Según la secretaria general del organismo, Agnes Callamard, apenas el 7% de la población de países de ingresos bajos obtuvo una sola dosis de los 11.000 millones que se produjeron en todo el mundo.

Según la secretaria general de AI, Agnes Callamard, apenas el 7% de la población de países de ingresos bajos obtuvo una sola dosis de los 11.000 millones que se produjeron en todo el mundo. Callamard subrayó que mientras muchas personas de los países más ricos han recibido hasta tres dosis, muchas más en los países más pobres no han recibido ninguna, lo que revela una «sombría realidad».
Además, puso el foco en que la aparición de la variante Ómicron «debería servir de aviso» a los países ricos y a las empresas farmacéuticas, «que no han abordado la pandemia en el ámbito global». «A menos que se tomen medidas drásticas ya, la Covid-19 seguirá causando estragos durante los próximos años y la pregunta clave ahora es qué va a ocurrir si grandes partes del mundo siguen sin estar vacunadas», agregó, informó la agencia de noticias DPA. «Nunca ha estado más claro que nadie está a salvo hasta que esté a salvo todo el mundo», aseveró Callamard, quien recordó que este año, dirigentes de todo el mundo hicieron numerosas promesas acerca de compartir vacunas, pero las han incumplido «una y otra vez».
Asimismo, apuntó a las empresas farmacéuticas que «tampoco han estado a la altura» de las circunstancias. En ese sentido, señaló que la estadounidense Pfizer afirmó de forma «engañosa» que su vacuna estaría «disponible para cualquier paciente, país y comunidad que busque acceder a ella», cuando, en realidad, ha entregado la gran mayoría de sus vacunas a países de ingresos altos y medios.
Su rival, Moderna, también ha dado prioridad a las ventas a países ricos. Ambas empresas siguen entregando menos del 1% de sus existencias a países de ingresos bajos. Lo grave para AI es que, además, los fabricantes de vacunas se niegan a compartir tecnología vacunal con otros fabricantes de todo el mundo para permitir un aumento de la producción global. «Todas las empresas tienen la responsabilidad de respetar los derechos humanos», insistió la ONG, explicando que, ante todo, esta responsabilidad significa que las empresas tienen el deber de «no hacer daño».
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