Con el scouting de las selecciones cada vez más atento a los lazos de sangre de los migrantes, en Europa pusieron el ojo en las inferiores de los clubes argentinos. Juveniles de Independiente, Gimnasia y Ferro juegan para las Sub 19 de Hungría e Irlanda y la Sub 16 de República Checa.

Patricio Schroeder, con Irlanda y el Lobo platense. Y Simón Bodnar, con Hungría y el Rojo.
Ahora, en enero de 2026, Schroeder realiza su primera pretemporada con la Primera de Gimnasia. Todavía no debutó en la Reserva. Es irlandés porque su madre, Mary Jo Brizzell, nació en Kilrea, localidad de 1.679 habitantes en el distrito de Causeway Coast and Glens, en Irlanda del Norte (Reino Unido). Bruno, padre de Patricio, había llegado a Kilrea para trabajar como petisero de un equipo de polo. Allí conoció a Mary. Y nació Sam, hermano mayor de Patricio. San Patricio (Saint Patrick) es el santo patrono de Irlanda, el que introdujo el catolicismo en la isla en el siglo V. Y las personas nacidas en Irlanda del Norte (protestante, pro británica) gozan del derecho a elegir la nacionalidad irlandesa.
“Me estuvieron haciendo un seguimiento desde fines de 2024. Un scout de la selección de Irlanda me pidió videos”, cuenta Schroeder, quien llegó a Gimnasia antes de que cumpliera los 16 desde la Academia Javier Mascherano de Lincoln. “Antes se habían puesto en contacto con mi familia. Y hablamos con Gimnasia, para que estuviera al tanto, y el club hizo varios cortes de videos de los partidos. En enero de 2025 fui una semana a Dublín para los primeros entrenamientos. Pasé las Fiestas allá y ya me quedé. Después volví a Gimnasia. Y pensé que no me iban a llamar más”.
Pero al arquero lo volvieron a convocar. Y sus compañeros le preguntaron cómo era el día a día del fútbol argentino, “más por Messi que por Maradona”, por el mate que tomaba. Entre ellos estuvo Aarón Ochoa, figura, ya en la Primera del Málaga de España. Ochoa, nacido en Marbella, es hijo de madre irlandesa y padre español con familia en la bonaerense Carmen de Areco. Lo ayudó en la adaptación por el español y porque Ochoa integra la selección irlandesa desde la Sub 16. También compartió con otros juveniles nacidos en Inglaterra e Italia pero con lazos de sangre con Irlanda.
“Años atrás era muy difícil que vinieran de Europa a buscar un juvenil a Sudamérica. Hoy, con la tecnología, todo se hace más accesible. Es muy loco, hasta para ellos lo era. Estábamos más acostumbrados a que vinieran de países de más cerca, como Bolivia y Paraguay”, dice Schroeder, quien vivió en Ámsterdam el pase épico de la selección mayor de Irlanda al repechaje europeo al Mundial 2026 (Irlanda e Irlanda del Norte lo jugarán en marzo). “Explotó todo; yo estaba acostado porque habíamos jugado ese día, y empecé a escuchar gritos, portazos, y cuando salí de la habitación no entendía nada”, recuerda el argentino-irlandés Schroeder, y agrega: “Mi familia es católica, no está a favor de los ingleses, medio como nos pasa en Argentina. Cuando cruzás del sur al norte de Irlanda, es increíble: empiezan a aparecer banderas de Inglaterra”.
Futbolistas nacidos en Argentina que jugaron para otras selecciones existen desde los albores del fútbol, como los argentinos Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demaría, oriundis campeones del mundo con Italia en 1934. Pero historias como las del “irlandés” Schroeder introducen una nueva etapa: el comienzo cada vez más temprano del rastreo de las raíces de hijos y nietos de expatriados que posibilitan la nacionalidad. Novedades en el inicio del segundo cuarto del siglo XXI. O, al menos, desde Argentina.
Simón Bodnar, delantero de 18 años de Independiente, fue citado, también en 2025, a la Sub 19 de Hungría: le metió un gol a Islas Feroe en la clasificación a la Euro de la categoría, que Hungría continuará en marzo en la ronda de élite. Bodnar, de abuelo paterno húngaro, empezó a jugar en el baby del Cultural de Tapiales, en La Matanza. Y a los siete años entró a las infantiles de Independiente (hoy realiza la pretemporada con la Reserva, en la que ya jugó más de una veintena de partidos). El delantero fue descubierto a través del juego Football Manager por un fanático húngaro al que le llamó la atención su apellido: se contactó primero con él y luego dio aviso de su existencia a un scouting de la Federación Húngara de Fútbol.
El fanático húngaro se llama Szilárd Bank. Y, a fines de 2024, mientras dirigía a la selección de Hungría en una partida del Football Manager, se propuso detectar “manualmente” futbolistas con doble nacionalidad en ligas de Sudamérica, después de que le sorprendiera la aparición de un jugador en la MLS de Estados Unidos en el radar por default del ojeador del juego. Bank, aclara y se ríe a la distancia, “tenía mucho tiempo porque estaba desempleado”. Así se topó con Simón Bodnar, el delantero de la Reserva de Independiente. “Bodnar” es un apellido común en Hungría, ya que, explica Bank, “se refiere a una profesión antigua, quizás extinta: alguien que fabrica barriles y otras cosas de madera”.
Bank, 32 años, cliqueó en el perfil de Bodnar y, wow, vio la bandera húngara junto a la argentina. “Sus atributos, además, eran muy buenos para un húngaro de su edad –relata–. Después de investigar un poco en internet, empecé a pensar que podría ser un desconocido para la Federación Húngara. Contacté a Simón por Instagram y a un miembro de la federación. A los seis meses, vi en las noticias que lo habían invitado a entrenar con la Sub 18. No pudo jugar por una lesión, pero en noviembre lo convocaron y debutó en la Sub 19. Asistí ante Islas Feroe, en su segundo partido, donde marcó su primer gol. ¡No lo podía creer! Incluso, nos vimos después”.
