Durante el segundo semestre de 2026, entre la Copa Argentina, la Copa Sudamericana y el Clausura, Tomás Aranda jugó 11 partidos con Boca en 38 días. El promedio de descanso entre partido y partido –sin jugar– fue de 2,8 días (en la realidad, existieron intervalos de 48 horas). FIFPro, el sindicato mundial de futbolistas, recomienda al menos –como mínimo– tres días (72 horas) de descanso entre partidos. Y, según el último informe firmado por 70 médicos y expertos en rendimiento, un ideal de 28 días de descanso y 28 de pretemporada en el año. Después de la vuelta de la selección argentina, Aranda se presentó en Boca Predio: no quiso tomarse las vacaciones. El último jueves fue operado de la fractura de la sindesmosis de la pierna derecha, la articulación que une la tibia y el peroné en el tobillo: el día anterior había rotado el pie con el botín clavado en el césped en la entrada en calor del entrenamiento.
César Luis Menotti solía repetir que el fútbol tiene cuatro tiempos: entrenamiento, ensayo, competición y descanso. Más allá de lo fortuito, Aranda había descansado poco y mal. Calendario al límite, vivimos en la era del futbolista asfixiado, tironeado, exprimido, sin las horas de recuperación adecuadas. Que el fútbol no pare, no pare no.
Boca jugará el miércoles los octavos de final de la Copa Argentina ante Vélez en Córdoba, el sábado la octava fecha del Clausura ante Gimnasia en Mendoza y el martes 8 la ida de los cuartos de la Sudamericana ante São Paulo en la Bombonera. Como el viernes en el 1-0 en el último minuto ante Lanús por el Clausura, sin Aranda, quien regresará en el verano de 2027 (podría jugar el Sudamericano Sub 20, sin fecha).

La lesión de Aranda golpeó a los hinchas de Boca por el rol creativo, irremplazable, que había asumido desde su debut en Primera, el 28 de enero. Luego de su primera titularidad ante Lanús por el Apertura –una rueda atrás–, la madre había avisado desde la popular después de que tirara un sombrerito: “Es maleducado”. Entonces vimos las ruletas zidanescas y las pisadas circulares. Detalles de bailarín sagaz, desafiante. Y, en partidos calientes, también sacar la cabeza (eliminación de la Libertadores ante Universidad Católica en la Bombonera) y cargarse el equipo al hombro (en el 1-0 abajo en la vuelta de los dieciseisavos ante O’Higgins en Chile, antes de que fallara su penal picándola). Carácter y rebeldía: jugar cuando es más difícil jugar. “Boca necesita un jugador que haga mover a la hinchada, y ese es Aranda”, había dicho Rodolfo Arruabarrena antes de que fuera elegido DT de Boca.
Tomi Aranda es el mejor futbolista argentino desde la aparición de Messi.
— 𝐌𝐚𝐫𝐭𝐢𝐧 𝐆𝐨𝐧𝐳𝐚𝐥𝐞𝐳 | 𝐒𝐜𝐨𝐮𝐭 (@Martin_Gonzal) August 19, 2026
Será pieza estructural del futuro seleccionado mayor. pic.twitter.com/ijfPp6lga9
Aranda –19 años, 32 partidos– pidió la N° 10 de Boca después de seis meses en Primera (en enero no había hecho la pretemporada con el plantel). Fue un aire fresco para el fútbol argentino. Combina habilidad con talento y la delicada comprensión futbolística de los buenos de verdad. “Teníamos que hacer un poquito de tiempo y nada más lindo que con la pelota”, dijo tras el Talleres 0-Boca 1 por el Apertura 2026. Aranda controla, pausa, asocia y gambetea. Se escabulle entre los rivales. Transmite seguridad con el pase pesado y filtra. Juega suelto, con velocidad inventiva, con imaginación rítmica. Si el fútbol es un juego de momentos, Aranda sabe esperarlos, corriendo la cancha hacia atrás para capturar la pelota y conducir y construir; o gravitando en los espacios intermedios. El aspecto a aprender, a pulir: la contundencia en la finalización de las jugadas, el gol. En este corto tiempo, lo compararon con Andrés Iniesta, Pablo Aimar, Luka Modrić, Thiago Almada y Pedri. Quién pudiera. Aranda, hasta acá, pudo. Pero hoy le toca otro momento.

Después de sufrir una lesión que lo marginará meses, un futbolista atraviesa los primeros días con el sentimiento de no sentirse tal ni parte del equipo. Es el tiempo de la madurez. De fortalecerse y de enfocarse en la vuelta. En julio de 2013, tras una patada de Agustín Orion en un entrenamiento, Leandro Paredes sufrió la ruptura del ligamento deltoideo del tobillo izquierdo. Cinco meses afuera. Seis meses antes, Marcelo Trobbiani, DT de la selección argentina Sub 20, lo había dejado afuera del Sudamericano después de que lo tildara públicamente de “lagunero” y de “irregular”. Esas palabras y esa lesión le marcaron el carácter al campeón del mundo en Qatar 2022. Cada instancia hace el todo de uno. “Fuerza joya, estamos todos con vos”, le escribió Paredes, de vuelta en Boca, en Instagram. “Gracias mi capitán”, le respondió Aranda, quien llegó a las inferiores de Boca a los nueve años (había empezado a jugar en el baby de Defensores de Castelar y de Academia Kaly, de Ituzaingó).
💎Golazo de Luka Andrade, la joya de Boca, tras asistencia de Tomás Aranda.
— 𝐌𝐚𝐫𝐭𝐢𝐧 𝐆𝐨𝐧𝐳𝐚𝐥𝐞𝐳 | 𝐒𝐜𝐨𝐮𝐭 (@Martin_Gonzal) November 11, 2023
La 7️⃣ma. de Boca que ya se había coronado campeona🏆la fecha pasada perdía 2 a 0 con Racing y terminó ganando 3 a 2 con esta gran jugada preparada.
Sorprendieron hasta al relator!! @la12tuittera pic.twitter.com/vsxJkxZ23l
“Aranda tiene potrero, juega bien, quiere la pelota… Entró masticando chicle como si estuviera en su casa y le dije: ‘Sacate el chicle’. Porque entrena comiendo chicle, tan tranquilo, cómodo, y juega muy bien. Solo hay que darle tiempo”, sostuvo Lionel Scaloni después de que debutara el 6 de junio en la mayor en el amistoso previo al Mundial 2026 ante Honduras (habían pasado apenas 129 días de su aparición en la Primera de Boca). “El Chicle Aranda”, lo apodó Thiago Almada por aquellos días. Ahora tenía chances de volver a ser convocado para la fecha FIFA de septiembre.
“Me hace acordar a mí”, dijo la semana pasada Ángel Clemente Rojas, Rojitas (el viernes cumplió 82), quien vive a tres cuadras de la casa de Aranda, en Flores. “Ya hablé con él, con el papá. Le dije que lo quiero, que siga. Es un chico bueno y respetuoso. Va a ser un jugador bárbaro”. Aranda es uno de esos pocos jugadores por el que da gusto pagar una entrada para verlo. Con él se renueva el hábito de poner especialmente un partido en la TV por un jugador. Es admirado por los futboleros anti-termo, más allá de las camisetas. Recibió el golpe de la lesión. Le tocará sufrir. Se perderá para reencontrarse a sí mismo. Quizá para convertirse verdaderamente en un gran jugador, de esos que trascienden. Estás para eso, viejo.