“Hay inteligencia artificial y granjas de trolls”. Cerimedo lo dijo así, sin eufemismo, en 2022, en una entrevista con la revista Noticias, mucho antes de que su nombre apareciera ligado a un allanamiento en La Paz. Lo dijo desde su oficina de Puerto Madero, la misma que después terminaría siendo la sede de Numen, la agencia que lo convirtió en el arquitecto digital de una candidatura presidencial y, más tarde, en el nombre que ninguna oficina de prensa de la región quiere pronunciar en voz alta.

¿Cerimedo es el genio técnico que le dio a Milei su ejército de cuentas o apenas el proveedor externo al que ahora todos, incluido el propio Presidente, tratan de mercenario descartable?

La estructura, despojada del morbo policial que generó su detención en Bolivia por tentativa de femicidio contra Nadia Beller, es más corporativa de lo que el imaginario del “call center de bots” sugiere. Las famosas granjas de troll no es un galpón con adolescentes cambiando de chip. Detrás hay una agencia de marketing político, Numen, con academia propia de formación en comunicación digital, y un medio, La Derecha Diario, que funciona como caja de resonancia editorial de lo que las cuentas instalan primero en redes. Esa tríada -agencia, academia, medio- es la que sostiene el negocio: la granja de bots no es el producto, es apenas el motor invisible que hace circular lo que la marca visible después edita como noticia.

Desmontando la arquitectura de Cerimedo

El tamaño de ese motor lo reconoció el propio Cerimedo, en una entrevista con Infobae, cuando dijo que administraba cerca de 50 mil cuentas creadas artificialmente solo para Argentina, más otro lote para Chile. Cincuenta mil identidades se administran con software que automatiza publicaciones, con lotes de SIMs que rotan número y ubicación para simular geolocalización real, y con modelos de lenguaje que redactan variaciones de un mismo mensaje para que no salte como contenido duplicado. La función es manipular la métrica que el algoritmo lee como relevancia, para que una etiqueta, un rumor o un ataque a la oposición aparezca como tendencia orgánica cuando en realidad es tendencia fabricada.

Ahí aparece la segunda pata de la arquitectura, una granja de bots “puede ser muy pequeña o muy grande”, pero siempre está pensada para administrar cuentas de forma coordinada, y esa coordinación -no cada cuenta aislada- es lo que produce el efecto político. Cien cuentas publicando lo mismo en el mismo minuto generan más impacto que diez mil publicando desordenadas a lo largo del día. Es, en esencia, la misma lógica que un director técnico cuando aplica que un equipo presiona en bloque.

Lo que se encontró en la vivienda de Aranjuez, en La Paz, es apenas la punta física de ese sistema: equipos que la fiscalía boliviana describió como una “mini granja de bots”, junto con el equivalente a entre 43 mil y 50 mil dólares en distintas monedas. La defensa de Cerimedo niega la existencia de bots y sostiene que lo secuestrado eran teléfonos satelitales y módems, sin más. Todavía no hay peritaje técnico público que determine cuántos equipos había, qué cuentas administraban o para qué campaña puntual se usaron esta vez. Esa laguna es la que le permite al gobierno argentino sostener, puertas afuera, que se trata de un capítulo boliviano ajeno a la gestión, mientras puertas adentro nadie explica por qué gente formada en el círculo de Numen sigue ocupando lugares de comunicación en dependencias del Estado.

La escala regional es la parte que más incomoda. Cerimedo asesoró a Milei en Argentina, a Bolsonaro en Brasil -donde la Policía Federal lo situó en el centro de lo que definió como una “milicia digital” con ecos en el intento de golpe contra Lula-, y llegó a la Bolivia de Rodrigo Paz como asesor del propio presidente, antes de terminar detenido en su territorio. En Chile, el diputado Juan Santana ya pidió que el Servel investigue si Numen o sociedades vinculadas cobraron por asesorar campañas ligadas al entorno de José Antonio Kast. Un mismo proveedor, cuatro países, la misma pregunta sin responder en cada uno: ¿esas campañas compraron una consultora o alquilaron una infraestructura que después queda disponible, con las mismas cuentas recicladas, para el próximo cliente de la derecha regional?

Si la agencia reconoce manejar decenas de miles de cuentas para varios países al mismo tiempo, la pregunta de quién pagó cada campaña de amplificación deja de ser un detalle de rosca para convertirse en un problema de financiamiento electoral no declarado, que es exactamente el terreno donde el Servel chileno y, eventualmente, la Justicia electoral argentina deberían meter la lupa y hasta ahora no lo hicieron con la profundidad que el tamaño del asunto exige.

Puertas adentro de La Libertad Avanza el cálculo es simple: mientras la causa boliviana avance por la tentativa de femicidio y no por asociación ilícita digital ni por enriquecimiento ilícito -que la fiscalía paceña sí abrió de oficio en paralelo-, el costo político sigue siendo administrable. Cerimedo, desde la cárcel, mandó una carta manuscrita jurando que ningún legislador recibió plata de su parte.