Bodnar jugó tres partidos: ocho minutos ante Bulgaria, 30 ante Islas Feroe y los 90 ante Francia. Nunca había estado en Hungría. “Quizá sea parcial, pero es uno de los mejores jugadores del equipo”, dice Bank, su “descubridor”, hoy con trabajo de administrador en un hostel de Budapest. “Le dije que espero que nos encontremos en el Puskás Aréna en el futuro, cuando juegue con la selección mayor”. András Bodnar, el abuelo de Simón, tiene 81 años y vive en Berazategui, sur del conurbano. Nació en Szeged, a 174 kilómetros de Budapest. Llegó a la Argentina a los 14 años, post Segunda Guerra Mundial, junto a sus padres y a su hermana, escapando de la devastación y la miseria, con una mano atrás y otra adelante. A veces ni siquiera puede hablar porque llora de la emoción cuando ve a su nieto con los colores de Hungría.
Szilárd Bank pudo encontrar la doble nacionalidad de Bodnar gracias a que Lisandro Machado, scout oficial del Football Manager en Argentina, había creado en julio de 2023 su perfil en la base de datos del juego después de que se contactara con el delantero y aceptase completar el formulario. Cuando Bank le escribió por Instagram, Bodnar había olvidado que figuraba en el Football Manager. “Ni yo sabía que existía. Por suerte le respondí. Podía pasar de no contestar –acepta Bodnar–. Dejé una imagen muy buena, pude hacer un gol que nos dio la clasificación”. Con su 3-0 a Islas Feroe, Hungría sumó un gol más a la cuenta final, que igualó la diferencia de gol con Bulgaria, y se clasificó segunda por fair play.
En el tecnocapitalismo global, el fútbol de selecciones maximiza los recursos para hallar familiares directos o antepasados en el árbol genealógico que habiliten las nacionalizaciones. En el mismo movimiento –se debe aceptar que un “otro” es parte de un “nosotros”–, hasta puede que se licúen los escupitajos xenófobos. Pero una cosa es que una federación se ocupe de rastrear lazos de sangre en talentos desparramados por otras latitudes, sobre todo las que representan a selecciones de países con migraciones y exilios económicos y políticos, y otra es la trampa, como la de los argentinos-malayos que jugaron en la selección a partir de falsos familiares nacidos en Malasia, ya suspendidos por la FIFA.
En 2020, los criterios de elegibilidad de la FIFA en relación a las selecciones cambiaron: un futbolista puede jugar en una segunda selección si no supera los tres partidos con la primera antes de cumplir los 21 años. El cambio de nacionalidad, eso sí, no se puede hacer si se representa a un país en una Copa del Mundo de mayores. En agosto, Martín Mauro –central y capitán de la Octava de Ferro– fue convocado para entrenar con la Sub 15 de Argentina. En octubre, Mauro fue citado por la Sub 16 de República Checa: porteño, es hijo de madre checa. Jugó dos amistosos ante Austria (en el primero, nueve minutos; en el segundo, titular). Mauro, quien ya conocía República Checa, porta además la nacionalidad italiana por parte del padre. En enero de 2026 hace la pretemporada con la Reserva de Ferro.
La novedad, en cualquier caso, es que las selecciones europeas pusieron el ojo en las inferiores de los clubes argentinos. Tras la partida de Luca Scarlato, el 10 y capitán de la Séptima de River que está cerca de fichar con el Parma de Italia, la AFA dejará de convocar a los juveniles que abandonen sus clubes formadores por “responsabilidad parental”, antes conocida como “patria potestad”.
Argentina había hecho el camino inverso. Juan Martín Tassi, preparador físico de la Sub 20 y director de Scouting Internacional de la AFA, encabezó el primer mapeo de juveniles que no nacieron en Argentina pero que pueden jugar para la selección, como Can Armando Güner (Schwafheim, Alemania) y Alber Castelau (Getafe, España), presentes en el Mundial Sub 17 de Qatar 2025. Castelau ataja en el Real Madrid. Can Armando Güner –de abuela jujeña, de La Quiaca– es hijo de padre turco y madre germano-argentina. Campeón de la Bundesliga Sub 17 en 2025 con el Borussia Mönchengladbach (y elegido mejor jugador de la final ante el RC Leipzig tras marcar dos goles), acaba de ser contratado por el Galatasaray de Turquía. Su segundo nombre, sí, es por Diego Armando Maradona. Son los continuadores de Alejandro Garnacho y de Nico Paz, nacidos en Madrid y en Santa Cruz de Tenerife, pero que, por la herencia de sangre argentina, representan a la selección.
Si Pedro Arico Suárez (Santa Brígida, España) en Uruguay 1930, Constantino Urbieta Sosa (Asunción, Paraguay) en Italia 1934 y Gonzalo Higuaín (Brest, Francia) en Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018 no nacieron en Argentina y jugaron Mundiales, en Estados Unidos, México y Canadá 2026 la selección –como nunca– puede incluir entre los citados a más de uno. Ahí están Garnacho, Nico Paz y Giuliano Simeone (Roma, Italia). Nico y Giuliano son hijos de exfutbolistas que emigraron (Pablo Paz y Diego Simeone). Lógico: Argentina es el tercer país que más jugadores exportó a todo el mundo entre 2020 y 2025 (2.171), una auténtica patria futbolera de migrantes por la pelota. Si el mundo se mueve y se agita, pareciera que cierto correlato se escenifica –y hasta eleva su centralidad en un Mundial– en el fútbol.
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