Esta decisión no fortalece al país. Lo debilita, lo aísla y lo expone. Frente a este escenario, defender la salud pública, el sistema científico y la cooperación internacional no es solo una posición sanitaria: es una definición política en defensa de la vida y de los derechos de nuestro pueblo

El gobierno de Javier Milei, a través de la Cancillería a cargo de Pablo Quirno, anunció el retiro definitivo de la Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS). No se trata de una decisión técnica ni sanitaria: es una definición política e ideológica que profundiza el vaciamiento del sistema de salud y el aislamiento internacional del país.
Salir de la OMS implica romper la cooperación internacional, perder acceso a financiamiento, información epidemiológica estratégica y espacios de decisión global. Es, en los hechos, dejar a la Argentina fuera de la mesa donde se discuten las políticas sanitarias que afectan a millones.
Pero esta medida no es un hecho aislado. Es la continuidad de una política sistemática de destrucción de la salud pública. En apenas dos años de gestión, el gobierno no ha mejorado un solo indicador sanitario. Por el contrario: ha desmantelado programas, desfinanciado la investigación y la innovación, recortado brutalmente a las universidades y empujado al sistema sanitario a un estado crítico y cada vez más desigual.
El deterioro del recurso humano, las renuncias, la precarización laboral y el vaciamiento de los hospitales públicos no son consecuencias inevitables: son el resultado directo de decisiones políticas. Desde el punto de vista geopolítico, esta salida es una señal clara de subordinación.
No hay soberanía en el aislamiento ni en el seguidismo. El gobierno de Javier Milei elige alinearse acríticamente con la agenda del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abandonando espacios multilaterales donde los países periféricos, aun con limitaciones, pueden disputar condiciones más justas. Se renuncia así a cualquier estrategia de inserción internacional autónoma, resignando capacidad de negociación en temas centrales como medicamentos, vacunas, tecnología sanitaria y formación de recursos humanos.
Hablar de “argumentos técnicos” es una maniobra discursiva para encubrir un proyecto político que desprecia lo público, mercantiliza la salud y abandona a la población. En un mundo atravesado por crisis sanitarias globales, pandemias, migraciones y profundas desigualdades, retirarse de los espacios de cooperación no es un acto de soberanía: es un acto de irresponsabilidad.
Esta decisión no fortalece al país. Lo debilita, lo aísla y lo expone. Frente a este escenario, defender la salud pública, el sistema científico y la cooperación internacional no es solo una posición sanitaria: es una definición política en defensa de la vida y de los derechos de nuestro pueblo
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