Abdul Ghafot Haideri, que lidera un partido religioso, solo resultó herido. No se sabe si fue una bomba o un ataque suicida.

La explosión se produjo este viernes cuando el convoy estaba pasando cerca de una mezquita. Hyderi también resultó herido, pero levemente, ya que en el momento del ataque no se encontraba en su vehículo.
Cuando se produjo la explosión el convoy se encontraba en el distrito de Mastung, a cerca de una hora por carretera al este de la capital de la provincia, Quetta.
«Todavía no está claro si se trata de una bomba o de un atentado suicida», declaró Ghazanfar Shah, un responsable policial de Mastung.
«Estoy vivo. Alá me ha salvado la vida», declaró el senador Haideri a la cadena GEO.
«De repente hubo la explosión, me cayeron trozos del parabrisas. Estoy herido pero vivo. El conductor y otras personas sentadas cerca de mí están gravemente heridas», añadió.
Haideri es un alto responsable del partido religioso Jamiat Ulema-e-Islam Fazl (JUI-F), uno de los más influyentes del país. Su organización ha sido objeto de ataques en el pasado por parte de los talibanes.
Baluchistán, fronteriza con Irán y Afganistán, es la mayor y más pobre provincia de Pakistán, a pesar de los importantes recursos energéticos con los que cuenta. Golpeada por las insurrecciones islamista y separatista, suele ser escenario de numerosos atentados.
Hasta el momento ningún grupo terrorista ha reivindicado la autoría del atentado. Tampoco se sabe si se trató de un terrorista suicida o de un ataque perpetrado por un proyectil
Pakistán es escenario habitual de ataques de grupos extremistas contra minorías religiosas o representantes del Estado, desde políticos a miembros del Poder Judicial. El último de ellos se produjo a fines de abril cuando 10 miembros de la comunidad chiita murieron y 13 resultaron heridas en un atentado con bomba contra en el noroeste del país.
El gobierno paquistaní lanzó un nuevo operativo militar en todo el país contra la insurgencia, bautizada como operación «Eliminación de la discordia», tras una cadena de atentados que en febrero pasado causaron alrededor de 130 muertos.
La ofensiva es una continuación de la operación Zarb-e-Azb, que se puso en marcha en las zonas tribales en junio de 2014 y con la que el Ejército asegura haber abatido a 3.500 insurgentes, una cifra no comprobada independientemente.
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