Kalus Iohannis tenía el mandato vencido desde diciembre pero se quedaba porque anularon las elecciones presidenciales luego del respultado de la primera vuelta. Había ganado un nacionalista consideardo pro-ruso, Calin Georgescu.

Para Iohannis, nadie se beneficiará de su renuncia, pero, por otro lado, el referendo tendría un impacto negativo en las políticas interior y exterior de Rumania, provocando división en la sociedad. El presidente saliente acentuó que no desea que su país se convierta «un hazmerreír global«.
Rumania celebró el pasado 24 de noviembre las elecciones presidenciales, que tienen lugar cada cinco años. Según los resultados de la primera vuelta, el primer puesto lo ocupó el candidato independiente Calin Georgescu, con el 22,94 % de los votos, que hizo campaña en la red social TikTok. Elena Lasconi, partidaria de la asociación con la OTAN y Estados Unidos, obtuvo el 19,18 % de los votos.
El 2 de diciembre, el tribunal aprobó los resultados de la primera vuelta de las presidenciales, y la segunda estaba prevista para el 8 de diciembre.
Posteriormente, Iohannis recibió informes de los servicios especiales y del Ministerio del Interior sobre las violaciones cometidas durante la campaña electoral –con documentos que demostrarían que cientos de blogueros fueron supuestamente pagados para promocionar a Georgescu–, pero los desclasificó.
En este contexto, el Tribunal Constitucional anuló los resultados de las elecciones, e Ioannis, cuyo mandato expiró el pasado 21 de diciembre, declaró que permanecería en el cargo hasta que se celebraran nuevas elecciones presidenciales, previstas para el 4 mayo de 2025.
Los partidos S.O.S, Alianza para la Unificación de los Rumanos, y Partido de los Jóvenes (POT) tomaron la iniciativa de recoger votos a favor de la dimisión de Iohannis. La votación parlamentaria iba a este martes.
La situación en Rumania se puso particularmente complicada luego de la anulación del resultado, ya que el ganador de la primera vuelta presidencial es considerado por los medios occidentales y la dirigencia más cercana a la administración Joe Biden como un ultranacionalista, pro-ruso y conservador. O sea, más amigable con Donald Trump y el rediseño que pretende de la geopolítica en Europa.
De allí que ahora abrigue esperanzas de que pueda mejorar su apoyo en las futuras elecciones. Pero hasta entonces todo puede pasar.
alg con Sputnik y NA
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