La muerte por sobredosis de un profesional del Hospital Gutiérrez, en una escena donde había insumos robados del Hospital Italiano, motivó una investigación sobre el uso ilegal de propofol y fentanilo para fiestas y “viajes controlados” entre médicos y residentes.

La autopsia confirmó que el joven profesional de 31 años, anestesiólogo del Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez, falleció por una combinación de propofol y fentanilo, presuntamente autoadministrados mediante una bomba de infusión instalada en su hogar.
Pero el caso –revelado por Omar Lavieri en Infobae– no quedó reducido a una escena íntima. La trazabilidad de la bomba de infusión y los fármacos hallados en el lugar del hecho reveló que pertenecían al Hospital Italiano de Buenos Aires, donde se abrió un sumario interno y ya fueron apartados dos profesionales sospechados de haber sustraído los insumos y estupefacientes. Se trata de un anestesiólogo de planta, cuyas iniciales son H.B., y una residente de tercer año de anestesiología, de iniciales D.L.
Tanto el propofol y como el fentanilo –protagonista del drama que causó más de un centenar de muertes por una partida contaminada- son fármacos que se administran por vía intravenosa en procedimientos médicos como estudios endoscópicos y cirugías. Su dosificación se realiza mediante bombas de infusión, para regular la cantidad suministrada de acuerdo a múltiples variables clínicas. El uso indebido puede generar una depresión respiratoria severa o apnea, que requiere asistencia ventilatoria inmediata.
Además, se investiga la existencia de grupos de WhatsApp como el denominado “Fiesta del propofol”, en el que se coordinaban encuentros privados para el uso de esos fármacos.
Ahora, la investigación penal ahora busca desentrañar una red que involucra a otros profesionales y el uso sistémico de instrumental médico robado para fines no asistenciales.
Según se pudo reconstruir hasta el momento a partir de versiones que circulan en el ámbito médico, las “Propo Fest” se basaban en el uso de equipamiento hospitalario para inducir estados de relajación profunda con fines recreativos.
En estas reuniones, se designaba a una persona para “ambucear” (asistir manualmente la respiración con un ambú: un resucitador manual) si algún participante dejaba de respirar por los efectos de las drogas.
“Había bombas de infusión, monitores y alguien encargado de ambucear”, describen los audios que circulan entre residentes. Los “viajes controlados” para lograr esos efectos de relajación habrían funcionado como un servicio pago o de esparcimiento mutuo entre profesionales.
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