Toda indicación para el fútbol puede ser una indicación para la vida. Y viceversa. Uno y otra se parecen tanto que a veces mirar o jugar un partido de fútbol es sentir en solo 90 minutos todas las intensidades que también se sienten fuera de la cancha. El fútbol es su más linda metáfora: la pasión, el amor, el esfuerzo, el compromiso, la lucha, el no rendirse, el darlo todo por el otro, la despedida.
Estamos todos corriendo atrás de una pelota y debemos aprender a perder. Pero el fútbol, como el amor, es el juego más injusto. Lo dijo Bielsa: la injusticia es muy común pero el argumento nunca puede ser que el jugador fue superado por las circunstancias. Y también lo dijo Amy Winehouse: el amor es un juego que se pierde.

Nada frente a la derrota, la segunda novela de Belén Mentasti, editada por Rosa Iceberg, es un libro queer de capítulos breves acerca de ese sentido parecido entre el amor, la vida y el fútbol. Y una similitud entre ellos sobre todo: la derrota. La autora argentina conocida por su novela Ni chico ni chica, por la cual fue ganadora de la Beca de Creación del Fondo Nacional de las Artes, logró explicar ese hilo rojo tan difícil de poner en palabras: el grito de un gol, dar un pase justo, que el cuerpo te siga respondiendo.
La voz de la protagonista, jugadora de fútbol 5 en el equipo Nosotras, genera empatía instantánea con cualquier lector y no puede entender la vida de otra forma que como un gran partido de fútbol. Está rota. Perdió y perdió. Atraviesa el duelo de una ruptura con su novia a la vez que intenta reponer su estado físico para jugar y seguir adelante en el juego de la vida. Vive sola en un departamento. Sus lecturas —Cecilia Pavón, Peri Rossi, José Sbarra, entre otros—, las bandas que escucha —Los Besos, Dillom— Twitter y Marcelo Bielsa, sobre todo Marcelo Bielsa, son sus grandes maestros en este coming of age o relato de aprendizaje.
Entera o a pedazos, la jugadora arma un relato entre máximas y aforismos, escenas nostálgicas de su pasado, diálogos del presente, chats de WhatsApp, mails con una amiga de la primaria y partidos perdidos y ganados. Todo lo que “pelotea” en su mente. Varios partidos a la vez.

“La frase dice: hay que tener grandeza para tolerar la injusticia de un resultado. Agrega que una vez que un partido se pierde, hay que aceptar la injusticia, que todo se equilibra al final… No reclamen nada, traguen veneno y fortalézcanse. [Bielsa] Se los dijo en el vestuario a los jugadores de Marsella. Habían jugado mejor que su rival, habían sido superiores y perdieron igual. Eso, no hacer nada. Seguir con los ejercicios, la elongación y el entrenamiento. Enfocarse en mejorar la táctica”, cita la narradora al inicio de la novela antes de contar cómo pierde el primer partido del torneo contra Tortitas Negras y antes de contar su primera cita después de la ruptura.
En el fútbol como en el amor
El lenguaje de Nada frente a la derrota propone esa doble lectura permanente: cualquier línea puede ser leída desde el fútbol o de la vida. O al revés. Porque la vida es un juego que jugamos. “El segundo partido es de esas conversaciones que no fluyen, donde no ocurre la ecuación oyente-interlocutor. A veces los barra Cata, a veces domina el partido La Rusa. Participo poco (…). Es un partido de frases entrecortadas, de corridas y piques cortos”. Al revés, el fútbol se filtra para dar sentido entre las vivencias cotidianas: “Cambia de tema, inclina la cancha a mi favor”, dice en el medio de una conversación con las amigas de su nueva chonga.

Las palabras de Mentasti también devienen en poesía, la prosa se achica y ahí asoman versos uno debajo del otro cuya simpleza recuerda a Mí juventud unida de Mariano Blatt. “¿Fue tu novia la que no vio un gran amor tan de cerca que no lo pudo ver? / ¿O fui yo la que no lo vio?”; “Me quedó en casa y es como si me faltara futuro”; “Nadie te da un trofeo / No ganás ninguna copa / No hay ningún objeto para levantar” . Versos hechos de los juegos de palabras, del tango de vivir y de los detalles —destellos— de la vida que se siente.
Entre una batalla tras otra, la confesión de un deseo aparece entre las líneas de quien guía el relato: triunfar donde tantos otros fracasan. De eso parece darse cuenta hacia las últimas páginas del libro y esa es la razón por la que se fracasa a fin de cuentas: porque muy de vez en cuando se triunfa. Como en el fútbol. Hay más derrotas que triunfos y desde el vamos eso ya se sabe. Y se sigue jugando igual. Siempre hay más partidos adelante. En un video de YouTube de Bielsa la narradora se detiene en la siguiente frase: los seres humanos “de vez en cuando triunfan, pero habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan. Ganan muy de vez en cuando”.
Muy de vez en cuando.