora se reunieron este miércoles en el Espacio para la Memoria y Promoción de los Derechos Humanos ex Pozo de Banfield, en Villa Centenario. La jornada tuvo una fuerte participación juvenil, con actividades culturales, exposiciones escolares y propuestas organizadas por estudiantes.
El encuentro volvió a poner en el centro de la escena a los jóvenes secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura y la necesidad de transmitir esa historia a las nuevas generaciones. El ex Pozo de Banfield, donde funcionó un centro clandestino de detención, tortura y exterminio por el que pasaron alrededor de 350 personas, es hoy un espacio abierto a la comunidad y dedicado a la memoria.
Entre quienes participaron estuvo Pablo Díaz, sobreviviente de La Noche de los Lápices. Frente a los estudiantes, recordó a sus compañeros y, especialmente, a Claudia Falcone, con quien tuvo una relación afectiva: “Acá estuvo mi amor y ella sigue viva junto a los 30.000”.
Díaz también destacó el papel de los estudiantes actuales en la transmisión de esa memoria y agradeció que las nuevas generaciones continúen recordando a quienes fueron perseguidos y secuestrados durante la dictadura.

Claudia Falcone tenía 16 años; Francisco López Muntaner, 16; María Clara Ciocchini, 18; Horacio Ungaro, 17; Daniel Racero, 18; y Claudio de Acha, 18. Los seis continúan desaparecidos. También fueron secuestrados Emilce Moler, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Pablo Díaz, quienes sobrevivieron.
La historia de estos estudiantes quedó asociada durante años principalmente al reclamo por el Boleto Estudiantil Secundario. La reivindicación fue una de las banderas de las movilizaciones estudiantiles de 1975, pero la militancia de aquellos jóvenes iba más allá de esa demanda: participaban en organizaciones políticas, centros de estudiantes y distintas luchas sociales. Fuentes oficiales y testimonios de sobrevivientes han señalado que la explicación de los secuestros no puede reducirse exclusivamente al reclamo por el boleto.
La persecución ocurrió en septiembre de 1976, pocos meses después del golpe de Estado. Los jóvenes fueron secuestrados en La Plata y trasladados a distintos centros clandestinos de detención, entre ellos el Pozo de Arana y el Pozo de Banfield. La mayoría continúa desaparecida.

Juana Eva Campero, coordinadora del Espacio para la Memoria y Promoción de los Derechos Humanos ex Pozo de Banfield puso el foco de su discurso en el trabajo de quienes abren las puertas todos los días y sostienen las actividades que permiten que el lugar siga siendo un espacio de memoria, verdad y justicia. También remarcó la importancia de haber recuperado el sitio y transformarlo en un lugar abierto a la comunidad, donde la historia pueda ser conocida y transmitida a las nuevas generaciones. Esa construcción se renueva todos los días y se refleja también en el crecimiento de las visitas al espacio.
En segundo lugar tomó la palabra el secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, Matías “Gitano” Moreno, quien señaló que la recuperación del ex Pozo de Banfield no debe limitarse a conservar el edificio como un sitio histórico.
Sostuvo que mantener vivo el ex Pozo de Banfield implica convertirlo en un espacio abierto y vinculado con la comunidad, donde las políticas públicas permitan recuperar el sentido de la memoria desde el presente. “La mejor manera de reforzar el espacio no es quedarnos con la foto o con el museo, sino que este lugar tenga vida y tenga políticas públicas, remarcó. «En este lugar nos mataron, pero también en este lugar los estamos trayendo con vida. Nuestra forma de hacerlo es que en la actualidad se estén dictando cursos del Plan FinEs, dando capacitación laboral, acompañamiento terapéutico, visitas guiadas y que este lugar esté abierto a la comunidad”, sostuvo.
También destacó que la recuperación del espacio fue posible gracias a los reclamos de los organismos de derechos humanos, y por el trabajo conjunto entre la Provincia de Buenos Aires, el Municipio de Lomas de Zamora y la Mesa de Trabajo del Ex Pozo de Banfield. “Uno puede tener buenas ideas, pero si no hay manos que acompañen esas ideas y no hay diálogo con la comunidad a través de sus organizaciones, es imposible llevarlas adelante.»
Otro de los participantes fue Horacio Pietragalla Corti, nieto restituido por Abuelas de Plaza de Mayo e hijo de víctimas del terrorismo de Estado. Al recordar su primera visita al ex Pozo de Banfield después de recuperar su identidad, contó: “La primera vez que vine acá en el 2005, estaba la policía y había en ese momento detenidos pibes del barrio en los mismos calabozos donde estuvieron Pablo Díaz junto a sus compañeros, que hoy continúan desaparecidos.”
Pietragalla también se refirió a la juventud actual y a la militancia de los estudiantes de 1976: “En estos 50 años uno no puede dejar de pensar en la juventud de hoy. Ayer había pibes y pibas en los centros de estudiantes militando y poniendo en riesgo el patrimonio más grande que tiene el ser humano, que es la propia vida, y seguían comprometidos con lo que le pasaba al de al lado”, expresó.
También destacó el proceso de memoria, verdad y justicia desarrollado en la Argentina y el papel de los organismos de derechos humanos en esa construcción. “Gracias a Néstor y Cristina, en este país, le guste a quien le guste, la política de memoria, verdad y justicia se llevó adelante y la reparación fue ejemplo en el mundo”, sostuvo.
El intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín, también puso el eje en la memoria y en la transmisión entre generaciones. “Vengo como intendente de Lomas de Zamora, en nombre del Gobierno de la Comunidad, a decir que a 50 años de La Noche de los Lápices, Lomas no olvida, no perdona y no se reconcilia”. También utilizó una de las frases utilizadas durante la dictadura para justificar la persecución: “Algo habrán hecho”, y planteó otra mirada sobre aquellos jóvenes: “Por supuesto que no eran personas comunes, eran militantes extraordinarios que querían cambiar la historia, que lucharon para terminar contra la injusticia, que se rebelaron contra un poder, contra una dictadura violenta”.
Para el intendente lomense, esa transmisión forma parte de un proceso que continúa entre generaciones: “La historia es un continuo y es la lucha de los pueblos por la felicidad”. En ese sentido, sostuvo: “Tenemos la certeza que pueden pasar 50 años más y tal vez no estaremos nosotros, pero habrá otra generación que va a venir a colmar el Pozo de Banfield y a rendir tributo a nuestros mártires”.
A 50 años de La Noche de los Lápices, aquellos estudiantes siguen siendo recordados por sus nombres, sus historias y sus militancias. Hoy, en el mismo lugar donde algunos de ellos permanecieron detenidos, otros jóvenes vuelven a entrar, preguntar, escuchar y organizarse.
Lorena Battistiol, directora de Sitios y Espacios de Memoria de la Subsecretaría de Derechos Humanos bonaerense, destacó la participación de las juventudes y la dimensión colectiva de la memoria. “Creo que refuerza un poco todo esto que venimos diciendo de hace 50 años: que esto es una lucha colectiva, que claramente no es algo que afectó a las madres, a las abuelas, a los sobrevivientes, a los hijos, sino que el terrorismo de Estado nos provocó una pérdida muy grande a toda la sociedad”, sostuvo.
Lorena señaló que en esa pérdida aparecen distintas historias: quienes perdieron a un compañero de escuela, a un compañero de trabajo, a un hermano o a una hermana, y también quienes todavía buscan saber qué ocurrió con un familiar desaparecido. Además, destacó la participación de los estudiantes en las actividades del aniversario y valoró que sean ellos quienes organicen propuestas para recordar a sus compañeros de aquella generación.”
El desafío, entonces, no es solamente conservar estos lugares, sino mantener abierta la posibilidad de que nuevas generaciones conozcan lo ocurrido, escuchen a quienes estuvieron allí y comprendan por qué la memoria sigue siendo una construcción colectiva.